La desobediencia civil implica sacrificio

Siempre he defendido los actos de desobediencia civil cuando la causa que hay detrás se considera justa. En la cuestión catalana, el independentismo no era tan importante -por crucial que parezca- como el derecho a decidir, que los poderes políticos y fácticos en España se han encargado de impedir. Así las cosas, no podemos negar que durante ese proceso en las últimas semanas se han producido auténticas barbaridades por las dos partes, en el Govern y desde La Moncloa, con un PP que no quería que el ultraconservadurismo de Ciudadanos le comiera demasiado terreno.

¿En qué punto estamos ahora? En que Junqueras y el resto de consellers que anoche entraron en prisión son consecuentes con sus actos. Más allá de que no comparta las formas que han tenido, especialmente en el último mes y medio, hay que reconocer que su desobediencia civil (o administrativa, porque eran cargos oficiales) ha sido completa, ha cerrado el ciclo exponiéndose a las consecuencias legales que podía tener.

Cosa bien distinta es lo que hacee Puigdemont, cuya actitud cobarde no puede maquillarse con estrategias por internacionalizar el proceso, por seguir manteniendo la llama independentista viva. Resulta grotesco escuchar al que fuera presidente de la Generalitat solicitar al funcionariado catalán que esquive con creativad la aplicación del Artículo 155, mientras él se pasea por Bruselas faltando, incluso, a su deber como presidente de su proclamada República Independiente de Catalunya.

La desobediencia civil cobra sentido por el espíritu de sacrificio que trae implícito. Se trata de un acto de inmolación jurídica que está llamada a movilizar al pueblo, a despertar conciencias, a transformar clics de ratón en pancartas en las calles. Si no existe ese sacrificio, pierde enteros, sangra legitimidad… hablando en plata, te conviertes en un espabilado… en Puigdemont.

¿Estoy diciendo con esto que enfrentarse a las consencuencias de tus actos, como han hecho Junqueras y compañía, garantiza que vas a recibir un trato justo? No, claro que no, pero cuanto más injusto sea el trato que recibes, ese al que voluntariamente te entregas, más impacto tendrá tu desobediencia civil. Y eso es, precisamente, lo que ha sucedido: ha movilizado de nuevo a las calles, ha comenzado a fraguar un bloque común independentista para las elecciones del 21 de diciembre que pueden hacer que Rajoy, Rivera y Sánchez (y empresas y medios de comunicación afines) queden en el más absoluto de los ridículos, yéndose por el desagüe junto con este parche que están aplicando.

De cara a esas elecciones, sin embargo, ese bloque independentista debería soltar lastre y, por esto entiendo a Puigdemont, cuyos vaivenes y huída no son dignos de la causa que buena parte del pueblo catalán persigue. Merecen algo mejor.