Por qué faltan estadistas

La cuestión catalana ha alcanzado el mismo nivel del fútbol, no sólo porque el Congreso cada día se parece más a las gradas de un estadio, sino porque cualquier ciudadan@ parece ahora politólogo, jurista o constitucionalista. Dicho esto, no es menos cierto que realizar la observación que a continuación expongo no resulta una temeridad y, a buen seguro, que más de un@ de ustedes se lo ha planteado ya.

Tras cinco años de un Rajoy ausente dejando caducar el problema catalán sin imaginar que terminaría por indigestándosele, hemos alcanzado un punto en el que el Artículo 155 parece que resolverá todos nuestros problemas. Bien es cierto que servirá para que muchas personas tengan conciencia por primera vez en su vida de para qué sirve el Senado -quizás se la única que lo hagan-, pero más allá de eso, ¿qué utilidad tiene la aplicación de este artículo del modo en que se va a aplicar?

Si PP, PSOE y C’s creen que el modo en que han planteado la respuesta del Estado al conflicto catalán va a calmar las aguas, va a devolver a Catalunya, es que o son ingenuos o cínicos… o que el movimiento los delata más como partidistas que estadistas. Desde el Gobierno y sus adláteres en esta cantada -siguiendo con la jerga futbolística-, secundados por los medios de comunicación instrumentales (públicos y privados), se ha lanzado la idea de que activar el Artículo 155 devolverá al país a la normalidad. Falso.

Al mismo tiempo y dentro de esta activación, convocar unas elecciones catalanas anticipadas se presenta como la piedra angular de esta jugada maestra. Falso también. ¿Por qué? Porque las últimas elecciones autonómicas en Catalunya se convocaron en clave plebiscitaria. Nótese el matiz de ‘plebiscitaria’ y no ‘independentista’, porque mientras que lo primero se refiere al derecho a decidir, el segundo a independizarse.

En aquellas elecciones, el derecho a decidir ganó por goleada, concretamente, por casi 720.000 votos más, que traducido en escaños supone una diferencia de 31. El bloque a favor del referéndum (JxSí, CUP, CatSíqueesPot) superó los 2,3 millones de votos, mientras que el PP, PSC y C’s a penas alcanzaron los 1,6 millones.

Si se convocan nuevas elecciones y vuelve a ganar el bloque por el derecho a decidir, ¿qué sucederá? En este sentido, Puigdemont replegará a sus jugadores… el jueves que viene será el pleno en el Parlamento catalán y se proclamará la República Independiente de Catalunya, un día antes de que se reúna el Senado para debatir el Artículo 155. La imagen de la Guardia Civil sacando al actual Govern no tiene precio de cara a una precampaña electoral… pero para el bloque del derecho a decidir, porque los exaltados a los que ha engatusado Albert Rivera con su ultranacionalismo ya no es necesario convencerlos de nada.

Si a ello le sumamos otra nueva oleada de palos injustificados por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a la gente que se manifieste pacíficamente, a quienes creen en el derecho a decidir no les hará falta ni imprimir cartelería electoral… que tiren de vídeos virales.

En este contexto, ¿qué hará Rajoy? ¿Adelantar la fecha, arriesgándose a que estas imágenes estén aún frescas y en Catalunya no quieran ver a ese bloque constitucionalista ni en pintura, o retrasarlo todo lo posible, exponiéndose entonces a que el pueblo catalán tengan la sensación de desgobierno, de ocupación desde Madrid, del segundo de Montoro haciendo de las suyas? Y con todo, repito la pregunta más importante para la que el Gobierno, el PP, el PSOE y C’s no tienen respuesta: ¿y si ganan en esas elecciones otra vez quienes creen que el pueblo catalán debería tener derecho a decidir?

Por otro lado, no deja de ser curioso que los constitucionalistas reprochan a los independentistas que quieran decidir en solitario sobre una cosa que afecta a todos los españoles y que, sin embargo, para resolverla únicamente decidan los catalanes con una nuevas elecciones autonómicas. Quizás Rajoy tamibén debería poner a disposición su cargo para que la ciudadanía valore si ha gestionado bien este asunto tan crítico.

A mis ojos, es evidente que no lo ha gestionado bien. Tanto PP como PSOE y muy especialmente C’s, cuyo líder, Albert Rivera, al fin se ha desenmascarado como el ultraconservador que en realidad es, consideran el problema catalán una enfermedad que hay que curar. Se equivocan, es un síntoma de una enfermedad mucho mayor, que es la profunda crisis de modelo de Estado que tiene España, de la que muchas personas y algunos partidos políticos vienen advirtiendo sin que ni PP ni PSOE hayan tenido el coraje de coger el torno por los cuernos y abrir un proceso constituyente. ¿Y el jefe de Estado? Tan cobarde en este asunto como su padre. Hace mucho frío fuera del Palacio de la Zarzuela.