Opinion · Posos de anarquía

Si yo fuera Aznar

Tras la detención de Eduardo Zaplana, las acusaciones de banda criminal al PP vuelven a reavivarse entre la ciudadanía. El hecho de que 12 de los 14 miembros del Ejecutivo en la época de Aznar estén detenidos, imputados o salpicados por la corrupción hace que un sudor frío nos recorra el espinazo temiéndonos lo peor: ¿cuánto nos robarían a manos llenas durante aquellos años de bonanza?

Si yo fuera Aznar -el mero pensamiento me produce náuseas- desaparecería de la escena pública. Además de pasar a la Historia que muchos narraremos durante años como uno de los criminales de guerra en la invasión de Irak, también tendrá la vergüenza de aparecer en los libros de texto como el presidente del Gobierno más corrupto de la Democracia.

Eso es duro, porque si a Esperanza Aguirre le salió rana algún nombramiento, lo de Aznar, directamente, es gobernar desde la misma charca. En realidad, en un partido político tan podrido como el PP, lo complicado es acertar con alguien honrado para gobernar. Casos como los de Ana Pastor, una de las pocas a las que hasta ahora no se ha relacionado con ningún escándalo de corrupción, son como encontrar una aguja en un pajar.

Objetivamente hablando, 12 de 14 es una mala estadística y, si lo piensan fríamente, inquieta muchísimo saber que el país estuvo en manos de personas de esta calaña… No sólo eso, sino que viendo los últimos casos de ministros o cargos de Gobiernos autonómicos como el de Madrid, donde los cuatro últimos president@s (tod@s del PP) también han sido detenidos, imputados o salpicados por la corrupción, uno se pregunta cómo es posible tamaña ausencia de filtros que impidan que delincuentes accedan a cargos públicos.

Si yo fuera Aznar no me confiaría de la cantidad de trapos sucios que tengo a recaudo para impedir que terceros comiencen a cantar. Si yo fuera ese personaje cuyo ego es inversamente proporcional a su estatura, dejaría de incendiar al país con su discurso de odio porque él mismo está quemado aunque haya políticos, como Albert Rivera, que no sean capaces de verlo y se sientan dichosos porque el dedo de Aznar señala ahora los naranjas.