Receta para asfixiar a las familias

El Gobierno de España, gran defensor del sistema neoliberal que nos asola, lleva años cocinando un plato que inexplicablemente seguimos tragando. Sin embargo y como dicen l@s niñ@s, cada vez “se nos hace más bola”; da igual el agua que bebamos, que se nos atraganta hasta el punto de que a much@s nos produce arcadas. Desde el inicio de la crisis en 2008, la desigualdad de renta en España ha crecido un 20 más que el promedio europeo. De hecho, lideramos el ránking de desigualdad en la Unión Europea, sólo por detrás de Chipre.

El modelo de empresario, Amancio Ortega (Inditex), ese del que presumen nuestros gobernantes, ingresará hoy en dividendos el equivalente a lo que ganan juntos 27.000 trabajador@s en un año. Es un ejemplo perfecto que ilustra a la perfección las conclusiones del informe El dinero que no ves. Paraísos fiscales y desigualdad, de Oxfam Intermón.

La ONG revela cómo las políticas llevadas a cabo por este Gobierno que tanto dice velar por nuestro bienestar han propiciado que las familias sean el verdadero sustento del Estado en lugar de las empresas. A pesar de ello, el sistema es tan cruel que quienes más aportamos a las arcas del Estado somos a quienes más se nos han recortado los ingresos, con una reforma laboral generadora de precariedad y miseria. Por contra, para quienes menos aportan -las empresas-, se ha propiciado un escenario para que amasen más fortunas.

No se trata ésta de una pataleta antisistema, sino que los datos que aporta Oxfam Intermón son demoledores: mientras que el esfuerzo fiscal de las familias se sitúa ya en el 83,29%, el de las empreas únicamente es del 11,64%, gracias a la rebaja por ejemplo, en el impuesto de sociedades. Esta crisis estafa ha sido la excusa perfecta para asfixiar a las familias a la vista de que en 2007, la carga fiscal soportada por éstas era del 73,88% y la de las empresas del 22,34%.

Así las cosas, parece más que evidente quién se aprieta realmente el cinturón: mientras la ciudadanía, incluso con empleo, vive en la pobreza y, a pesar de ello, incrementa lo que tributa al Estado, la aportación empresarial se ha rebajado a la mitad. ¿Tiene eso algún sentido más allá de que somos tratados como ganado, como trabajador@s en una suerte de granja intensiva a los que cada vez se recortan más derechos labores y más libertades civiles?

Por si esto no fuera poco, sólo entre 2015 y 2016, las inversiones españolas en paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro, sin que desde el Gobierno se haga absolutamente nada para evitarlo. ¿De veras es tan importante como nos han querido hacer ver que una empresa traslade su sede social si su aportación y su elusión de impuestos es masiva? Uno de cada cuatro euros está siendo desviado a estos paraísos donde en la mayoría de los casos no se tributa. Desde 2007, la recaudación del impuesto de sociedades ha caído en 23.000 millones de euros -sólo harían falta 12.000 para garantizar una renta básica a quien lo necesita-, es decir, la mitad.

¿Cuánto más vamos a seguir tragando? ¿Cuándo nos levantaremos y plantaremos cara a un sistema que en lugar de mejorar nuestra calidad de vida mantiene una estructura para exprimirnos aún más? ¿Cuándo se darán cuenta de que los antisistemas no berreamos sin más, sino que damos bofetadas de realidad con datos incontestables? A mí hace tiempo que se me acabó el agua y no trago, más bien escupo… ¿y a usted?