Opinion · Posos de anarquía

Condenas hipotecarias

La compra de una casa de lujo por 600.000 euros, por parte de Irene Montero y Pablo Iglesias, ha armado gran revuelo. Tiende a pensarse que la gente de izquierdas tiene que ser pobre. Es un error de bulto, producto de la factoría de ideas de la derecha más recalcitrante. Este pensamiento se ha fraguado para contrarrestar la identificación que tenía la izquierda con la clase obrera. El mensaje de la derecha es tan claro como contradictorio: Critica lo que ella misma hace, comprarse casas de lujo, mandando el recado al proletariado de que “ell@s [la izquierda] os represetan tan poco como nosotr@s”. Claro, que Iglesias hace ahora lo mismo que criticó a De Guindos meses atrás porque, hasta la fecha, no se ha demostrado si el ex ministro especulará o no con su ático de lujo.

En el caso de Montero e Iglesias, ni siquiera aplica porque Podemos no es de izquierdas, es de abajo, ¿recuerdan? Ironías aparte jugando con aquel intento de transversalidad podemita, lo cierto es que esos ataques de la derecha a la izquierda son estúpidos. Ya sucedió con la boda de Alberto Garzón, cuya celebración en una bodega de La Rioja también fue criticada con saña. La izquierda no ha hecho nunca voto de pobreza, sino de redistribución de la riqueza.

Personalmente, no me agradó ni aquella boda ni lo hace ahora esta casa. No entiendo la ostentanción en ninguna faceta de la vida, ni el lujo, ni los excesos. No comparto ciertos niveles de vida, ni casitas de invitad@s, ni siquiera aunque me los pudiera permitir, sencillamente, porque encuentro la felicidad en otras cosas más cercanas que, afortunadamente, sí que tengo a mi alcance.

Si tuviera que criticar la adquisición de Montero e Iglesias no lo haría tanto por el lujo como por las condiciones. Cada un@ hace con el dinero que ha ganado honradamente lo que quiere. El problema aquí es que ese no es el caso, no existe tal dinero. Tal y como han explicado l@s diputad@s de Podemos, cada un@ de ell@s estará pagando 800 euros al mes durante 30 años. A día de hoy, sus sueldos les permiten pagar de letra más de lo que yo mismo gano algunos meses pero, ¿será sostenible esta situación durante tres décadas?

Es una cuenta que muchas personas no hicieron correctamente en la década de los 2000 y, cuando llegó la crisis, comenzaron los desahucios, las casas vacías, los ‘secuestros’ con casas que no podían permitirse mantener pero tampoco vender por debajo del precio de compra… La derecha, de manera muy interesada para sacudirse su cuota de responsabilidad, acuñó aquella expresión de “vivir por encima de tus posibilidades”… Y algo de razón tenían.

Así las cosas: Me admira la confianza que tienen Montero e Iglesias en poder afrontar cada un@ el pago de un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) durante 30 años, con dos niños en camino.  Me sorprende que a los ríos de tintas que corren con esta noticia no les acompañen referencias como que una modesta casa en la ciudad de Madrid de dos dormitorios difícilmente baja en la actualidad de los 350.000-400.000 euros. Me indigna el escrutinio y juego sucio de que es objeto buena parte de la izquierda por parte de una derecha mediática que ve amenazado su pan si los conservadores abandonan el poder.

Con todo, lo que más me inquieta en esta cuestión es pensar que vuelve a ser contagioso firmar hipotecas tan elevadas como la de Montero e Iglesias, porque cuando se suscribe un documento así, no ha de valorarse la situación actual, sino la futura. La regla de oro es no destinar más del 40% del sueldo neto a la hipoteca. Montero e Iglesias lo cumplen ahora, pero convendrán que en ambos casos disponen de sueldos muy por encima de la media habitual.

Mi consejo es ponerse siempre en un escenario negativo, huir de eternas etapas de bonanza y pensar ¿podré pagar a este ritmo todas las mensualidades? Siempre se ha de dejar margen suficiente para no vivr demasiado asfixiado. Y mucho me temo que, proporcionalmente, ya se están firmando condenas hipotecarias. Ojalá me equivoque.