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Un aviso de 800 millones

11 jul 2011
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Tras la incursión norteamericana en Pakistán, al más puro estilo ‘Chuck Norris’, que llevó al asesinato de Bin Landen sin juicio previo, las relaciones con EEUU se han tensado hasta que finalmente se han quebrado. Si hace unos días el gobierno de Asif Ali Zardari expulsaba a los entrenadores militares norteamericanos, ahora la Administración Obama ha retirado el paquete de 800 millones de euros de ayudas. Supone algo más de un tercio de los 2.000 millones de dólares que EEUU entrega a Pakistán con fines de seguridad.

Ha sido un toque de atención por parte de Hillary Clinton, que ha visto cómo en los últimos meses también se han limitado las actuaciones de la CIA en suelo paquistaní -sobrevuela la amenaza de llegar a cerrar su base- e, incluso, se han limitado visados para diplomáticos estadounidenses. Mientras, el país enfrenta su propio proceso democratizador con un gobierno en el que el peso específico del ejército continúa siendo demasiado grande, afianzado además con sus tensiones fronterizas con Afganistán y la pugna contra los talibanes por mantener la histórica ‘Línea Durand’ van in crescendo.

El discurso estadounidense continúa identificando a Pakistán como uno de los principales escenarios para luchar contra Al-Qaeda y, en concreto, contra el maestro -y ahora relevo- de Bin Landen: Ayman al-Zawahiri. Pero esta lucha ha de realizarse a su modo, según sus normas y, en muchos casos, con sus propios efectivos. EEUU no delega, planifica y actúa. Por eso Clinton ha querido mandar ese toque de atención de 800 millones, lanzando un mensaje: “no muerdas la mano que te da de comer”. Al mismo tiempo, se ha arrancado espontáneamente una campaña de descrédito de las instituciones paquistanís, sugiriendo vínculos directos y complicidad con Bin Laden y Ali Zardari o acusando a dos antiguos generales de ‘forrarse’ vendiendo tecnología de uranio enriquecido a Corea del Norte.

Por su parte, Pakistán se desmarca, sacando orgullo patrio y menospreciando los dólares envenedados, esos que llegan al país con la contrapartida de fuerzas de ocupación bajo el paraguas de la democratización. Ironías de la vida: Pakistán es, de largo, uno de los países que más efectivos militares da a la ONU para sus misiones de pacificación. Y se acerca cada vez más a Irán y la doctrina antiamericana de Mahmoud Ahmadinejad, la misma que quiere expulsar definitivamente a EEUU de Oriente Medio. Por lo pronto, las tropas estadounidenses tendrán que abandonar Irak definitivamente el próximo 31 de diciembre; y ya ha comenzado la progresiva retirada de Afganistán que concluirá hacia el 2014.

Ahmadinejad está haciendo gala de una de las mayores virtudes islámicas: su infinita paciencia. A diferencia de Occidente, el presidente iraní no se precipita, es más un corredor de fondo que un sprinter. Como decimos en España, Ahmadinejad es más amigo de una estrategia de pico y pala, descartando arrasar como un elefante en una cacharrería. Y, poco a poco, la semilla antiamericana que ha sembrado en la región está germinando, casi silenciosamente. Y cuando surja la planta -veremos si de bella flor o carnívora-, él mismo se encargará de regarla. Y el dibujo geopolítico puede cambiar mucho, tanto, que ni siquiera el discurso de abanderado de la libertad y la democracia de EEUU será suficiente para volver a entrar. Y ahí no surgirán evocativos bautizos como ‘Primavera Árabe’.

GeograCIA política

15 jun 2011
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A pesar de los intentos de Hillary Clinton y sus adláteres, las relaciones entre EEUU y Pakistán están seriamente deterioradas desde la Operación Gerónimo que concluyó con el asesinato de Bin Landen. Hoy se ha hecho pública la detención en Pakistán de varios informadores locales que colaboraron con la CIA en esta operación. Sigue tensándose, pues, la cuerda entre el gobierno de Obama y Zardari, cuestionándose en ciertos círculos los 3.000 millones de dólares en ayudas que EEUU prevía dar para 2012.

¿Es legítimo el malestar de Zardari con Obama? Los datos objetivos hablan de la existencia de un acuerdo previo en 2001 entre los antiguos líderes -Bush y Musharraf- en virtud del cual EEUU tenía carta blanca durante 10 años -vencía justo este año- para que fuerzas estadounidenses llevaran acciones militares unilaterales en territorio paquistaní contra Bin laden o Ayman al Zauahiri. Sin embargo, el acuerdo vencía este año y los actores han cambiado en ambos bandos.

¿Qué llevó a EEUU a vulnerar el espacio paquistaní, cometiendo un asesinato sin juicio previo y, después, arrojar el cadáver al mar? Si uno atiende a las declaraciones que realizó la semana pasada el director de la CIA, Leon Panetta, en el Congreso, se hará una idea muy clara: según Panetta, el papel de Pakistán en la localización del paradero de Bin Landen ha sido de participación o incompetencia.

Si, además, uno revisa la historia de la CIA, ya no tendrá dudas a la hora de entender como ésta ha sido clave en el dibujo de la geografía política actual. Hace tan sólo cuatro años, se descubrió cómo la CIA destruyó vídeos de interrogatorios a miembros de Al Qaeda, usando técnicas como el waterboarding o, lo que es lo mismo, la bañera que la Gestapo ya empleara con sus prisioneros, como vivió en sus propias carnes el recientemente fallecido Semprún. Ya en la etapa del antiguo director, Michael Hayden, se admitieron secretos a voces, como los planes llevados a cabo por la Inteligencia estadounidense para asesinar a Fidel Castro, Patrice Lumumba o Rafael Leónidas Trujillo.

La diferencia es que el asesinato de Bin Landen se ha hecho público, primero, por la imposibilidad de acallarlo teniendo en cuenta las posibles represalias terroristas; y segundo, por la subida de popularidad que tanto necesitaba Obama a un año de las elecciones y con el bando republicano en plena carrera de primarias. Zardari se ha visto en una situación muy embarazosa, teniendo que admitir que el terrorista más buscado de todos los tiempos estaba oculto a unos pocos kilómetros de la capital.

¿Se puede permitir Pakistán el lujo de renunciar a las cooperación de EEUU, aún asumiendo las contraprestaciones que ello trae consigo? Pues en eso está, como prueban los intentos por parte de su Gobierno de ser miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), cuya cumbre se celebra estos días en Astaná reuniendo a líderes como Mahmud Ahmadineyad, Medvédev o Jintao, entre otros. De conseguirlo, el dibujo de Oriente Medio puede cambiar significativamente, demasiado, quizás, para los intereses norteamericanos.