Opinion · Posos de anarquía

Rivera, mercenario de la degeneración

En pocas semanas, hemos pasado del ridículo de Cristina Cifuentes a un nuevo episodio en el que se desenmascara la verdadera naturaleza de Albert Rivera. El líder de la formación naranja se jacta de “no llevar mochila”, pero son tantas las veces que ha mirado a otro lado ante casos de corrupción, que ha convertido a sus compañer@s de coaching en una larga fila de sherpas porteando sus pesadas cargas de miseria.

Rivera se nos presenta como el adalid de la regeneración, pero si algo ha demostrado desde que está en primera línea es que es un mercenario de la degeneración. Todo vale con tal de acaparar más poder. En Catalunya la jugada le salió bien: alzarse con la voz más reaccionaria como caudillo del artículo 155 y ser quien más gasolina arrojó a la posibilidad de dialogar le proporcionó el mayor número de votos en mitad de una victoria independentista.

Ahora, con el caso Cifuentes, posicionarse de su lado a pesar de las evidencias le ha puesto en un lugar muy comprometido. Guiado por sus ansias electoralistas, Rivera defiende lo indefendible, como si de veras se hubiera fraguado una suerte de conspiración contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, logrando poner a alumn@s y profesor@s contra ella y desplegando un amplio abanico de pruebas documentales.

El líder de Ciudadanos se aferra a la constitución de una comisión de investigación antes de exigir la dimisión de Cifuentes, cuyo partido, el Partido Popular, tiene la desfachatez de desviar la atención sobre la Universidad, como si la presidenta del PP fuera una víctima. ¿Qué sentido tiene, más que hacernos perder el tiempo, una comisión cuando ya está el asunto en manos de la Justicia?

Rivera es el maestro de lo volátil, superando la facilidad habitual de la clase política a la hora de desdecirse de lo que un día defendió, todo con tal de acaparar poder, que a fin de cuentas es su objetivo. Está en el ADN De Ciudadanos, tal y como ha denunciado la larga lista de concejal@s y diputad@s desertad@s señalando los ‘dedazos’ disfrazados de primarias, las amenazas internas, el autoritarismo de los colocados…

Madrid puede ser uno de los patinazos que se avecinan para hacerle caer en las encuestas, porque la derecha y la ultraderecha que con tan buenos ojos le miran tampoco entienden que defienda la honorabilidad de quien se ha convertido en el hazmerrerír de España. Claro, que de aquí a la moción de censura, igual cambia… para no variar…