Opinion · Posos de anarquía

Ofensa a los sentimientos no religiosos

El escándalo de Oxfam ha supuesto un duro golpe tanto para esta organización como para el resto de ONG. No es para menos, pues a los graves hechos denunciados se suman los años de ocultación de los mismos. La gravedad del asunto ha sido tal que, incluso, algunos Gobiernos han retirado el apoyo a Oxfam. En este punto parece evidente que estas ONG tienen mucho menos poder e influencia que la Iglesia católica que registra un largo historial de delitos y opacidad a sus espaldas, con una impunidad absoluta.

Un informe de 1.200 páginas que revela orgías homosexuales grabadas en soporte digital, contrataciones de prostitutos y conversaciones sexuales por teléfono que implican a sacerdotes de toda Italia y el Vaticano. Este es uno de los últimos escándalos de la Iglesia católica. Salvo que los prostitutos fueran menores o coaccionados, ninguna de esas acciones, en las que están implicados una docena de arzobispados y unos 60 sacerdotes, son delito… con la ley en la mano. Sin embargo, con lo que propugna el catolicismo, es un cóctel de pecados mortales que se le atraganta al papa Francisco cuyo marketing ya no puede ocultar la escasa renovación que ha hecho de la institución.

Esta misma semana, la revista del Vaticano Mujeres Iglesia Mundo’ pone el acento en las monjas, denunciado que con demasiada frecuencia se convierten en sirvientas que cocinan y limpian para los cardenales y obispos por un paupérrimo salario. La discriminación de que son objeto en la Iglesia, apartándolas de cualquier reflexión intelectual mientras planchan la ropa al obispo de turno, es parte de la explotación sistemática de que son víctimas.

Si a ello sumamos la interminable lista de casos de pederastia ocultos durante décadas, uno se pregunta cómo es posible que la factura que ha pagado por ello la Iglesia sea tan ridícula. La Iglesia, como institución, apesta. La comunidad católica que no condena a esta Iglesia es tan hipócrita que mira para otro lado, haciéndose cómplice de esta decadencia. Confundir las creencias religiosas con quien se ha apoderado de su evangelización es un equivocación tan grande como la putrefacción moral que se ha apodorado de la Iglesia.

Mientras, se habla de ofensas a los sentimientos religiosos y se da rienda suelta a querellas absurdas que, lamentablemente, a veces prosperan. Cualquier cosa que pudiera decir al respecto ya lo dijo mi colega Aníbal Malvar en un lúcido e imprescindible artículo titulado Jueces de mierda y católicos de mierda. Sí añadiré, sin embargo, que quienes no somos católic@s nos sentimos ofendid@s por todos esos hechos, por los privilegios de los que goza una institución carcomida por la degeneración.

Me asquea la Iglesia Católica, como institución, en su totalidad. ¿Por qué? Para empezar, porque algunos de los valores que predica me parecen una auténtica aberración, como su machismo, su discriminación hacia quienes no son heterosexuales o la prohibición del uso de métodos anticonceptivos, entre muchos otros. Para continuar, porque incluso quienes aparentemente son coherentes con esos valores, en realidad, no lo son, porque aun siendo conscientes de lo degenerada que está buena parte de la institución no se plantan, no se salen o no protagonizan, apoyados por su comunidad, una autentica revolución que termine con esta decadencia.

Hasta que eso no suceda, los que no tenemos creencia religiosas, seguiremos siendo víctimas de la Iglesia católica sin que nadie nos ampare, porque no existe el delito de ofensas a los sentimientos no religiosos. Y, de este modo, tendremos que aguantar despropósitos como que en unas oposiciones a bombero se pregunte “a qué cofradía pertenece la imaginería de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalem que participa en la procesión litúrgica de Ramos, en la Semana Santa Palentina?”. Ver para creer.