Opinion · Posos de anarquía

Fascistas y malas personas

El Senado rechazó ayer la moción para declarar ilegal a la Fundación Francisco Franco. Si fuéramos más precisos, fue el Partido Popular (PP) quien impidió que la Fundación que vive por y para hacer apología del fascismo siga funcionando. En las filas de los de Génova, la añoranza por la dictadura de Franco se hace más patente día a día.

Los 140 senadores del PP que votaron ayer en contra de la ilegalización, ¿son fascistas? Quizás no, tengo mis dudas, pero lo que sí son, a mi modo de ver, son malas personas. Cualquiera que otorgue el más mínimo margen de maniobra a quienes hacen apología de un régimen asesino, a l@s que conmemoran a figuras de miserables, malnacidos, como Franco o Millán Astray, no es buena persona.

En esta cuestión, además, no hay medias tintas, o se es o no se es. Por este motivo, los tres senadores de Ciudadanos y el de Unión del Pueblo Navarro que se abstuvieron también creo que son malas personas. Y en todos los casos, sobre esos 144 senadores que votaron en contra de la ilegalización, la sombra del fascismo.

No deja de ser curioso cómo al PP le encanta mirar a vecinos europeos como Alemania para aplicar las medidas que nos sumen en la miseria mientras unos pocos continúan amasando fortunas; en cambio, para adoptar otras medidas que acaben con lacras como el nazismo, fascismo o franquismo, mira para otro lado.

Para que se hagan una idea: en Alemania, redes sociales como Facebook o Twitter se enfrentan a multas de hasta 50 millones de euros si se les cuela un mensaje con alguna esvástica o negación del Holocausto y no es borrado en menos de 24 horas. Aquí, en cambio, el PP subvencionó a los franquistas y hace cuanto pueda por sostener a la Fundación y los valores que ensalza, beneficios fiscales incluidos.

Ver cómo los franquistas hacen el ridículo en Madrid, recurriendo ante la Justicia nada menos que un cambio del callejero al que obliga la ley, es otra  prueba más de cómo el odio ciega al fascista. Por eso tengo mis dudas acerca de esos 144 senadores que votaron en contra de la ilegalización de la Fundación, porque ni siquiera el granero de votos de extrema-derecha que alimenta sus listas y están en juego debería cegarles y hacerles dar el giro fascistoide.

La senadora del PP, Esther Muñoz, ha pasado de estrella mediática de los conservadores  a una suerte de palmera ideal para veladas de antaño en el Palacio de El Pardo. Tumbar la moción presentada por el PSOE y apoyada por Compromís, PDECat, ERC, Unidos Podemos y los nacionalistas vascos y canarios con el argumento de que éstos reclaman la ilegalización de la fundación fascista para evitar hablar de la recuperación económica que ha traído el PP (esa que nos ha llevado a liderar el ránking de desigualdad en Europa) es, como poco, esperpéntico. Si no fuera porque los hechos son de extrema gravedad, Muñoz sería la perfecta cómica para disfrutar de esos momentos en los que la derecha se autoparodia… pero no, es otra cosa.