Malditas fichas

Desde que terminé mi Educación Primaria han pasado ya muchos años y varias reformas educativas. Se han producido, además, diversos relevos generacionales en el profesorado. Así las cosas, iluso de mí, pensaba que se había producido también un cambio en los métodos de enseñanza. Para mi desazón, en una parte de l@s docentes no es así, colmando de desmotivación a l@s más pequeñ@s desde sus más temprana edad.

“Estoy deseando que llegue el jueves, que tenemos música”, me dijo la niña de 6 años. “¿Sí? ¿Te gusta mucho la música?”, le pregunté sonriendo. “No, es que esa hora no hacemos fichas”, me respondió. Esa es la realidad en muchas aulas.

Los medios de comunicación atienden con frecuencia las quejas de los padres y madres por la cantidad de deberes que llevan sus hij@s a casa, pero no recuerdo que profundicen en lo que sucede en la clase, más allá de cuando se introduce la asignatura de Programación, entran en juego las pizarras electrónicas o cae el número de estudiantes de Religión.

Sin embargo, ¿cuánt@s alumn@s dedican sus días a rellenar fichas como si estuvieran en la cadena de montaje de una fábrica? ¿Es que no hemos evolucionado nada? ¿Es que no se nos ocurren métodos mucho más proactivos, más dinámicos e ilusionantes de educar? Personalmente, por unos motivos u otros, llevo años ligado a la docencia y me consuela saber que no todo el profesorado está anclado en el siglo XIX, pero ese consuelo no hace que me sepa mejor que una niña de seis años desee con todas sus fuerzas que llegue el día que no tenga que hacer fichas.

Descorazonador me resulta también que la profesora de esta misma niña esté más preocupada por el sentido de las letras que por el modo en que se expresa la alumna. ¿Sabían que las letras tienen dirección? Tengan ustedes cuidado, no escriban a contramano. Al parecer, no es lo mismo escribir la ‘s’ de abajo a arriba que de arriba a abajo, aunque ésta se trace a igual velocidad y se entienda perfectamente. Tan grave es esta contrariedad como que la ‘p’ “no llegue al techo” y, “de no corregirlo, tendré que sentarla a mi lado”.

A uno le da por reír… por no llorar, porque toparse con una docente así es volver a la realidad, darse cuenta de que gente gris la hay en todas las profesiones, personas que siguen al pie de la letra un manual sin mayor motivación que cumplir de lunes a viernes. El problema es que en el caso del profesorado, éste impacta directamente en la formación de nuestro propio futuro. ¿La esperanza? Que hay much@s profesor@s que no son así.

Por otro lado, imagino que deberíamos mirar más arriba y, no sólo enfocar nuestra mirada a l@s docentes de los centros escolares, sino también a quienes formaron a es@s docentes. Ahí está también la clave, en ese punto se encuentra uno de los potenciales puntos de inflexión del sistema educativo.

Seguramente este será uno de esos artículos que pasan inadvertidos, literalmente engullido por el Artículo 155, Puigdemont y, quizás, con la Gürtel. En su mano está que no sea así.