Hagamos temblar a la élite económica

David Bollero

Cada informe que publica Oxfam Intermón es un torpedo en la línea de flotación del buque neoliberal y sus charlatanerías de recuperación de la economía en España. Si hace unos meses la ONG revelaba que desde el inicio de la crisis la desigualdad en nuestro país ha crecido un 20% más que la media europea, hoy podemos ponerle nuevas cifras a esa desoladora situación.

El año pasado la élite volvió a ganar: El 1% de la población más rica española acaparó el 25,1% de la riqueza del país. Los estudios macroeconómicos hablan de un crecimiento de nuestra economía del 3,2% pero, ¿cómo se repartió esta nueva riqueza? Pues el 40% de ella fue a parar al 1% más rico, mientras que en el 50% más pobre de la pobración llegaron las migajas del 7% de la riqueza.

 

Esa es la España que tenemos, de la que much@s se sienten orgullos@s envuelt@s en sus banderas. A mí, en cambio, me avergüenza y alienta a hacerle frente, a rebelarme, a plantar cara al hecho de que me sigan robando con tamaña desfachatez.

Una de las claves esenciales para darle la vuelta a la tortilla es la lucha obrera que no atraviesa, precisamente, por uno de sus mejores momentos. Entre las causas que han propiciado esta pasividad de l@s trabajador@s ante los abusos laborales -porque tasas superiores al 20% de desempleo, también son un abuso laboral- destaca el papel de los sindicatos.

Basta de esconderse en excusas del tipo de “nos han demonizado” o “hemos tenido a todos en contra”. Es verdad que ha existido una campaña mediática orquestada para amplificar el descrédito de los sindicatos mayoritarios, pero no es menos cierto que ha faltado autocrítica. El hecho de que cientos de sindicalistas hayan sido procesados por dar la cara no exculpa de otros pecados, como el ninguneo de los dos sindicatos mayoritarios -salpicados por la corrupción- hacia otros más pequeños y activos, que ha terminado por minar uno de los principios básicos de la lucha obrera: la solidaridad.

Otro ejemplo: lo que sucede en la empresa mixta del limpieza de Málaga (Limasa), propietaria al 49% por el Ayuntamiento, y el restante 51% por FCC, Sando Unicaja y Urbaser. En Limasa, ahora al borde de nueva oleada de movilizaciones reclamando la remunicipalización total, nada dicen sus trabajador@s del hecho de que siga en vigor la norma no escrita de que cuando alguien se jubila, no está abierto el proceso de nueva contratación, sino que tienen prioridad los familiares de la persona que se retira. Eso no es solidaridad con la clase obrera, eso, sencillamente, apesta a privilegio. Asquea la tolerancia sindical con estas prácticas.

El sindicalismo se enfrenta a una realidad bien distinta a la que vivieron en los años en los que su fuerza era innegable. En lugar de aquella sociedad industrial en la que, por hacer un símil con el mundo rural, el dominio correspondía a unos pocos latifundios empresariales con condiciones de trabajo homogéneas, ahora la capilaridad y heterogeneidad es significativa mayor.

Sin embargo, si los sindicatos -y no hablo únicamente de los dos mayoritarios- y, muy especialmente, la clase obrera tomamos conciencia de lo que realmente somos, dejando de estar encantados por los cantos de sirenas neoliberales, podremos enderezar el rumbo de esta barco que marcha hacia la deriva de la miseria.

La élite tiene la riqueza, pero l@s trabajador@s continuamos teniendo el poder. Hemos olvidado esta máxima, pero si la recuperamos, los de arriba temblarán. Hoy más que nunca es preciso extender una nueva corriente de solidaridad obrera multisectorial, de manera que cuando una huelga persiga derechos laborales vayamos tod@s a una: en lugar de echar pestes porque nos afecta el paro en el servicio que presta, nuestro apoyo ha de ser incondicional porque aunque no trabajemos en esa empresa, nos afecta. Cada victoria ante la patronal, cada golpe que asestemos a ese sistema neoliberal cuya élite se enrique con el sudor de nuestra frente mientras nos hunde más y más en la pobreza, es un peldaño más hacia la victoria, que pasa por un reparto justo de la riqueza.