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Van un ruso, una americana y… un fraude

06 dic 2011
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Las elecciones rusas del pasado domingo huelen a pucherazo. Se mire como se mire. Y con todo, el batacazo electoral para Putin es considerable y, lo que es peor para el ‘zar’, un preludio de lo que le traerán las presidenciales de marzo del año que viene. Hay nerviosismo, mucho, y eso se percibe en el modo en que la policía rusa está reprimiendo las manifestaciones de activistas de la oposición que reclaman unos sufragios limpios.

Pero hete aquí que llega Hillary Clinton, cuyas dotes para la diplomacia para con Rusia son tan sutiles como un elefante en una cacharrería, y declara, sin previa investigación y en frío, que los comicios no han sido “ni libres ni justos”. La reacción de Rusia no se ha hecho esperar, claro, y desde su ministerio de Exteriores se han tachado las declaraciones de “inaceptables”. ¿Habría hecho estas mismas declaraciones Clinton si el país en cuestión fuera, por ejemplo, Bahrein? ¿O Marruecos, sin ir más lejos? Probablemente no; habría andado con pies de plomo para no pisar ningún callo ajeno.

Sin embargo, cuando se trata de Rusia, cualquier táctica para desestabilizar el país es válida. Incluso la acusación de fraude electoral, de la que la propia EEUU sabe mucho: aunque fuera del bando rival, la llegada de Bush a la presidencia en 2001 estuvo bajo la sombra de fraude en el estado de Florida del que ¡oh, sorpresa! era gobernador su hermano.

¿Significa esto que las elecciones de Rusia dejan de oler a fraude? En absoluto, pero sí es conveniente dar un paso atrás y no ver a Clinton como la defensora del juego limpio.  No lo es y su diferente rasero para medir democracias, sufragios e, incluso, asesinatos de terroristas sin juicio previo es pasmosa… como lo es su desfachatez para meterse en charcos en un momento en el que la potencia de las barras y estrellas pierde cada vez más fuelle.

El yugo de los pobres

31 oct 2011
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Esta mañana he desayunado con la noticia de que Rusia podría entrar en la Organización Mundial de Comercio (OMC). El próximo 15 de diciembre, cuando se reúnan los ministros de Comercio de la OMC, se verá si el freno que está tratando de imponer Georgia fructifica o, por el contrario, se da entrada al régimen de Moscú. La noticia aparece el mismo día que sabemos que el Kremlin está dispuesto a paliar la crisis de la Eurozona a través del Fondo Monetario Internacional (FMI) con algo más de 7.100 millones de euros.

Rusia, enmarcado en el grupo de países emergentes (BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), al rescate de la Vieja Europa. Ambos movimientos del Kremlin vienen motivados, claro está, por el interés propio dentro de una contexto de globalización. ¿Quién rescata a los países más pobres? En realidad, nadie. En estos tiempos, los ricos andan tan preocupados en salvar su acomodado estilo de vida que no reparan en los más pobres. No es que lo hicieran demasiado antes de la crisis, pero la pasividad se ha incrementado exponencialmente. Somalia y la hambruna del Cuerno de África son una prueba irrefutable.

En plena globalización, tanto el FMI como la OMC, que comparten casi 150 países en común, se erigen como las dos grandes fauces del capitalismo. A pesar de que en los postulados de la OMC se habla de que “los pilares sobre los que descansa son los Acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos”, la realidad es bien distinta. Si eres un país pobre, a pesar de ser miembro de la OMC, tu opinión contará bien poco y verás cómo tus aranceles para las importaciones son ridículos y, en cambio, tus exportaciones apenas pueden luchar con los impuestos que te imponen.

¡Sin rechistar! Que si lo haces, los G-20 de turno sabrán hacerte una oferta que no puedas rechazar. Si eres pobre, pero tienes recursos naturales, sobre todo energéticos, caerás mejor tanto al FMI como a la OMC, pero no por eso verás mejorada tu posición significativamente. Serás víctima de la especulación de los grandes, de sus intereses particulares, muchas veces compartidos. Y Rusia ahora, que vuelve a sentirse fuerte, que ve cómo económicamente hablando la Vieja Europa le rinde pleitesía, quiere también especular y alzar su voz global.

Y mientras, les doy otra noticia también de hoy, cientos de jóvenes protestan en Kasala (Sudán) porque no pueden afrontar las fuertes subidas que han experimentado los alimentos.  ¿Creen que la entrada de Rusia en la OMC mejorará su situación? ¿Creen que la OMC en sí ha beneficiado a países como Sudán? ¿De qué hablamos cuando apostamos por un cambio global en realidad? ¿Qué hay que hacer para favorecer un cambio realmente traumático de estas instituciones? Ahí va una lista de preguntas complejas que requieren repuestas aún más complejas y que, seguramente, hasta dan vértigo.

El mus y la tandemocracia rusa

27 jun 2011
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El buen jugador de mus es el que sabe jugar sus cartas, aunque éstas no sean buenas. Es el jugador el que hace buenas las cartas, y no a la inversa. Rusia, en ese sentido, es un digno contrincante. En ocasiones miramos tan fijamente a la política exterior de EEUU que nos olvidamos del que fuera el otro polo del mundo durante la Guerra Fría. El año que viene no sólo asistiremos a las elecciones presidenciales norteamericanas, sino también a las rusas y desde hace tiempo flota en el ambiente la pregunta de hasta cuándo aguantará el tándem entre Medvedev y Putin.

A pesar de que el propio Putin negó en el pasado que fuera a competir en las elecciones de 2012, lo cierto es que su sombra planea cada vez con más intensidad sobre la cabeza de su delfin. ¿Existen grandes diferencias entre los dos líderes? En realidad no, y las que destacan lo hacen más en las formas que en el fondo, al menos en las políticas clave . Prueba de ello fueron la guerra de Georgia en 2008, la disputa por el gas un año después o, más recientemente, el guiño que Medvedev ha hecho a una nueva carrera armamentística si la cooperación con la OTAN en materia de antimisiles fracasa. Con todo, Medvedev es más partidario de la estabilidad, mientras que Putin hace gala de una política mucho más reaccionaria, tal y como evidenció el deterioro de las relaciones con Occidente durante su segundo mandato.

En todo caso, es un gravísimo error subestimar el poder ruso, más aún en el caso de la Unión Europea (UE). Se rompa o no la tandemocracia que han alumbrado Putin y Medvedev -no parece que vaya a hacerlo-, Rusia es un socio estratégico en las relaciones comerciales con Oriente, incluso a pesar de que sus tensiones con China se van incrementando. No pueden pasarse por alto sus magníficas relaciones con las dos Coreas y, sobre todo, con India, con la que jamás ha tenido el más mínimo roce, ni siquiera en materia de programas nucleares.

Por otro lado, en materia de defensa, Rusia es un actor a seguir muy de cerca, sobre todo si ponemos negro sobre blanco y vemos que mientras la estrategia de Rusia para con la Unión Europea (UE) se aparece bien definida, la que se reserva para Asia es un enigma (a pesar de la Shanghai Cooperation Organisation). Su alianza con EEUU contra Afganistán no sólo viene motivada por su temor al terrorismo islámico y al posible contagio en la región sur, sino también por su lucha contra el tráfico de drogas: Rusia es el primer consumidor mundial de heroina. Sin embargo, muy diferente es su papel en Pakistán, país con el que se ha esforzado en los últimos tiempos en mantener buenos lazos, por el bien de su amistad con India.

Así que, tanto si ganara Medevdev como Putin, como si se mantuviera la tandemocracia o, incluso en el improbable caso de que venciera un tercer hombre, la experiencia aconseja andar con pies de plomo ante una Rusia que quiere recuperar mucho terreno perdido.  En septiembre de 2010, Medevdev anunció un proyecto de modernización a largo plazo, con importantes cambios en la estructura federal del gobierno para hacer fuerte al país. Es una pieza más en su apuesta por el multilateralismo internacional, como también lo es el fortalecimiento de alianzas con pequeñas potencias emergentes como Venezuela.

Como en el mus, los hay que juegan de manual y apuestan todo a la mano de EEUU y otros, como Rusia, que juegan al despiste y, además, no vemos todas sus señas.