El rey en el país de las maravillas

Cualquiera que escuchara anoche el mensaje de Navidad del rey pensaría que España es el paraíso terrenal. El distanciamiento del Borbón con la realidad no puede ser mayor, algo que seguramente se debe al tren de vida que procura ganar al mes unas 28 veces el salario mínimo interprofesional. Y con todo, al menos, el Borbón sí se acordó este año de los asesinatos machistas -sin lenguaje inclusivo, eso sí-, algo que no sucedió el año pasado.

¿De veras España es “un país nuevo y moderno, un país entre los más avanzados del mundo”? Y la respuesta es que no. Un país con rey, no es moderno. Un país que se declara aconfesional y sigue con la Iglesia católica metida hasta el tuétano de las instituciones del Estado no es moderno. Un país que gasta más en lotería que en investigación y desarrollo no es moderno.

Cuando este señor, con su tonillo paternalista que le recomiendo deje para su cuñado, afirma que “España es hoy una democracia madura, donde cualquier ciudadano puede pensar, defender y contrastar, libre y democráticamente, sus opiniones y sus ideas”, se equivoca. Ni siquiera ahondaré en los Jordis, me basta echar la mirada a cómo chistes que hacían hace décadas Tip y Coll hoy podrían dar con nuestros huesos en la cárcel. Borbón, ese es el país que realmente le paga unos 8 millones de euros a la Casa Real cada año. Acéptelo.

Lo que sucede es que, efectivamente, cuando se sale de una dictadura -que algun@s quisieran recuperar- de un asesino malnacido como Franco, el margen de mejora es muy amplio. Así,como dijo el Borbón, “el balance tan positivo de todos estos años es innegable”… salvo, claro está, que nos comparemos con otros países. Y eso que él es rey gracias a que ese dictador infame designó e Juan Carlos I monarca.

Respecto a Catalunya, el Borbón relajó el mensaje pero sin asumir la realidad, hasta el punto de que aseguró que “hemos comprobado el compromiso muy sentido, firme y sincero de los españoles con la España democrática que juntos hemos construido”. Debe de ser que, para él, el despliegue de banderas es parte de ese compromiso, cuando para muchas personas como yo no era más que la pataleta de un buen puñado de cerebros huecos que esconden sus carencias envolviéndolas en un trapo.

Para acabar, tres últimos apuntes, Borbón. No tome el discurso partidista del Gobierno aplaudiendo que “nuestra economía y el empleo han mejorado sustancialmente” cuando los informes ponen de manifiesto que somos el segundo país con más desigualdad de toda Europa y la miseria se ceba con un tercio de la población.

No hable tampoco de la lucha contra la corrupción cuando los trapos sucios en su propia casa se lavan de manera muy diferente a como se lavarían en la mía… con un tipo intocable y otro condenado tan campante por Suiza.

Y finalmente, deje de hablar tanto de pluralidad cuando, como ya sucediera el año pasado, ni mencione a las personas migrantes a las que España da la espalda, a las que rechaza, a las que expulsa ilegalmente con devoluciones en caliente, a las que encierra en cárceles aunque no son criminales…

En suma, Borbón, viva si quiere es un país de las maravillas, pero no con mi dinero… y quédese allí sin necesidad de vendernos lo que no es.