La crisis que nos asola nos ha traído consigo claridad de conceptos en prácticamente la globalidad de los países desarrollados, bien sea por la vía de la asociación o de la disociación. Cojamos, por ejemplo, los casos de España y Reino Unido, ambos liderados por Gobiernos conservadores que se expresan admiración mutua: para entender en su conjunto el significado real de “joven” asociaremos términos como “paro”, “precario” o “sin futuro”. La ventaja en Reino Unido es que su lengua natal es el inglés y eso le abre las puertas para ser explotado en más países con ‘economías avanzadas’. Otro buen ejemplo vendría de “presupuestos”, a los que ligaremos conceptos como “recortazo” o “injusticia social”.
Más interesante, aún si cabe, es la definición por disociación. Así, encontramos que a “patronal” disociaremos términos como “salario justo” o “convenio colectivo” y a “banquero” conceptos como “crédito” o “conciencia”. Pues bien, hoy David Cameron ha querido dar la vuelta a la tortilla y en lugar de disociar, ha pretendido asociar conciencia a banquero a través de la iniciativa ‘Big Society Capital’, una iniciativa dotada con 600 millones de libras que, a grandes rasgos y dado que se encuentra en el proyecto paraguas Big Society, impulsar que las ONGs y organizaciones de beneficiencia hagan mucho más barato -la mayoría de las veces vía voluntariado- funciones sociales que deberían asumir las Administraciones Públicas. Es lo que en España, en ciertos círculos madrileños, se ha bautizado como “modelo Botella de voluntariado”, del que ha mamado directamente nuestra reforma laboral.
Sin embargo, ¿es posible crear esa asociación de banqueros con conciencia? ¿De veras un banquero, como por ejemplo el mandamás de Barclays, que gana 169 veces más que la media de un trabajador en Reino Unido, tiene conciencia porque aporte unos millones a proyectos sociales? ¿Tienen conciencian los responsables de un banco como el Royal Bank of Scotland, intervenido y con miles de despidos a sus espaldas debido, según las autoridades británicas, a su mala gestión, sólo porque participe ahora de esta iniciativa en la que quizás ayude a los mismos a los que dio la patada previamente?
La razón dice que no y, aunque algunos como Cameron, Rajoy o Botella se empeñen, la crisis ha demostrado que hay definiciones (por asociación o disociación) que no pueden cambiar los políticos si no cambian ellos primero.
De nuevo toca hablar de España, a pesar de que este blog aborda política internacional, pero es que hoy, como ayer, nuestro país está en toda la prensa internacional. No lo está, a pesar de que parece ser lo que desearían miembros destacados de la CEOE, del Gobierno y del PP, por los graves incidentes de Barcelona, sino por el ultimátum lanzado por la ciudadanía al Gobierno de Rajoy. A una huelga parcial o sectorial, como prefieran ustedes -sea como fuere, con un seguimiento superior a los dos anteriores de 2002 y 2010- le siguieron manifestaciones masivas por las principales ciudades de España, un clamor popular al que el Ejecutivo ya ha manifestado por boca de su presidente que ninguneará.
Hoy se aprueban los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que, según la mayoría de expertos, incorporarán los mayores recortes en la historia de nuestra democracia. Se equivocan; es cierto que aplicarán los mayores recortes, pero no de la democracia porque no es eso lo que tenemos en nuestro país. Las dos definiciones que de la RAE al respecto son “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” y “Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”, y ninguna de ellas se ajusta a la realidad actual. Tanto es así que un derecho constitucional como es el de la huelga, tan importante o más que el propio acto de votar, ha sido calificado de “ilegal” por una de las personas más poderosas del PP: Esperanza Aguirre. Nadie del Gobierno la ha llamado al orden por ello.
Europa calla, asiente y aplaude este comportamiento del Ejecutivo español; incluso hoy mismo, el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, ha asegurado en el Eurogrupo informal de Copenhague que “España va a dejar de ser un problema especialmente para los españoles y también para la propia Unión” tras los PGE de hoy. Sólo con un cargo público como Aguirre declarando ilegal una huelga general deberíamos ser el mayor problema de Europa, pero no lo somos y, precisamente por eso, la Unión Europea, rendida al capital, ha dejado de tener sentido y legitimidad -si alguna vez lo tuvo-. Eso sí que es “violencia estructural”, terminología marxista que en boca de Gallardón se vicia en forma y fondo.
Por todo ello, hoy más que nunca, los antisistemas son imprescindibles. La derecha y todos aquellos instalados cómodamente en el actual sistema -la élite- buscarán por todos los medios identificar ‘antisistema’ con ‘violencia’. Y tienen toda la razón, pero no será violencia física, sino una intensidad extraordinaria. Y es comprensible -que no justificable- que esa élite quiere difundir miedo contra los antisistema, porque ellos mismos tienen miedo, se sienten amenazados en su status quo. Y no les sobran motivos para ello.
La visita del Papa a Cuba ha servido para que prensa de todo el mundo arremeta una vez más contra el régimen cubano, al que desprecian, desaprueban y tachan de haber desembocado en un país con ausencia total de libertades. Ante esta situación, a Benedicto XVI no le ha quedado otra que confiar a la madre de Dios el futuro de Cuba, “avanzando por caminos de renovación y esperanza, por el mayor bien de todos los cubanos”. Un alivio; podemos respirar tranquilos… o no.
La autoridad moral de la Iglesia católica no es digna de juzgar un régimen como el cubano, no sólo por su complicidad y connivencia en crímenes contra la Humanidad a lo largo de la Historia, sino por formar parte activa del sistema que menoscaba la dignidad y el bienestar de las personas. El propio antecesor de Ratzinger en el puesto, Juan Pablo II, a cuya visita a Cuba en 1998 se hacen tantas referencias estos días, le dio la comunión a Pinochet. ¿De qué estamos hablando entonces?
Benedicto XVI llega ahora a Cuba hablando de renovación, pero una muy diferente a la que él mismo se encargó de parar los pies cuando era prefecto de la Congregación y prácticamente excomulgó a los teólogos de la liberación. Aquellos sacerdotes supieron ver que el pecado ya no es individual, que se ha institucionalidado, que es estructural. Aquellos sacerdotes identificaron al capitalismo en el epicentro de la barbarie global y de nada sirve no pecar individualmente si se participa de estas estructuras, mucho más mortíferas que cualquier humano.
La renovación que sugiere Benedicto XVI parece salida de la mismísima Escuela de Chicago, cuyos preceptos mama y practica la propia Iglesia, invirtiendo en Bolsa, especulando por un lado, mientras por otro exige a sus feligreses ser morales. ¿Morales para qué? No hay que ser bueno por ser bueno, sino para tener un mundo mejor. Sartre decía que la elección moral consiste en elegir un mundo bueno, no en elegirse bueno a uno mismo.
No es ese el camino que marcan los hechos de la Iglesia que lidera el Papa, que llega ahora a la isla y pide por la vecina Haití, a la que, por cierto, ha hecho muchísimo más daño -antes y después del terremoto- el capitalismo, de lo que ha hecho el socialismo en Cuba. Pero ahí no cabe la renovación. Que la Revolución Cubana cometió errores históricos y precisa corregirlos es un hecho, que ansía una renovación es innegable pero no, desde luego, la renovación de Benedicto XVI.
En un momento actual en el que la ausencia de libertades se extiende por todo el mundo, incluida España, quizás deberíamos sopesar qué modelo ha funcionado mejor, cuál de ellos, con los debidos ajustes, sienta con más firmeza las bases para un mundo mejor. Cuál de ellos fue capaz de sobrevivir a una caída del 33% del PIB y de un 85% de las exportaciones (tras la caída de la URSS) y cuál de ellos tiembla ahora ante una caida de un punto del PIB y no duda en amputar derechos y libertades para paliarlo. Quizás deberíamos pensar que, si ese modelo hace eso ahora con esta leve caída, qué habría hecho si hubiera padecido un bloqueo durante medio siglo. Y entonces, quizás, nos hagamos revolucionarios.
Cada vez que en Europa escuchamos ‘golpe de Estado’ es portada de periódicos, suceda en Asia, Latinoamérica o la Luna, es igual. Lástima que no lo sea, no ya portada, sino que ni siquiera aparezcan a su debido tiempo los antecendentes del motín. Es lo que ha sucedido con Malí, cuyo golpe de Estado está presente hoy en todos los medios de comunicación, aunque ni siquiera supiéramos previamente de las decenas de muertos o de los más de 200.000 desplazados a causa de las revueltas tuareg del norte del país, tanto dentro del propio país como hacia Mauritania, Níger, Argelia y Burkina Faso. De hecho, ni siquiera sabemos hoy de esos datos, a pesar de que buena parte de las informaciones sitúan en el epicentro del golpe de Estado las reivindicaciones militares para atajar el intento de independencia de los tuareg (Movimiento de Liberación Nacional del Azawad, MLNA). Tampoco sabemos de cómo el ejército maliense bombardeó durante la contienda un campamento de refugiados en las inmediaciones de Kidal.
A otro nivel, pero como hemos podido comprobar en Occidente con la crisis económica, en África también está todo conectado. Malí ha visto caer sus ingresos por turismo a pasos agigantados, dado que desde el otro lado del Mediterráneo nos hemos encargado de tacharlo de vivero del Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI) y, ahora, el propio Gobierno de Malí lo aprovecha para tachar a los tuareg de tener vínculos con AQMI -los rebeldes lo niegan-. La crisis alimentaria, en buena parte provocada por el dumping internacional y la especulación con futuros, no ha ayudado. El tráfico de droga -consumida fundamentalmente en Occidente- vicia aun más el entramado social del norte del país, fundamentalmente. Incluso la guerra de Libia tiene conexión con el conflicto: tras su fín, ¿dónde han ido todos los mercenarios armados por Occidente? Pues buena parte de ellos a Malí.
A finales del mes que viene estaban previstas las elecciones presidenciales, pero los militares no han podido esperar. Comienza a gestarse una crisis humanitaria cuyas dimensiones son impredecibles y, ni siquiera sé si Occidente repara en ello -ni le importa-. No hablo sólo de los miles de desplazados y de los muertos, sino del recrudecimiento de nacionalismos y guerras étnicas. Desde que se iniciaran las revueltas tuaregs el pasado mes de enero, la principal etnia del país -los bambara- ha fortalecido su nacionalismo y han atacado propiedades de tuaregs en cualquier punto del país (incluida la capital Bamako), estuvieran o no en el norte, tuvieran o no relación con la revuelta independentista.
Pero hoy ha habido un golpe de Estado. Eso es lo que importa.
Occidente, borracho de capitalismo, tenía un sueño: amasar una fortuna rápidamente a costa de lo que fuera, incluidos los Derechos Humanos (DDHH) mientras éstos no fueran los de ciudadanos occidentales. China, por su parte, tenía otro: dominar la economía global, le llevara el tiempo que le llevara. Y así, pasados los años, el ‘dragón de Oriente’, el ‘tigre asiático’ o como le quieran llamar los neo gurús, tiene contra las cuerdas a la primera potencia mundial: EEUU.
Se ha hablado poco del tema, pero hace tan sólo unos días que EEUU, Japón y la Unión Europea (UE) han denunciado conjuntamente a China ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), en una unión sin precedentes. ¿Por qué? Porque al gobierno de Pekín se le ha ocurrido cerrar el grifo a las exportaciones de tierras raras. ¿Qué son las tierras raras? A grandes rasgos, un conjunto de 17 elementos químicos, muchos de ellos básicos para industrias como la del automóvil o la electrónica de consumo. Sí, el iPad desde el que posiblemente lea este post depende de ello. Y China, no sólo controla un tercio de los yacimientos de todo el mundo sino, además, un 97% de su extracción global.
Occidente jugó con capitalismo y con capitalismo se ha quemado. Pensó que era buena idea llevar a China todas sus grandes factorías tecnológicas, que la mano de obra china, no ya barata, sino rozando la esclavitud, proporcionaba unos márgenes brutales. Y así lo hizo. Tiempo después Occidente, con EEUU a la cabeza, se encuentra con que la etiqueta ‘Made in China’ comienza a traer consigo una carga negativa en la opinión pública y que es necesario invertir demasiados recursos de marketing para un lavado de imagen. Comienzan a no salir las cuentas, a no compensar demasiado la violación de DDHH. Y, entonces, decide llevarse algunas fábricas a otros países, como Costa Rica.
De hecho, Obama, en plena carrera hacia las elecciones presidenciales, dedicó hace unos días un acto a hablar de las tierras raras, un tema sobre el que dos tercios de su auditorio probablemente no sabía nada, pero eso da igual, todo lo que sea defender las barras y estrellas es motivo de algarabía. El presidente dijo “queremos que nuestras compañías construyan esos productos aquí, pero necesitamos acceso a los minerales raros que China provee”.
Y China, que cuenta con los recursos naturales, que dispone ahora de mano de obra cualificada y que ha demostrado que copiar -incluso mejorar- la tecnología occidental le resulta extremadamente sencillo, restringe las exportaciones de tierras raras, le pese a quien le pese, incluida la OMC que ya lo ha declarado ilegal. Pero hete aquí otra jugada magistral de Pekín, que utiliza las herramientas capitalistas con una pericia sin igual: el motivo principal de cerrar las exportaciones es el cuidado por el medio ambiente… o eso es, al menos, lo que alega. Explotar las tierras raras es altamente contaminante y hay que frenar ese proceso destructivo. Dicho de otro modo, amigos de Occidente, tenemos que ser responsables socialmente, ¿o es que os vais a negar a salvar el Planeta?
Las campañas electorales no perdonan; explotan y amplifican, no sólo todo lo aprovechable, sino también lo reprochable. Basta mirar a Sarkozy, que tras desplegar todo su poderío anti-inmigración ha subido en las encuestas. Al mismo tiempo, vuelven a la carga las acusaciones de que su última campaña contó con financiación de Gadafi. Extremo que el presidente galo niega rotundamente. Sin embargo, de confirmarse tal financiación, ¿sería Sarkozy peor que el resto de los mandatarios europeos que, por aquel entonces, eran amigos del dictador libio?
¿Qué diferencia hay entre esta financiación, legal por aquel entonces, y todos los contratos armamentísticos suscritos, por ejemplo, entre España y Libia? Se lo diré yo: ninguna. En ambos casos es igual de reprobable, porque quienes no vieran que por aquel entonces el régimem libio no era precisamente un reducto de respeto por los Derechos Humanos es que estaba ciego. Reprender ahora a Sarkozy sin hacer autocrítica por parte de todos quienes apoyaron a Gadafi en el pasado es hipócrita. ¿Justifica eso que Occidente haya vuelto a instrumentalizar una masacre como la guerra libia guiado por sus intereses particulares? Por supuesto que no, pero huyamos de mezclar churras con merinas.
El intervencionismo instrumentalizado por parte de la Comunidad Internacional es una sucesión de error tras error. Afganistán es otra buena prueba de ello y la reciente matanza del soldado estadounidense, la guinda del pastel. Clinton asegura que esa masacre no refleja lo que es EEUU, pero yo creo que sí, al menos, el desarrollo posterior de los acontecimientos: el soldado será juzgado bajo la justicia estadounidense -podría ser condenado a pena de muerte-, no afgana. ¿Por qué? Pues uno de esos grandes misterios. ¿Se imaginan que fuera a la inversa? Es sencillamente impensable.
Que EEUU sea quien juzgue al soldado no es más que el reflejo del fracaso de democratización que pretendía liderar Obama por la vía de las armas y, además, de una nueva imposición de su justicia, capaz de ejecutar sin juicio previo en otro país -vulnerando su soberanía-, a un terrorista como Bin Laden y negando la aplicación de la justicia a un país al que han asesinado a sangre fría a 16 civiles.
Esas son las cuentas reales de estas injerencias, y no las que suscriben en su artículo conjunto Cameron y Obama hoy en el Washington Post.
Hay días que me explayo. No lo haré hoy y, en su lugar les pondré un vídeo. Hoy es tema de discusión el éxito de la campaña de Invisible Children contra Joseph Kony, el líder del Lord’s Resistance Army (LRA) en Uganda. El vídeo ya roza los 50 millones de visitas y en él se ve a un niño rubito hablando con su padre de una realidad que ni siquiera conocen, desde la cómoda mesa de su cocina. ¿Y nos enternece, cuando además describe cosas que llevan años sucediendo? ¿Y nos enternece aún cuando no están claras las intenciones de Invisible Children?
Somos idiotas. Y si no lo fuéramos, el vídeo “Querido Obama” de Human Rights Watch denunciando los mismos hechos tendría más de las ni siquiera 30.000 visitas que acumula. Veánlo. Ese sí que merece la pena.
Obama anda en la cuerda floja. A pocos meses de las elecciones presidenciales, Irán puede jugarle una mala pasada. Sus rivales lo saben y lo aprovechan utilizando la estrategia del miedo. A las puertas de su, probablemente, ‘Super Martes’, el candidato republicano Mitt Romney lanzaba un mensaje: “Si Obama es reelegido, Irán tendrá un arma nuclear y el mundo cambiará”. Casi ná.
¿Y qué debería hacer Obama? Parece evidente que iniciar otra guerra le apearía definitivamente de la Casablanca, por mucho que los republicanos metan ese miedo. De hecho, lo saben perfectamente y buscan premeditadamente arrastrar al presidente a un problema sin solución*. Por eso, el mensaje oficial de EEUU, con el que se viene a respaldar la política actual de NO a la guerra, es que Irán, aunque tiene el poder y la tecnología para ello, aún no ha decidido construir un arma nuclear, pero el estallido de un conflicto sería el empujón final para hacerlo. Así que, al menos hasta pasado noviembre y salvo imprevistos, no habrá guerra.
Y de hecho, tras su visita este lunes a Washington, Netanyahu se ha mostrado más calmado con el tema, aunque la prensa enseguida recoja citas del tipo “no se puede esperar más tiempo” y “nunca permitiré que mi gente viva a la sombra de la aniquilación”-aunque parezca mentira dada su postura con Palestina, sí, también dijo ésto-. Es cuestión de equilibrio: no tensar demasiado la cuerda pero sí lo suficiente para que de vez en cuando chasque. Hasta Europa lo ha entendido, con sus retardos propios claro está, y hoy su Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad, Catherine Ashton, se ha pronunciado al respecto, abriendo de nuevo la puerta a la diplomacia -y al petróleo- de Irán.
Y en ese equilibrio, Obama ha asegurado que “EEUU siempre le cubrirá las espaldas a Israel”. El Premio Nobel de la Paz necesita tener contento a su electorado judío, que desde la época de Roosevelt ha caído más del lado demócrata que republicano. Un voto que puede ser decisivo en dos Estados clave: Florida y Ohio -éste último decisivo hoy también para los republicanos, pues hasta ahora siempre ha reflejado la preferencia del resto del país-. Y aquí vemos que en esto de la política, cantidad no va ligada a calidad: se estima que el porcentaje, en tamaño, del voto judío en EEUU es sólo del 3%. Sin embargo, su poderío económico y, por tanto, su influencia política son muchísimo mayores.
* A lo mejor, es opinión compartida por muchos, ni siquiera es que exista un problema real… al menos no mayor de los que ya existen en los arsenales estadounidenses, israelíes, franceses, indios, chinos… Porque aunque la victoria en las pasadas elecciones del Ayatolá Ali Khamenei no sean las mejores noticias para Occidente y más allá de otras consideraciones, ¿no tiene cierta lógica que Irán no se deje presionar por quien no predica con el ejemplo?
“Es a lo que se llega con estos regímenes ideales del comunismo. Mucho tanque y mucho barco para ‘sujetar’ el régimen y la población se muere de hambre…”
“Paraíso socialista, hambre ruina y muchas armas, centrales nucleares de pésima calidad que luego revientan solas. Todos los experimentos comunistas han acabado igual. En países democráticos la izquierda lo primero que reclama es lo contrario de lo que hay en sus experimentos, exigen cerrar centrales nucleares”
“Otro gran triunfo del comunismo y de la izquierda en general!!…”
“El ‘amado líder’ tiene a su pueblo muerto de hambre , un gran logro del comunismo que aplaude nuestra izquierda progresista”
Todos son comentarios de lectores en referencia a la noticia de que Corea del Norte paraliza su programa nuclear a cambio de alimentos de EEUU, que volverá a sacar pecho por su defensa de los DDHH. Los dos primeros comentarios son de este mismo diario, los últimos de periódicos conservadores. Cortados por el mismo patrón. ¿Qué patrón? El de la incultura. Y lo peor de todo es que no se lo podemos reprochar demasiado, porque la mayor parte de la culpa de su situación la encontramos en los gobernantes que tenemos.
Vayamos por partes. ¿Por qué se comete el error de base de identificar ‘comunismo’ y ‘democracia’ como términos opuestos? Que encontremos ejemplos a lo largo de la historia en los que el comunismo ha generado tiranos no es razón suficiente para demonizar una fórmula que, quizás, sea la que nos salve de la actual crisis. ‘Comunismo’, en todo caso, es antónimo de ‘capitalismo’, incluso podríamos decir que es su freno natural, pero no de ‘democracia’. De hecho, si por algo se caracteriza el socialismo es por llevar a la práctica la máxima de Platón -heredada siglos después por el mismo Robespierre- de que “gobiernen las leyes y no los hombres”… algo que en la actual dictadura capitalista, de esos “mercados” tan nombrados, parece imposible.
Así las cosas, vayamos a nuestra sociedad donde, no se equivoquen los autores de los comentarios de arriba, no tenemos un régimen democrático, sino capitalista. ¿Cuáles son sus logros? Bueno, si miramos a EEUU, ese gran defensor de los DDHH, 49 millones de pobres. Si miramos a España, 11,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social . Si miramos a Alemania, la tan elogiada locomotora alemana: el 25% de la Población Económicamente Activa sufre contratos temporales -mini jobs- de tan sólo 230 euros al mes y el 10% de los más ricos acapara una
cuarta parte del total de los ingresos del país. Y pesar de estos clamorosos fracasos, nadie se atreve a decir hay que acabar con estos regímenes… bueno… sí hay alguien, muchos, y se les tacha de ‘antisistemas’.
¿Por qué la gente sigue cayendo en estos errores? ¿Por qué se critica a los ‘mercados’ y no se arremete contra el ‘capitalismo’? En definitiva, ¿por qué se razona tan poco? Bueno, porque la propia estructura capitalista nos lo impide y aplaudimos el hecho de que el capitalismo se quiera curar con más capitalismo. Porque la escuela, la universidad y las bibliotecas hace tiempo que dejaron de formar ciudadanos para fabricar consumidores. Aquí, en EEUU y en Alemania… y si no, ¿cómo es posible que Merkel goce justo ahora de un récord de popularidad?
Si aplicáramos al capitalismo, aunque fuera mínimamente, la condena al comunismo de esos que se pretenden grandes demócratas, hace mucho tiempo que deberíamos haber zanjado este régimen. Y entonces, quizás, podríamos descansar en lugar de crecer por crecer. Quizás, podríamos ser felices y tener la cultura y la sabiduría suficientes para ser conscientes de ello.
Marruecos ha impedido el acceso al reino a los periodistas del diario El País. ¿De qué nos sorprendemos? Es la tónica general en un país gobernado despóticamente por Mohamed VI. Los periodistas nacionales vienen padeciendo esta censura, esta mordaza continua y, lo que es peor, sufriendo castigos muchísimo más duros que negarles el acceso. Hablamos de cárceles, torturas… Por eso, lo que debería sorprendernos es que nuestros dirigentes políticos sigan aplaudiendo los avances democráticos de un país tan represor.
Pero Marruecos, Irán, China, Cuba, Yemen o Bielorrusia no son los únicos países que vulneran una libertad tan básica como la de prensa. Hay una larga lista de países, como viene denunciado Reporteros Sin Fronteras. De otro modo, no saldrían las tristes cuentas de 97 periodistas asesinados en 2011, o los 171 periodistas y 129 internautas encarcelados o el más de un millar de detenidos.
Hacen falta más países que se sumen a esa lista negra. Sin ir más lejos, ayer conocíamos que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, cedía antes las presiones de todo tipo, nacionales e internacionales, e indultaba a quienes habían tenido la osadía de criticarle. El Universo, el diario que cometió tal imprudencia en un país, mira tú, que también creíamos democrático, se muestra ahora cautos. Nada de descorchar el champán hasta que no se haga efectivo el indulto. ¿Cómo fiarse de quién violó de manera tan flagrante la libertad de prensa?
Hay más, muchos más… y no tenemos que irnos al tópico del mundo islámico, aunque ningún país de la Primavera Árabe haya superado aún esta lacra. La situación para la prensa es crítica en países como Méjico, Colombia, Honduras, Rusia o Ucrania. Y más… porque en otros países como Chile, Brasil, Perú, Bolivia, India, Venezuela, Italia o Grecia aparecen también problemas sensibles. Incluso en nuestro propio país, en EEUU, Argentina, Reino Unido o en Francia la situación es sastifactoria, pero no buena.
La libertad de prensa es uno de los mejores termómetros para medir la madurez y calidad democráticas. Y, en este sentido, tenemos que mirar de nuevo a los nórdicos, que junto a Irlanda, Alemania o Canadá son de los pocos que obtienen el sobresaliente. ¿Se toman alguna vez los gobiernos la temperatura o se limitan a utizar el termómetro como arma arrojadiza? Es algo que, aunque nos cueste, los ciudadanos deberíamos comenzar a exigir.
Colaborador de Público (ex corresponsal oficioso en Londres), periodista vocacional en fase de desintoxicación informativa y pensador irreverente en continua hora extra. Víctima multitarea en rehabilitación. Otro mundo es mejor, pero para eso, entendamos antes éste.