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Rajoy por necesidad

30 abr 2012
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Uno podría dejarse llevar por el título de este post y pensar que son los españoles quienes necesitan a Rajoy. No es el caso. Es Merkel quien parece que se lo arrimará -ni siquiera será ella la que se arrime al líder del PP-, más por necesidad que por gusto. Que Merkel no se fía un pelo de Rajoy es un hecho y la mejor prueba de ello son los constantes bandazos e incumplimientos de promesas electorales que nuestro presidente se está viendo obligado a ejecutar para pelar la pava a la alemana. Nada parece ser suficiente, no obstante.

Mientras, Merkel ve peligrar su dictadura de austeridad con la presumible caída de Sarkozy y el ascenso de Hollande en Francia, dispuesto a liderar la revuelta pro-estímulo en Europa. Una revuelta,  por otro lado, cada vez más apoyada por los diferentes organismos, instituciones y Premios Nobel de Economía. Caído el apoyo de Sarkozy, ¿qué le queda a Merkel? Cameron hace tiempo que está fuera de juego con su euroescepticismo y ni siquiera Monti le sigue ya el juego, reclamando más medidas de estímulo… y, así las cosas, Rajoy es el premio de consolación.

Rajoy, mientras, oposita con todas sus fuerzas al reemplazo del pequeño Napoleón, convencido de que Merkel y sus postulados son la salida de la crisis o, al menos, el manteniento del euro. Pero, ¿realmente es así? Probablemente ni lo uno ni lo otro. Las políticas seguidas hasta la fecha no han dado sus frutos e, incluso, han acentuado aún más la crisis. En cuanto al euro y a sabiendas del enorme sacrificio que nos supondría la salida, ¿nos está ayudando a escapar de la recesión? Quizás los sacrificios necesarios para mantener el euro sean mayores que los afrontados para dejarlo atrás… y me refiero a los que ha de afrontar el ciudadano medio, no las grandes fortunas y poderosos, a los que el mantinimiento del sistema beneficia en sumo grado.

Además, de volver a la peseta, Montoro estaría encantado con la cantidad nuevas regularizaciones de dinero negro que se realizarían…

Cordón sanitario para ladrones

20 abr 2012
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El colapso moral en Europa es total. Ninguna de sus instituciones se ha salvado de la dictadura del capital: lo justifica, lo aplaude, lo encubre y lo protege. La crisis no ha llegado por culpa de la inmigración y, por tanto, la salida no pasa por culpar -si no criminalizar- a los inmigrantes. Los señores feudales de Europa, Merkel y Sarkozy, propusieron ayer terminar con una de las razones de ser de la Unión Europea: la libre circulación de personas.

Al mismo tiempo, nuestro ministro del Interior no encuentra mejor solución para frenar posibles actos violentos durante la cumbre del Banco Central Europeo (BCE) en Barcelona (2 al 4 de mayo), que reestablecer los controles fronterizos. En un zafío uso del lenguaje, quizás por malintencionado, quizás por ignorante, Jorge Fernández Díaz identifica ‘antisistema’ con violento. Se equivoca, lo uno no implica a lo otro, y viceversa. Podrá parar a los antisistema de fuera, pero no a los de dentro. Mal que le pese.

Ambas medidas, la del tándem Merkozy y nuestro propio Gobierno, establecen un cordón sanitario para ladrones e ineptos. A fin de cuentas, es el BCE el que no quiso supo ver cómo venía la crisis a pesar de que los expertos encendían las luces de alarma. Fue el BCE y la UE quienes no ejercieron los controles necesarios previos en los países intervenidos y es el BCE quien inyecta dinero en bancos a fondo perdido mientras Gobiernos y UE toleran que esos mismos bancos se forren comprando deuda soberana y cerrando el grifo al crédito para pymes y familias. Y el dinero que se esfumó, el dinero que se ha estafado al pueblo sin aparecer y sin intento alguno de que aparezca.

Dicho de otro modo y tirando de refranero español, “reunión de pastores, oveja muerta”. Huelga decir quiénes son los pastores y quiénes las ovejas… o los borregos. Y yo no quiero ser borrego. ¿Y usted?

Comunismo malo, malo

01 mar 2012
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  • “Es a lo que se llega con estos regímenes ideales del comunismo. Mucho tanque y mucho barco para ‘sujetar’ el régimen y la población se muere de hambre…”
  • “Paraíso socialista, hambre ruina y muchas armas, centrales nucleares de pésima calidad que luego revientan solas. Todos los experimentos comunistas han acabado igual. En países democráticos la izquierda lo primero que reclama es lo contrario de lo que hay en sus experimentos, exigen cerrar centrales nucleares”
  • “Otro gran triunfo del comunismo y de la izquierda en general!!…”
  • “El ‘amado líder’ tiene a su pueblo muerto de hambre , un gran logro del comunismo que aplaude nuestra izquierda progresista”

Todos son comentarios de lectores en referencia a la noticia de que Corea del Norte paraliza su programa nuclear a cambio de alimentos de EEUU, que volverá a sacar pecho por su defensa de los DDHH. Los dos primeros comentarios son de este mismo diario, los últimos de periódicos conservadores. Cortados por el mismo patrón. ¿Qué patrón? El de la incultura. Y lo peor de todo es que no se lo podemos reprochar demasiado, porque la mayor parte de la culpa de su situación la encontramos en los gobernantes que tenemos.

Vayamos por partes. ¿Por qué se comete el error de base de identificar ‘comunismo’ y ‘democracia’ como términos opuestos? Que encontremos ejemplos a lo largo de la historia en los que el comunismo ha generado tiranos no es razón suficiente para demonizar una fórmula que, quizás, sea la que nos salve de la actual crisis. ‘Comunismo’, en todo caso, es antónimo de ‘capitalismo’, incluso podríamos decir que es su freno natural, pero no de ‘democracia’. De hecho, si por algo se caracteriza el socialismo es por llevar a la práctica la máxima de Platón -heredada siglos después por el mismo Robespierre- de que “gobiernen las leyes y no los hombres”… algo que en la actual dictadura capitalista, de esos “mercados” tan nombrados, parece imposible.

Así las cosas, vayamos a nuestra sociedad donde, no se equivoquen los autores de los comentarios de arriba, no tenemos un régimen democrático, sino capitalista. ¿Cuáles son sus logros? Bueno, si miramos a EEUU, ese gran defensor de los DDHH, 49 millones de pobres. Si miramos a España, 11,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social . Si miramos a Alemania, la tan elogiada locomotora alemana: el 25% de la Población Económicamente Activa sufre contratos temporales -mini jobs- de tan sólo 230 euros al mes y el 10% de los más ricos acapara una
cuarta parte del total de los ingresos del país. Y pesar de estos clamorosos fracasos, nadie se atreve a decir hay que acabar con estos regímenes… bueno… sí hay alguien, muchos, y se les tacha de ‘antisistemas’.

¿Por qué la gente sigue cayendo en estos errores? ¿Por qué se critica a los ‘mercados’ y no se arremete contra el ‘capitalismo’? En definitiva, ¿por qué se razona tan poco? Bueno, porque la propia estructura capitalista nos lo impide y aplaudimos el hecho de que el capitalismo se quiera curar con más capitalismo. Porque la escuela, la universidad y las bibliotecas hace tiempo que dejaron de formar ciudadanos para fabricar consumidores. Aquí, en EEUU y en Alemania… y si no, ¿cómo es posible que Merkel goce justo ahora de un récord de popularidad?

Si aplicáramos al capitalismo, aunque fuera mínimamente, la condena al comunismo de esos que se pretenden grandes demócratas, hace mucho tiempo que deberíamos haber zanjado este régimen. Y entonces, quizás, podríamos descansar en lugar de crecer por crecer. Quizás, podríamos ser felices y tener la cultura y la sabiduría suficientes para ser conscientes de ello.

Negocios, ética y jacobinos

30 sep 2011
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En una semana en la que todas las miradas estaban, una vez más, en Angela Merkel y la aprobación o no por parte del Bundestag de la reforma y ampliación del fondo europeo de rescate, seguramente no han oido hablar de una reunión que ha tenido lugar en Polonia, bajo el sugerente lema “Negocios y Ética”. El encuentro, auspiciado por el Grupo de Empresarios del Consejo Económico y Social Europeo, ha reunido a magnates de los negocios, filósofos y periodistas.

El objetivo del evento era marcar unas directrices que, mirando a los errores que nos han conducido a la actual crisis para evitar que se repitan, ayuden a construir un nuevo orden económico en el que la ética y los valores morales jueguen un papel central. El mensaje, desde luego, es bonito, hasta entrañable, tanto como las palabras de Ed Miliband, el líder laborista, que sonaron esta misma semana en Liverpool cuando distinguió entre empresas “productoras” y “depredadoras”, según su compromiso y aportación social.

Pero a la hora de la verdad, es que ni usted ni yo oímos hablar de esta reunión en Polonia, ni tampoco los señores feudales de la Unión Europea (UE), esto es, Merkel o Sarkozy. De hecho, éste último andaba entretenido, inaugurando en Tánger con Mohamed VI el arranque del AVE marroquí. Un AVE 100% francés, adjudicado a dedo y en el que empresas españolas o alemanas, por citar dos ejemplos, no han tenido ninguna oportunidad. Un AVE que bien vale aplaudir públicamente los “avances democráticos” de Mohamed VI mientras en la prensa internacional aparecen fotografías de nuevas revueltas en los territorios ocupados del Sáhara Occidental, acompañadas de denuncias de salvajes torturas a los saharauis por parte de la policía marroquí.

Mientras en Polonia se hablaba de “Negocios y Ética”, la Eurocámara rechazaba llevar el acuerdo de pesca con Marruecos al Tribunal de Justicia de la UE para que se dictamine si es legal o no, pues se plantean serias dudas. El tratado, del que se benefician mayoritariamente los pesqueros españoles -de las 119 licencias concedidas, un centenar son para España- a cambio de 36,1 millones de euros al año, incluye aguas del Sáhara Occidental, ilegalmente ocupadas por Marruecos y declarado territorio autónomo por la ONU.

Y con esta perspectiva uno se pregunta en manos de quiénes está nuestro destino y si quiere formar parte de él. Y entonces, aparecen los movimientos sociales que se extienden por todo el mundo, como un bálsamo para las entrañas escocidas. Así, hasta cuando a uno le llaman “jacobino”, en los tiempos que corren, parece un piropo del que sentirse orgulloso y entran ganas de cambiar la imagen del Che, como ideal revolucionario, por la de Robespierre. Enfundarse la camiseta estampada con su rostro y poner a prueba las teorías neorrealistas de las Relaciones Internacionales, esas que niegan la influencia de las políticas domésticas en el contexto mundial.

Cambiemos eso y, si es necesario, globalizando el espíritu jacobino para que ya no sea doméstico… y mucho menos domesticado.