El Senado como agencia de viajes

David Bollero

Mi colega Anna Flotats lleva dos días seguidos encabronándome. Disculpen el lenguaje, pero no es para menos cuando uno descubre que el Senado, la que es propablemente la institución más inútil, se ha convertido en una agencia de viajes a gastos pagados para nuestr@s representantes.

En realidad, si lo pienso, no sé por qué me enfado tanto, si en el fondo lo sabía. Que algunos senadores y senadoras (porque de 266, hay 97 mujeres) se peguen la vida padre no era tan complicado de intuir; lo que sucede es que verlo plasmado en cifras, en esos 1.000 euros diarios de costes, en viajes a México D.F. sin justificación, hace hervir la sangre.

42 de los 266 representantes acaparan el gasto, con 34 de ellos del bipartidismo PP-PSOE. ¿Saben que es lo más indignante? Que con la que está cayendo, todavía no exista esa sensibilidad exquisita a la hora de ejercer la función pública: ni a la hora de establecer controles que impidan tropelías como gasta más de 340.000 euros en viajes en un año y medio, ni a la hora de no realizar estos viajes.

Continúa vigente la impunidad, ese sentimiento de am@s del universo, de caminar por encima del suelo con aires de superioridad, autoproclamándose privilegiados. ‘Casta’, ese término que tanto escoció al bipartidismo cuando Podemos entró en escena y que ha ido cayendo en desuso, ilustra a la perfección a estas personas.

Y la casta se extiende a todas las Administraciones. Recuerdo escuchar de  viajes institucionales en los que viajaba personal docente o jóvenes artistas junto a consejer@s de Educación y la casta, en lugar de acudir a los actos que debían, hacían mutis por el foro para volver a entrar en escena cargada de bolsas de compras.

Imaginen estas cantidades multiplicadas por los diferentes gobiernos autonómicos, por los grandes ayuntamientos, por las diputaciones -ese gran coladero, reino del enchufismo-… se nos escapa entre las manos un auténtico dineral. ¿Saben qué es lo peor? Que es Anna Flotats quien me encabrona, en lugar de que haya polític@s decentes que denuncien a sus compañer@s, que terminen con esta barra libre a costa de l@s contribuyentes… Así que menos mal que está Anna, menos mal que la prensa, aunque les pese a un@s y otr@s nos desprecien, cumple con su papel. Que Anna siga encabronándome, por favor, si personas de semejante calaña continúan haciendo de las suyas.