Opinion · Posos de anarquía

Catalá es ofensivo en sí mismo

La desfachatez no tiene límites. Esa máxima parece regir el día a día de cada un@ de l@s miembros del PP en general y del Gobierno en particular. Uno de los últimos ejemplos lo hemos podido ver esta mañana durante la sesión de control en el Congreso de las Diputadas y los Diputados. Tirando balones fuera, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha asegurado que “el lazo amarillo es ofensivo porque dice que en España hay presos políticos, cuando no hay, porque hay políticos presos”. Lo dice, nada menos, que el primer ministro reprobado por el Congreso en la historia de nuestra Democracia. Ahí es nada.

Catalá lleva meses demostrando que es indigno del puesto que ostenta. Hace ahora casi un año, que el titular de Justicia fue reprobado por el Pleno, precisamente, acusado de entorpecer la acción de la Justicia en materia de corrupción. Este caminito no lo anduvo solo, lo hizo en compañía del que fuera primer fiscal general del Estado, José Manuel Maza; y el primer fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix. Por resumir gráficamente, donde el PP veía lucha implacable contra la corrupción lo que había, en realidad, era una ciénaga pestilente. 

Y con ese historial, al que podríamos sumar sus declaraciones tratando de cortar las alas a la prensa cuando airea asuntos que a partidos como el PP resultan incómodos, se permite el lujo de tachar de “ofensivo” la muestra de apoyo a lo que realmente hay: “presos políticos”.

Tanto al Gobierno como a la Justicia se le ha ido de las manos el asunto catalán y mantener encarcelados a personas como los Jordi es un error. Asimismo, las acusaciones de terrorismo a los CDR por parte de la fiscalía es otra barbaridad, absolutamente inconcebible en una democracia decente. ¿Han de ser juzgad@s l@s integrantes de estos CDR y afrontar penas por las acciones emprendidas?  Por supuesto. Eso les diferencia de, por ejemplo, la panda de corrupt@s detrás de las siglas del PP, que se aferran a la mentira como a un clavo ardiendo hasta alcanzar el más espantoso ridículo.

Los CDR apostaron por la desobediencia civil y, como tal, sabían que podría ser juzgados teniendo que asumir castigos. De ahí a que se les califique de terroristas hay un trecho demasido largo que, sin embargo, la fiscalía ha cubierto de una sola zancada. Con la misma ligereza con la que se tacha de terroristas a estas personas, podrían calificar de fascistas a un@s cuantos dirigentes, complacientes con el franquismo, ebrí@s de añoranza.

España asusta y, cada vez más. Vuelve el ‘todo es ETA’ para la derecha rancia sin darse cuenta que sólo convence a sus hinchas políticos que, si bien es verdad que no son pocos, cada vez cuentan con menos argumentos que les afiancen en sus posiciones. Eso sí que es ofensivo.