Opinion · Posos de anarquía

El relevo de Rajoy huele mal

El relevo de Rajo huele mal, se mire como se mire. Por un lado, es posible que éste no se produzca, como ya sucedió hace dos años, cuando las presiones internas volvieron a aparecer y el gallego supo esquivarlas. Por otro, cualquiera de las personas que se perfila como candidat@ están en primera línea y, por tanto, salpicados de un modo u otro por la corrupción del partido imputado del PP.

Un líder o lideresa, como sucede con un negocio, jamás debería reemplazarse (venderse) en sus horas bajas, sino cuando aún va sobre ruedas. Vender un negocio quebrado es una ruina porque, por lo general, deja incluso el local hecho una pena. Lo mismo sucede con quien lidera un partido político: dejar paso cuando está acabad@, deja un punto de partida tan nefasto para su sucesor/a que flaco favor hace a la formación que ha estado liderando hasta la fecha.

Jamás diría que Rajoy es lo que suele llamarse “un animal político”. Es un tipo gris, sin carisma, sin empatía ni elocuencia, cobarde, irresponsable… Y, sin embargo, ha conseguido ser quien más avanza moviéndose lo menos posible. Ya no es que las urnas le hayan dado su apoyo a pesar de las estadísticas de pobreza, del paro  y la precariedad desorbitados, de la corrupción galopante del PP… Es que incluso dentro de su propia formación, su inacción, sus decisiones salomónicas entre Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, le han ayudado a conservar el poder…

… y repartirlo, porque en realidad, dentro del PP, no es tan importante quién está a las riendas como el reparto del poder que se hacey eso Rajoy sí lo ha sabido hacer. Tanto es así que, aunque motivos no le han faltado para ello, Rajoy jamás ha emprendido una crisis de Gobierno, esto es, un relevo de la mayor parte de sus ministros… cuando algún miembro de su equipo ha comenzado a ser molesto, lo ha apartado premiándole con retiros de oro por sus servicios como hizo con Wert o Moragas.

El ascenso de Ciudadanos en Catalunya, el ridículo de Albiol y las posteriores encuestas que llegan a posicionar a la formación de Rajoy como primera fuerza política -burbuja demoscópica que Podemos ya sufrió en sus carnes- han vuelto a poner a Rajoy en el disparadero. Durante mucho tiempo se situó a Feijóo como su relevo natural pero, además de lo que sucede con el resto de candidat@s, que estaban cuando el partido indiciariamente se financiaba ilegalmente, a Feijóo se le suman sus buenas relaciones con el narco Marcial Dorado.

Así las cosas, gana posibilidades la vicepresidenta, de la que ya se dijo en 2015 que había empredido una campaña de autopromoción para suceder a su líder. Sin embargo, en un partido en el que las primarias no existen y parecere que volveremos a asistir a un dedazo, ¿de veras alguien ve a Rajoy con el coraje suficiente de señalar a Sáenz de Santamaría y dar la espalda a Cospedal? Algo nos dice que apuntaría a otro lado.

¿Será entonces Cristina Cifuentes o, tal vez, Íñigo de la Serna? Rajoy es semi-predecible, porque uno puede acertar con más o menos tino lo que no hará, pero no lo que hará. Y es muy posible que, una vez más, Rajoy se quede en su agujero, esperando callar la boca a quienes dicen que el relevo de Rajoy es Rivera, dejando que la burbuja demoscópica de Ciudadanos se desinfle con alguna de las bravuconadas a que nos tienen acostumbrados los líderes de la formación naranja… y, para cuando llegue la precampaña, nadie se acordará de un relevo porque las aguas habrán vuelto a sus cauce y estarán más centrad@s en la lucha intestina por el poder.