Escándalo sexual, escándalo moral

Vivimos días en los que se han venido sucediendo las noticias de supuestos escándalos sexuales encubiertos durante años. El caso más reciente es el de el actor Kevin Spacey, que ha terminado, incluso, con el rodaje de la próxima temporada de House of Cards. Previamente, nos topamos con el caso Weinstein que ha terminado por contagiar de una inusitada oleada de “vamos a hacer lo correcto”… denunciando a toro pasado.

Admito que tal y como se presentan los casos -aquí en España contamos hace unos ocho años con la denuncia por acoso de José Luis Moreno al actor cubano Joel Angelino-, parece indudable que los acusados aprovecharon su situación de poder. Sin embargo, esta oleada contagiosa de moralidad me produce sentimientos contradictorios. ¿Por qué denuncian ahora personajes públicos que se han consolidado en el star system gracias a haber sacaso tajada de aquella situación?

El tema es delicado pero creo que no siempre se aborda en toda su complejidad. Es evidente que el miedo por parte de la víctima a represalias, la vergüenza, ese terror a no encontrar el respaldo necesario y verse sumid@ en la más absoluta soledad están ahí. La pregunta, considerando que no existen vínculos afectivos, sino únicamente profesionales, es: ¿ese miedo es justificación suficiente para, no sólo pasar por el aro sino, además, saber que indirectamente estás favoreciendo a que la lista de víctimas continúe alargándose con el paso del tiempo?

¿De qué sirve ahora que una orgullosa Angelina Jolie diga que ella se negó a trabajar con Weinstein cuando fue acosada? ¿De qué sirve que se jacte ahora de que, cuando se enteraba que algún/a conocid@ iba a trabajar con él, les advertía? ¿Acaso no habría sido mucho más beneficioso para todo el mundo tirar de la manta públicamente como se ha hecho ahora?

El contagio de moralidad, que para mí termina resultando otro escándalo, se extiende también a otros ámbitos, como el Parlamento británico, donde ahora dicen que hay una cultura del acoso más asentada, incluso, que en el mundo del cine. Perfecto, representantes públicos, funcionari@s, callando durante década una situación de depravación.

Siempre he dicho que hay que tener principios y, además, rodearse de gente que también los tenga. Esa es la única escapatoria a situaciones como ésta, esa es la única red de seguridad que tenemos cuando, por ser fiel a nuestros principios, una parte de la sociedad se puede volver en nuestra contra. Si hemos sido honest@s con nosotr@s mism@s, siempre habrá quien nos dé su abrigo, quien nos preste su hombro.

Lo que sucede, sin embargo, es que la vida es mucho más fácil encararla con medias tintas, tratando de agradar a todo el mundo, mirando a otro lado y ser tan asquerosamente diplomátic@s que se termina por ser cómplice de lo que denunciamos en el ámbito más íntimo. Desconfío de la gente que es amiga de todo el mundo. Eso no es posible… no, al menos, si se tienen principios.