La hostelería catalana se desplomó por el turismo nacional… o no

Durante meses se nos ha venido bombardeando con cifras por parte del Gobierno y diversas patronales para ilustrar cómo afectó la crisis catalana a la economía de esta Comunidad. Uno de los sectores en los que más se ha puesto el foco ha sido la hostelería, dado el peso que tiene el turismo en la economía catalana. Sin embargo, cerrado ya 2017, el propio Rajoy lo avanzaba ayer: Catalunya fue la Comunidad que más turistas extranajeros recibió y la que mayor gasto acumulado acaparó (22,2%).

Los datos oficiales son contudentes. Recogen estadísticas hasta noviembre y acreditan que Catalunya recibió 4,5 millones de turistas más que la segunda Comunidad, que fue Baleares. Según las fuentes manejadas por Rajoy, el turismo extranjero en aquella región creció más de un 6,1% respecto a 2016.

Si tomamos los datos por la Conselleria de Empresa y Conocimiento de la Generalitat, que se basa en los recogidos por el INE hasta noviembre y una estimación de diciembre aplicando a cada cifra el descenso más elevado en el último trimestre del año de cada parámetro, el número de turistas extranjeros escalaría hasta los 19,1 millones (más de un 5,5% que en 2016), con un gasto de 19.050,5 millones de euros, un 9,1% más que en 2016.

¿Qué nos dicen estas cifras? Que el hudimiento del turismo y la hostelería catalanas vino por la vía de l@s español@s. De hecho, el turismo extranjero creció tanto que Catalunya continúa siendo la región preferida para quienes visitan España. Dado que vamos a ser bienintencionados y no dudaremos de las cifras aportadas con el objetivo de generar miedo al asunto catalán, sólo cabe una conclusión: ese desplome de las reservas en un 50% y la hostelería un 30% fue consecuencia de que l@s español@s dejaron visitar Catalunya.

Y llegados a este punto me pregunto si tiene algo que ver ese sentimiento revanchista que se apoderó buena parte de la ciudadanía, espoleada por los voceros del Partido Popular, desde Pablo Casado a Rafael Hernando, a los que nunca falta una buena garrafa de gasolina que verter a la hoguera dialéctica. Me pregunto si la fiebre de banderas, el contagio de “¡a por ellos, oeeee!” ha tenido tanto peso para lograr que haya sido el turismo nacional el que ha lastrado uno de los motores económicos de Catalunya.

Las cifras con las que ayer sacaba pecho Rajoy en Roma, porque sitúan a España como la segunda potencia turística del mundo, superando a EEUU y sólo por detrás de Francia, son tan contundentes que ni las acciones de Arran ni las medidas de control del turismo de Ada Colau, aquellas que los amiguetes neoliberales calificaron de turismofobia, han espantado al turista extranjer@.

Así que todo indica que esa supuesta caída del turismo nacional en Catalunya vino de dentro… Que cada cual saque sus conclusiones o, antes de hacerlo, mejor esperen a otro dato definitivo: a falta de consolidar 2017, el INE avanza que Catalunya, empatada con la Comunitat Valenciana, fue el destino preferido por los residentes en España, suponiendo un 11,4% del total, sólo por detrás de Andalucía. ¿Qué nos hemos perdido en esas catastróficas cifras de descalabro del 50% en reservas?