La casualidad o el oportunismo han hecho que, coincidiendo con el polémico canje del preso israelí por más de 1.000 palestinos -entre ellos, terroristas con muertes de decenas de civiles a sus espaldas- la cadena francesa Europe1 ha entrevistado desde la prisión de La Santé al venezolano Ilich Ramírez Sánchez. A muchos, ese nombre no les dirá demasiado, pero si les digo que se trata de Carlos, ‘el Chacal’, la inmensa mayoría sabrán de quién hablo. Un preso, un terrorista y para muchos, uno de los mayores defensores de la causa palestina.
En la década de los años 70, Ramírez actúo bajo el auspicio del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), poniendo en jaque en los 80 a las autoridades francesas cuyos servicios secretos, finalmente, le detuvieron en extrañas circunstancias en Jartúm (Sudán) en 1994. Ramírez siempre ha alegado que se trató de un secuestro orquestado por el que fuera ministro del Interior francés, Charles Pasqua, contra el que está emprendiendo acciones legales, ahora que ya no es senador.
Sea como fuere, ‘el Chacal’ cumple cadena perpetua, aunque durante la entrevista se ha mostrado confiado en salir pronto de la cárcel. A sus 62 años, comparte presidio con el ex dictador panameño Manuel Antonio Noriega (78 años), que arrastra una condena de siete años por blanqueo de dinero del narcotráfico, y se felicita por mantenerse aún con vida. Su sueño, obtener la libertad y, según apunta en la charla con Europe1, ”ir a rezar ante la tumba del libertador Simón Bolívar en el panteón nacional de Caracas”.
¿Qué se le pasará por la cabeza a Ramírez cuando haya leído las noticias del intercambio israelí? ¿Qué opinión le merecerá Netanyahu, capaz de negociar un canje de esta naturaleza con Hamas, pero no de hablar con la Autoridad Nacional Palestina? ¿Y de las 2.600 nuevas viviendas que Israel planea construir en Jerusalem Este? ¿Cómo actuaría ‘el Chacal’ si estuviera ahora en activo? ¿Sería uno de los presos canjeados ahora, si no hubiera sido ‘secuestrado’, como él asegura, por Francia?
Muchas incógnitas que la entrevista no desvela. Lo que sí revela es su sentido de la responsabilidad, su modo de ser consecuente con los actos. A la pregunta del entrevistador de si han merecido la pena los 17 años que lleva ya en la cárcel, Ramírez es muy claro: “Lo lamento, pero es el precio a pagar”. Exactamente lo mismo que piensan los dos bandos aún enfrentados, israelís y palestinos.
“Los que somos amigos de Israel debemos entender que la verdadera seguridad del Estado judío requiere una Palestina independiente, que permita a los palestinos vivir con dignidad y con oportunidades”. Son palabras de Obama en la Asamblea General de la ONU… hace un año. Ha llovido desde aquello, y a pesar de que la Oficina del Coordinador Especial de la ONU para el Proceso de Paz en Medio Oriente (UNSCO) asegura que Palestina ha alcanzado “un logro importante que debe ser reconocido y debe mantenerse para seguir construyendo sobre él”, es seguro que EEUU vetará esta semana el reconocimiento de Palestina como Estado en el Consejo de Seguridad.
Esta es una semana clave para Palestina pues, a pesar de ese veto, pasaría de tener un estatus de mero observador a ser Estado no miembro, suficiente para tener entrada en algunos organismos internacionales como la Corte Penal Internacional (CPI). Este reconocimiento de Estado, en realidad, no supondría grandes cambios para el palestino en su día a día. No al menos a corto plazo. Sin embargo, se convertiría en un punto de inflexión extraordinario en el conflicto: Israel pasaría a ser automáticamente una fuerza ocupante. Y eso son palabras mayores. Y eso es lo que siembra cierto pánico en el Gobierno de Netanyahu sobre el que, incluso, planea la sombra de cargos en la CPI.
Por eso ha ejercido toda la presión que ha podido sobre EEUU, consiguiendo que las palabras de hace un año de Obama le conviertan en un tipo sin principios -al menos en esta cuestión, y cuando los principios se sacrifican en un punto, ¿se conservan en los demás?-. Y ahora EEUU está haciendo lo posible por extender esa presión al resto de la Comunidad Internacional. Lo hace a través de las reuniones de última hora del Cuarteto para Oriente Próximo (EEUU, Rusia, UE y ONU) y, sobre todo, con la entrevista que han mantenido Hillary Clinton, secretaria de Estado de EEUU, y Catherine Ashton, Alta Representante para Política Exterior de la Unión Europea (UE).
¿Se plegará la UE a los intereses de Israel y EEUU? Si lo hace, no sólo dañará una vez más su imagen de unidad -hay países en la UE, entre ellos España, que apoyan a Palestina frente a otros como Reino Unido, Alemania o Italia que no-, sino que se caricaturizará más de lo que habitualmente hace, sin ser consecuente y tirando por tierra las ayudas de la UE para la construcción de un Estado palestino, cifradas en más de 1.000 millones de euros al año.
Mahmud Abbas se ha convertido en hombre fuerte de una Palestina que nunca antes estuvo tan cerca de conseguir su libertad. Pero es pronto para cantar victoria. Tras el reconocimiento de Palestina, ésta tendrá que sufrir. Y mucho. Israel romperá cualquier acuerdo previo y recrudecerá las condiciones de vida de los palestinos de Jerusalem y Cisjordania y EEUU ya ha amenazado con cerrar el grifo a su aportación anual a la Autoridad Palestina, cifrada en unos 367 millones de euros anuales. ¿Cuáles pueden ser los desencadenantes de todo el proceso? Es complicado de predecir, pero considerando las duras condiciones en las que se vive ya en la franja de Gaza debido al bloqueo y que Hamás, que es quien manda allí, se sentirá al margen del proceso respecto a Fatah, los repuntes violentos son más que probables.
Y los culpables habrá que buscarlos también al otro lado del Atlántico y, quizás, del Mediterráneo. Veremos cómo transcurre la semana, porque ya no hay una posible marcha atrás, por mucho que la diplomacia internacional lo intente. Ante todo, por una mera cuestión de Justicia, Palestina.
Ni siquiera era un secreto a voces. Sencillamente, se sabía. De hecho, siempre se ha sabido, pero ahora la realidad golpea con más dureza: los Gobiernos se pliegan al dinero, renunciando a los principios más esenciales de Justicia e Igualdad. No es necesario bucear demasiado en la prensa para encontrar ejemplos recientes. Comenzando por EEUU, el más fuerte de los últimos años, según Obama, pero que tiene 46 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza. ¿Por qué tras pedir el reestablecimiento de las fronteras palestinas de 1967, Obama anuncia ahora su no reconocimiento ante la ONU del estado palestino? Porque las elecciones presidenciales llegan el año que viene, los fondos para las multimillonarias campañas escasean y el lobby judío es uno de los más ricos. Ni más, ni menos. Entre medias, es cierto, podemos encontrar otras motivaciones, como la histórica alianza estadounidense-israelí, reforzada en los últimos años con la Guerra contra el Terror. Sin embargo, el marcaje del lobby judío a Obama ha sido uno de los más duros de los últimos mandatos.
Pero hay más, como el anuncio ayer del rescate de Europa por parte de los países emergentes. No hace falta ser expresidente, ni un González ni un Aznar, ni ganar sus sueldos como consejeros, para vaticinar una posible “desintegración” de la Eurozona. Hace apenas una semana ya me lo contaba un taxista en Tenerife, harto de “tíos emperchaós” y asolado por la crisis que, en el caso de Canarias se acentúa por el modelo del ‘todo incluido’ para ingleses, que les ‘secuestra’ en los hoteles sin contribuir a generar riqueza en el resto de la isla.
Así que el dibujo que se nos presenta es que China será una de las grandes salvadoras de Europa, empezando por Italia, pues Berlusconi ya ha avanzado en las conversaciones. Probablemente el país más criticado por Occidente por su sistemática violación de los Derechos Humanos será el que intente salvar -no está claro que lo consiga- a la Vieja Europa. En otras palabras, si hay pasta, todo lo demás queda al margen. Es inquietante saber que Europa parece estar decidida a entregarse a la usura, al prestamista implacable que a buen seguro nos pasará factura cuando lo considere oportuno. En cierto modo, es vender el alma al diablo. Y si miramos a la Primavera Árabe, la venta no es distinta. También ellos han vendido su alma al diablo, en su caso, al de Occidente, dando entrada -si es que alguna vez salieron- a los intereses de los poderosos (EEUU, Francia, Reino Unido…), instrumentalizando sus políticas.
Y mientras, leemos incrédulos que Merkel y Sarkozy toman las riendas de Europa y descartan la quiebra de Grecia. La confianza está por los suelos, la falta de integridad y la sumisión a los mercados y al capital tienen la culpa de ello. Y que Berlín y París se empeñen en tratar de calmar los ánimos voceando quién tiene cogida la sartén por el mango no tranquiliza. Lo que inquieta, lo que aterra es averiguar qué huevos son los que se están friendo.
Israel ha vuelto ha recurrir a los bombardeos indiscriminados en la franja de Gaza. Toda una noche de cazas sobrevolando, lanzando sus proyectiles contra civiles cuyos cadáveres yacen aún bajo los escombros a estas horas. Y es que si algo ha demostrado Netanyahu en los últimos tiempos es que no le tiembla el dedo cuando se trata de segar vidas humanas, las vidas de los palestinos. Si estuviera en su mano, no dudaría en exterminar por completo al pueblo que tantos quebraderos de cabeza le está dando. Pero no lo está. Y cada vez, menos.
El próximo mes de septiembre la Autoridad Nacional Palestina acudirá a la ONU para solicitar el reconocimiento de su Estado. En los últimos meses ha ganado más y más apoyos, a pesar del malestar de Israel que, en el caso de España por ejemplo, ha llegado a llamar a consultas al embajador. Aunque es verdad que su poderío económico y el peso que tienen sus lobbies en países clave como EEUU le aseguran a Israel un papel protagonista en las relaciones internacionales, también es cierto que hoy por hoy se siente un poco más solo. El nuevo régimen de Egipto, aún consolidándose, ya le ha dado algún toque de atención; Obama -a pesar de su Congreso- da crédito al Estado Palestino; prácticamente se han roto las relaciones con Qatar, acusada de aliarse a Hamas; y ahora en septiembre, veremos el resultado en la ONU con apoyos para Palestina de, incluso, China. Hasta en el interior del país se inundan sus plazas de indignados.
Ese sentimiento de soledad -que no quiere acrecentar- es lo único que evita que Netanyahu ejecute una auténtica carnicería en Gaza. Prefiere hacerlo con cuentagotas, como esas empresas que en lugar de hacer un ERE despiden poco a poco… para que nadie se entere. Y lo consigue, nos llega que mata a niños, a civiles que sólo han conocido la vida bajo el bloqueo que les condena, pero no nos llega que los mata con armas nuevas, que provocan que los cuerpos que llegan a las Urgencias de Gaza estén prácticamente irreconocibles. Nos llega que fuerzas propalestinas cometen atentados en Jerusalén, pero no que las cárceles de Israel le han cortado la infancia a menores palestinos por acciones contrarias al Estado judío -como tirar piedras- o, tan solo, por ser sospechosos de ellas. Como tampoco nos llegan las deportaciones masivas que está haciendo Netanyahu para tener una Jerusalén limpia de palestinos.
No nos llega nada de eso. Y con todo, sabemos de qué calaña hablamos cuando nos referimos a Netanyahu que ha tensado tanto la cuerda de sus lobbies que en cualquier momento, quizás en septiembre, puede romperse.