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El médico que quiere gobernar Egipto

23 may 2012
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Hoy son las elecciones presidenciales en Egipto, un país en donde si ha quedado algo patente es que la transición que no ha habido en la política sí se ha producido en la sociedad, al menos en términos de descontento, de protesta, de lucha contra el autoristarismo. Pero, ¿es real esta transición social o sólo un espejismo? Cuando menos, podemos hablar de dudas al respecto.

Los 50 millones de electores que están llamados hoy a las urnas podría votar como su presidente a Abul Futuh, un ex Hermano Musulmán (expulsado en 2010 cuando anunció su candidatura), médico jubilado de 61 años y defensor de la sharía. Este musulmán moderado se presenta como independiente y, siempre jugando con un lengua político flexible para unos, con la demagogia para otros, ha calado en buena parte del tejido social. Entre sus promesas, que la mitad de sus altos cargos sean ostentados por jóvenes. ¿Es Abul Futuh un clavo ardiendo?

Si repasamos el proceso electoral, vemos que hasta hace poco, cuando la Alta Comisión para las Elecciones Presidenciales decidió expulsarle, uno de los candidatos era Omar Solimán, ex jefe de los servicios secretos y vicepresidente con el dictador -sin el ‘ex’, porque será dictador hasta el día que se muera- Mubarak. Y adivinen, en abril según los sondeos -poco fiables, pero los únicos que manejamos-, con un 38% de indecisos declarados, Solimán era el virtual ganador con un 20% de los votos. Dice poco sobre una transición social.

Expulsado Solimán -y otros nueve candidatos-, comprobamos cómo el segundo y tercero con más opciones de ganar las elecciones tras Abul Futuh son ex ministros de Mubarak. ¿Qué legitimidad pueden tener? En realidad, si son elegidos, toda, pues lo habrán sido por la vía democrática. Moralmente, ninguna. Pero la democracia es así de engañosa: Solimán aseguraba que Egipto no está preparada para la democracia pero no dudó en presentarse a las elecciones; en Occidente a otros líderes, incluso, presidentes de Gobierno, se les llena la boca de democracia y luego no la ponen en práctica.

Salga quien salga, el 1 de julio tendrá que asumir responsabilidades y afrontar varios retos: el primero, la transferencia de poder desde el SCAF (Consejo Supremo de Fuerzas Armadas); el segundo, la redacción y puesta en práctica de una constitución que se está haciendo esperar con una asamblea constituyente compleja. Y todo ello con la amenaza disfrazada de apoyo y diplomacia de las interferencias de Occidente.

Duelo oficial por un asesino

20 dic 2011
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No puedo decir que sorprenda ver llorar a moco tendido a algunos coreanos al conocer la muerte de Kim Jong-il, -lo mismo sucedió en España el 20-N de 1975-, pero desde luego no deja indiferente. Ha muerto un tirano, un asesino. La muerte no hace menos malo a nadie…tampoco más bueno. Somos nosotros los que idealizamos para bien o para mal pero, objetivamente hablando, el dictador coreano sembró más desgracia que felicidad en su paso por este mundo. Creo que, a pesar de las imágenes de lloros, con su defunción se han invertido las tornas, incluso, en su propio país.

La muerte ha abierto una tímida puerta a la esperanza para el pueblo coreano, que vive en condiciones lamentables. Y digo ‘tímida’ porque el sucesor, su hijo, no invita a una apertura democrática, ni a un replanteamiento de las inversiones estatales que prácticamente son absorbidas en su totalidad por el programa nuclear en lugar de recaer en el porvenir del pueblo. Y con ‘apertura democrática’ no quiero decir sumisión a Occidente, ni nuevo impulso al capitalismo, ni rendición de pleitesías a EEUU. Nada más lejos de la realidad. Hablo, más bien, de construir una nación en lugar de un cortijo oriental en el que el monarca se pega la vida padre mientras su pueblo muere sin poder protestar.

Precisamente la ONU ha condenado esta violación sistemática de los Derechos Humanos (DDHH) en Corea del Norte y Siria. La votación se ha saldado con 123 países a favor y 16 en contra, entre los que se encuentran China, Argelia, Bielorrusia, Cuba, Egipto, Irán, Birmania, Omán, Rusia, Sudán, Uzbekistán, Venezuela, Vietnam y Zimbabwe. Sí, han leído bien, EGIPTO. Qué cosas. Eso merecería un post aparte. Piensen en ello.

Aún más lamentable que quienes votaron en contra es quienes se abstuvieron: hasta 51 odiosas abstenciones de países como Ecuador o Nicaragua. Y es que, no me cansaré de decirlo, en política la abstención, que es sinónimo de indefinición, no es justificable desde ningún punto de vista.

Como tampoco lo es llorar a un asesino. Y es lo que el régimen de los Castro pretende hacer con Cuba. El gobierno castrista ha decretado duelo oficial de tres días por la muerte de Kim Jong-il. Otros, como Hugo Chávez, han expresado “su más sincero pesar”. Entro ambos extremos, hay un abismo y es que no hay justificación posible para avalar las matanzas y violaciones de DDHH de un tirano. No lo hay. Ni siquiera la búsqueda desesperada de aliados enemigos de EEUU. Siempre hay otras vías, como lo es el acercamiento a otros aliados de tu enemigo. Ya saben, la máxima de ‘divide y vencerás’ que, en el caso de Cuba, los Castro no han sabido llevar a término.

Posiciones como la mantenida ahora con la muerte de un asesino no acercan, más bien alejan al país del resto de la Comunidad Internacional. En realidad, es un intento de forzar artificialmente la construcción de dos ejes opuestos: Occidente y Oriente. La nueva Guerra Fría del siglo XXI que entremezcla religión con los fantasmas del terror islámico, poder embadurnado de capitalismo fracasado y amenazas radiactivas. Los mismos errores, a su vez, que se cometen en el otro lado, con hipocresía disfrazada de diplomacia y venganzas maquilladas de guerras justas.

¿Saben qué pasa? Que uno, más en estas fechas, sueña con que llegará un país y marcará la diferencia. Pero no es así. Siempre hay una Cuba o un Egipto que se encargan de romper los sueños.

Egipto vende cara su libertad

22 nov 2011
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El futuro para Egipto es hoy más incierto que nunca. ¿Podemos seguir hablando de Primavera Árabe? Su espíritu persiste entre los activistas sociales pero los apoyos no. La revolución de la plaza de Tahrir que sirvió de ejemplo e inspiración a muchos otros países del mundo -no sólo de Oriente, también de Occidente- tuvo éxito, en gran parte, gracias al apoyo que tuvo del Ejército…o, mejor dicho, a la no oposición.

Sin embargo, aquello no fue más que una artimaña para enquistarse en el poder como de hecho así ha ocurrido. Con el mariscal Mohamed Tantaui, jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) actuando con el manual del buen dictador militar bajo del brazo, los disturbios en las calles ya se han cobrado una veintena de muertos y más de 1.700 heridos desde la semana pasada. La tensión en las calles ha alcanzado tales cotas que ni siquiera la dimisión del Gobierno calma los ánimos a menos de una semana de las elecciones parlamentarias, por fases y que se extienden en el tiempo con tal complejidad que muy pocos las entienden de veras.

Ya en el mes de octubre, antes de que las protestas -duramente reprimidas- comenzaran, el periódico Al Sharouk denunciaba los planes del Ejército, asegurando que violaban la declaración constitucional. Hoy mismo, Amnistía Internacional ha presentado en Londres un informe en el que denuncia que las violaciones de Derechos Humanos son mayores ahora que bajo el régimen de Mubarak. Y con este panorama, este lunes nueva manifestación en la que los Hermanos Musulmanes no participarán. Corren rumores de negociaciones entre Ejército y partidos, apalabrando cargos en el nuevo Gobierno.

¿Está fracasando la Primavera Árabe o, por el contrario, sigue triunfando porque el pueblo se niega a aceptar un simple cambio de gorra? Los activistas sociales están decididos a poner caro el precio de sus cabezas. No basta con deponer a un dictador, es preciso alcanzar un verdadero estado democrático -con todas las carencias y deficiencias que este sistema presenta- en el que el pueblo se sienta representado, en el que respire libertad. No hay otro camino y figuras como el mariscal Tantaui, sencillamente, sobran. Recuerda demasiado a historias pasadas que no terminaron bien. La diferencia con el pasado es que el egipcio siente que ya no tiene nada que perder y todo por ganar. Veremos si quienes mueven los hilos detrás de Tantaui y quienes tan sólo aspiran a ser uno de esos hilos opinan lo mismo.

Egipto y su reválida democrática

10 oct 2011
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Este fin de semana se han vivido las peores revueltas en El Cairo desde la caída del dictador Mubarak. Han llovido las acusaciones contra la policía militar por haberse excedido en el empleo de la fuerza contra los manifestantes cristianos coptos y las cifras, desde luego, sí que revelan que la situación no se gestionó correctamente: al menos 24 muertos y más de 200 heridos en el centro de El Cairo. El mismo escenario pacífico de la Primavera Árabe se torna ahora sangriento, llegando a imponerse el toque de queda.

El primer ministro, Essam Sharaf, ha negado que se trate de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes.  En su opinión, no es un problema de religiones, sino de enemigos de la nación contrarios a la Primavera Árabe, opuestos al cambio. Pero la realidad es que, sea o no un enfrentamiento entre coptos y musulmanes, hay un problema de fondo.

Los cristianos coptos son una minoría social; suponen aproximadamente un 10% de la población egipcia. Y como minoría, siempre temerosa de que la mayoría -islámica- termine por acorralarla asfixiándola socialmente, reforzando sus argumentos con críticas vertidas contra la policía por su tibieza a la hora de intervenir cuando con anterioridad se han producido agresiones a grupos cristianos.

Ya 2011 arrancaba, en pleno Año Nuevo, con una bomba en una iglesia cristiana de Alejandría; además, el pasado mes de mayo ya hubo revueltas, entonces sí entre cristianos y musulmanes, después de que cundieran los rumores de que los primeros estaban ahorcando a un hombre que se ha había convertido al Islam. El Gobierno, entonces, puso en marcha la maquinaria para establecer nuevas leyes que penalizaran los crímenes por violencia sectaria.

Por eso, escuchar a Sharaf negar un problema no llama al optimismo. De hecho, escuchar sus palabras tachando a los manifestantes del fin de semana como enemigos del cambio democrático, que “es un complot contra el país” detrás del cual puede haber extranjeros, recuerda a las palabras de Bashar al-Assad cuando arrancaron las revueltas en Siria. Y si echamos un vistazo a los últimos acontecimientos, podemos ver que el Gobierno de Sharaf cerró el canal de televisión que retransmitía en directo el caos de las revueltas o que los episodios de la dura represión de la policía no son aislados, ya hubo otros contra universitarios en Alejandría.

¿Está el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) facilitando el mejor de los escenarios para un aperturismo democrático, para allanar el camino -por definición empedrado- hacia el cambio? Ya hay voces en Twitter que califican a los miembros del SCAF de asesinos. El proceso hacia la democracia no es sencillo y si hace meses todas las miradas se centraban en Egipto como ejemplo de cómo derrocar pacíficamente a un dictador, hoy también está en el punto de mira. ¿Será también ejemplo del cambio? ¿Pasará su propia reválida democrática?