Cuando una croqueta importa más que una mujer

David Bollero

Con los últimos asesinatos por violencia de género, hemos situado las estadísticas, prácticamente, en un crímen machista mortal a la semana. Preciso ‘mortal’ porque los crímenes son muchos más, dado que los abusos de hombres que no consideran a la mujer como a una igual son muchísimos más. ¿Qué le importa eso a nuestro Gobierno? Se lo diré yo: poco, muy poco… menos que una croqueta.

Desde que se aprobara el muy mejorable Pacto de Estado contra la Violencia Machista el pasado mes de septiembre, ni una sola de las 213 medidas que contiene se han puesto en marcha. Ni una. No sólo eso, sino que ayer el PP intentó hacerse la foto triunfal de dicho pacto que, hoy por hoy, tampoco cuenta con la financiación necesaria.

La desfachatez no tiene límites. Dicha foto se producía el mismo día que conocíamos los dos últimos asesinatos machistas, en el que las víctimas habían denunciado a sus asesinos y la Justicia y/o autoridades no habían puesto en marcha los mecanismos necesarios de protección.

El ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, no ha anunciado ninguna investigación para averiguar por qué pasó esto. Tampoco se ha preguntado públicamente por qué dos meses después de la firma de un Pacto de Estado tan crucial, el Gobierno no ha movido un solo dedo.

Sí ha abierto, en cambio, una investigación para saber la razón por la que los Guardia Civiles desplazados todavía en Catalunya cenaron croquetas. Según ha indicado, se ha abierto una información reservada, un procedimiento en virtud del cual se puede tomar declaración a personas, abrir expedientes disciplinarios, etc.

Una cosa es defender mejores condiciones laborales –el alojamiento de los Guardia Civiles también fue denunciado previamente– y otra sobredimensionar el modo en que se depuran responsabilidades, más aún en un cuerpo tan disciplinado como el de la Guardia Civil en el que cada función está asignada a una persona concreta en función del lugar que ocupa en la jerarquía de rangos.

La sobreactuación de Zoido en este asunto, más allá de molestar a otras personas en puestos vitales que trabajan en Nochebuena y aún cenan peor que esos Guardia Civiles, ha servido para evidenciar que el compromiso del PP con la lucha contra la violencia machista es cosmético, puro artificio. Sí, prohíben canciones machistas a los Legionarios -a los mismos que aplauden cuando acuden a hospitales a cantar El novio de la muerte a niñ@s enferm@s de cáncer-, pero parece más importante averiguar quién ordenó una cena que se considera indigna que identificar por qué no se articulan medidas aprobadas contra la violencia machista.

Venga, Zoido, promueva un Pacto de Estado contra las Cenas de Croquetas. ¿Inocentada en un día como hoy? No, ese es el compromiso que nuestro Gobierno transmite. Qué lástima.