¿Declarará Rajoy amor ciego por Bárcenas?

Rajoy declara hoy en la Audiencia Nacional. Tanto él como su partido han demostrado, una vez más, lo indignos que son de un pueblo que ama la democracia y la justicia social. El problema radica en que existe otra parte de la ciudadanía que ni siquiera sabe lo que es eso. Se cuentan por millones, los mismos que cada cuatro años llevan al poder a personajes de esta calaña.

Rajoy carece de dignidad. Por este motivo, situarle en la sala en un lugar diferente al resto de testigos “para preservar su imagen institucional” es absurdo. En el mismo instante en que se hace eso y el presidente no tiene la honestidad de renunciar a ello porque, como acostumbran a decir quienes gozan de más privilegios, “la Justicia es igual para todos” demuestra su indignidad.

¿Qué podemos esperar de quien trató por todos los medios de declarar por plasma? No se trata de hacer juicios mediáticos, pero los hechos nos indican que el PP ha hecho todo cuanto ha estado en su mano para torpedear el juicio de la Gürtel, ese en el que el juez ya ha considerado a este partido partícipe de la título lucrativo. Los de Génova, no sólo no han colaborado con la Justicia, sino que ha destruido pruebas.

Si no hubiera nada que ocultar, si tan limpios creyeran los populares que está su formación, ¿acaso sus dirigentes no habrían acudido a declarar de manera voluntaria ? No ha sido el caso, el propio Rajoy se ha intentado escabullir con su estrategia de avestruz, pensando que bastaría con meter la cabeza en un agujero y esperar que escampara. Sin embargo, no ha sido así.

A pesar de ello, nadie espera nada de Rajoy. Ha preparado minuciosamente su declaración para salir lo menos peor parado posible. No podrá hacer el ridículo tan espantoso que hizo Mayor Oreja hace unas semanas cuando, al hablar de los papeles de Bárcena, cacareó en una misma frase “no lo sé, no me consta, lo desconozco”. Rocambolesco.

Rajoy, el mismo que dijo que este juicio era una trama urdida contra el PP, no podrá hacer una infantanada -o sí, quién sabe- alegando que por amor confió en Bárcenas y fue engañado, pero tampoco tirará de la manta. Por eso, y aunque la imagen sea lamentable, es más que presumible que diga que no le constan muchos de los hechos por los que va a ser preguntado: antes que admitir culpabilidad o complicidad, preferirá aparecerse ante la opinión pública como un inepto en su partido que, ni siquiera siendo el responsable de las campañas electorales, se enteró de nada.

Al mismo tiempo, tampoco podrá negar ciertos hechos, porque, de demostrarse ciertos posteriormente -a pesar del inaudito silencio actual de Bárcenas-, quedaría probado que mintió en sede judicial y, si la Justicia no hace caer todo el peso de la ley sobre él, debería hacerlo la ciudadanía, haciéndole tan irrespirable el aire que hubiera de buscar su espacio en otro lugar, pero no en éste que él y los suyos han contribuido a arruinar.