Opinion · Posos de anarquía

La corrupción estable

El argumentario de defensa que ha preparado el Partido Popular para combatir la moción de censura es pura desfachatez. Al “ese señor ya no es del PP” o “eso sucedió hace muchos años”, tira ahora más balones fuera con “no es una sentencia en firme” y, sobre todo, “esa sentención amenaza la estabilidad de España”. ¿Qué estabilidad? Se lo diré yo: la de la corrupción estable que ha venido desarrollando, como indica la sentencia, el PP con Rajoy al frente.

¿Qué es peor? ¿Un Gobierno apoyado por partidos independentistas que siempre han jugado un papel de bisagra con PP y PSOE o mantener la estabilidad de la corrupción? Es una pregunta que, no sólo deberían hacerse l@s diputad@s a la hora de debatir la moción de censura, sino la ciudadanía en bloque. En menos de un año llegarán las elecciones municipales y en dos, las generales. Si atienden a la sentencia, que evidencia que la corrupción se encontraba institucionalizada en el PP a todos los niveles de Administración (Local, Autonómica y Central), han de preguntarse: ¿Quieren ser cómplices del expolio a España?

Rajoy y sus secuaces han asegurado por activa y por pasiva, hasta la saciedad, que nadie ha hecho más que el PP contra la corrupción. Se equivocaba, empero, con la proposición: Nadie ha hecho más que el PP por la corrupción. El tejido putrefacto que ha extendido por ayuntamientos, gobiernos autonómicos y cargos del gobierno central salpicados por los papeles de Bárcenas ha funcionado a la perfección como una maquinaria engrasada con el empresariado más mezquino del país.

Según encuestas recientes, más del 60% del electorado del PP considera que la sentencia es justa. ¿Se traducirá ese sentir en las urnas? Ser coherente con esa postura no implica sólo negar el voto a los corruptos sino, además, a quienes los han sostenido en el poder sistemáticamente, esto es, a Ciudadanos. ¿Quién puede fiarse de un partido como el de Rivera, que defiende los intereses del IBEX35 -con empresas amigas del pago bajo cuerda en Génova-, al tiempo que, por miedo a que la izquierda le coma terreno, prefiere que el PP continúe infectado al país de corrupción?

Cerrando el círculo, Aznar. El presidente del Ejecutivo más corrupto de la Democracia española que, convertido ahora en adalid de Ciudadanos, está escondido en su madriguera. En realidad y mal que le pese, Rajoy y él se parecen mucho más de lo que quisiera: cuando vienen malas, se esconden, huyen del barco como las ratas en un naufragio. Eso es algo que, incluso dentro de las filas del PP, ahora le reprochan al co-inventor de la guerra de Irak.

Permitir -y ahora me refiero a la ciudadanía, no al Congreso- que el Partido Popular siga en el poder es sentar un precedente muy peligroso. Hacerlo es legitimar la corrupción institucionalizada, dar un cheque en blanco a quien nos gobierna y desgobierna, es ejercer un efecto llamada a l@s amantes de lo ajeno con el estímulo añadido de que tienen la impunidad de su lado. No lo permitamos.