Opinion · Posos de anarquía

Día de Europa, día de la infamia

Hoy hay quien celebra el Día de Europa. Yo no. No creo que sea para celebrar el modo en que Europa ha dado la espalda a los refugiados, esa despreciable manera en la que ha invertido los términos, llamando “crisis de refugiad@s” a lo que en realidad era una “crisis de solidaridad” del Viejo Continente. Hoy no es el Día de Europa, sino el día de la infamia.

Uno quiere pensar que si hoy levantara la cabeza el ministro francés de exteriores, Robert Schuman, cuya declaración firmada en 1950 tras la rendición del régimen nazi dio origen a este Día, se avergonzaría tanto o más que quienes no sentimos esta celebración. Esta misma semana hemos visto cómo en Europa se juzgaba a tres bomberos por jugarse la vida tratando de salvar a seres humanos en el Mediterráneo. Vemos cómo los informes del Estado español están detrás de las acusaciones que sirven para llevar a juicio en Marruecos a Helena Maleno por el mismo motivo.

¿Día de Europa? ¿De verdad? ¿Después del modo en que la Unión Europea (UE) ha dejado morir a cientos de personas? ¿Después de cómo se han creado nuevos campos de concentración, en donde se subastan al peso a l@s refugiad@s para, después, ni siquiera cumplir con las cuotas? A mí, personalmente, me revuelve el estómago.

No veo motivos para festejar una Europa que no tiene en cuenta a su ciudadanía, que gobierna al margen de los pueblos. Lo demostró con la excesiva agresividad, con el golpe de Estado económico que protagonizó y asfixió a países como Grecia y, en menor medida, España. Lo intentó también con Portugal, pero allí la izquierda lusa fue mucho más sabia de lo que lo ha sido nunca la española, se revolvió y ha dado una lección a todo el continente.

¿Día de Europa? ¿Después de cómo sus instituciones han conspirado contra las personas, en favor de las grandes corporaciones, mediante acuerdos como el TTIP? Una serie de acuerdos comerciales que ni siquiera se refrendan en los Parlamentos nacionales…

¿Qué Europa? No hay una política exterior común e, internamente, existen Europas de diferentes velocidades, donde unos mandan más que otros, donde se ningunea a los pequeños, donde se tienden cordones sanitarios en lugar de tender la mano.

El Día de Europa debería servir para recordarnos el largo camino que resta por recorrer, para ratificar lo falaz de que la UE ha traído décadas de prosperidad y paz: la miseria avanza a pasos agigantados, del mismo modo que lo hace la extremaderecha alimentada por el neoliberalismo. En cuanto a la paz, ésta no es sinónima de ausencia de guerra que, de hecho, existe pero ahora ya es económica, esto es, la que somete a la clase obrera con este régimen de neoesclavitud que nos asola a todas y todos.