El imperio de la precariedad

Hay quien dice que, convenientemente torturadas, las estadísticas terminan diciéndote lo que quieres. Eso es lo que sucede con la última Encuesta de Población Activa (EPA), que revela que el salario medio en España el año pasado superó los 1.800 euros brutos. ¿Quién se cree eso en sentido literal? Nadie. Hace demasiado tiempo que ser mileurista es un lujo.

Para los mandamases de la CEOE, ganar 1.800 euros será una auténtica obscenidad… no ellos, sino sus trabajador@s. La realidad es que un pocentaje mínimo de la sociedad  disfruta de sueldos muy por encima de esos 1.800 euros, mientras que la inmensa mayoría gana menos. Tan grande es la diferencia que, a la hora de hacer los cálculos, el salario medio se dispara. Habría que distinguir en este punto entre el sueldo medio y el sueldo más habitualmente percibido. Cosas bien distintas.

Este es el motivo por el que, a pesar de que el empleo haya subido, el sueldo medio ha bajado. ¿Qué está sucediendo? Sencillo, que todos esos puestos de trabajos adicionales que se han creado, esos con los que Fátima Báñez maquilla para Rajoy las cifras de desempleo, son tan precarios que dan al traste con la media.

Qué curioso que, ante un dato como éste, no salga la ministra de Trabajo un día antes anticipándose a la noticia, como siempre hace cuando se reduce el paro. Qué cínico y ruin es realizar lecturas superficiales que ocultan la cruda realidad y, al mismo tiempo, que habitual es esa práctica entre Rajoy y sus secuaces. ¿Qué se puede esperar de un mandatario que mintió a toda la ciudadanía en plena campaña electoral, asegurando que sus reformas garantizaban el cumplimiento del objetivo de déficit mientras ya había enviado informes a Bruselas confirmando que no sería así?

Esa cruda realidad que nos ocultan ya no se puede esconder. Lo vivimos cada día, lo vemos en las calles, en los comedores sociales, en los bancos de alimentos, en los contenedores de basura… La manida recuperación económica no llega a ras de suelo; continúa sobrevolándonos, llevándonos a veces por delante con su ráfaga.

¿Se ha fijado en cómo han proliferado en los barrios las lavanderías en las que uno lleva su propia colada y la lava? ¿No se han preguntado el motivo por el que se ha extendido este fenómeno? La pobreza energética, el incremento de familias que no tienen para pagar un alquiler y comparten piso alquilando una habitación sin acceso a lavadora…  signos de que la sociedad se ha empobrecido, de que hay demasiadas personas que ni se pueden imaginar lo que es ganar 1.800 euros… y mira que, entre pesadillas, siguen soñando.