Un país de idiotas

En el país de los ciegos, el tuerto es rey. Dichoso refranero, qué sabio es. El dicho que arranca este artículo bien se podría aplicar a un país y a sus gobernantes. Los ciegos, claro está, sería la ciudadanía, el tuerto, los poderes fácticos y gobernantes -¿acaso no son lo mismo?

Imaginen un país en el que la corrupción campa a sus anchas. Una nación que sufre una profunda crisis de Estado, evidenciada en una región en la que buena parte de sus habitantes quieren separarse. Piensen en un país donde la desigualdad bate récords, donde las empresas son unas privilegiadas, fiscalmente hablando, frente la ciudadanía es la que asume la práctica totalidad de la carga fiscal.

Dibujen en su mente un país en el que mientras los brotes violentos de la ultraderecha se multiplican, las fuerzas del orden no intervienen, aún con la resaca de una represión policial brutal e injustificada. Una patria en la que la violencia de género se ha llevado ya por  delante más vidas que el terrorismo.

Un país en el que el partido político que lo gobierna normalizó la corrupción hasta el punto de financiar con ella sus campañas electorales… un Estado cuyo presidente, según apunta el instructor de una causa judicial, cobró dinero en B…

¿Han conseguido tener en la cabeza el dibujo de un país así? Bien, pues ahora piensen en que diseñan una camiseta oficial para la selección de fútbol y se para el mundo, se genera una polémica que eclipsa todo lo que les he enumerado previamente.

¿Es o no es fácil gobernar a un pueblo tanto simple como ese? No podrán negarme que el tuerto, sí, ese que cobró en B, se lo pasaría en grande, viendo cómo l@s tont@s discuten y no hablan más que de una camiseta mientras el país se va a pique. El tuerto, viendo la escena con su único ojo, seguro que pensaría que para cuando al atajo de idiotas se les pase la discusión por la camiseta no habrá más que lanzar otro trapo al aire, éste con tres franjas bicolores y ya está, de nuevo la distracción está servida.

¿Para qué hace falta ser honesto? ¿Para qué tener mente de estadista y gobernar para el interés general si el pueblo vive sumida en la más absoluta estulticia? ¿No es más sencillo robar a manos llenas y, además, reírse a la cara de los que roban porque están dándole vueltas a esa maldita camiseta?

Me alivia pensar que no puede haber un pueblo como el descrito, tan sumamente estúpido y manipulable, ¿verdad? … ¿verdad?