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Siria contra todos

10 ene 2012
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El discurso de Bashar al Asad de hoy -el cuarto desde que arrancaron las protestas en las calles de Siria- no ha tenido desperdicio. Siguiendo la estrategia de adormecer a la audiencia por espacio de casi dos horas, sobre todo cuando se ha enzarzado en reflexiones sobre el arabismo, el presidente que dejó de ser líder -otro más en la escena internacional- ha arremetido contra sus enemigos que, prácticamente, son todos, del uno al otro confín, con contadas excepciones.

En realidad, su hilo argumental ha cargado más contra los países árabes que contra Occidente, aunque puestos a repartir, siempre hay para todos. Y es que Al Asad ve en algunos países árabes intenciones más agresivas para con Siria que, incluso, otros países occidentales, con EEUU a la cabeza. Y ahí, ha plantado su frase lapidaria, una de esas ‘ideas-fuerza’ que Al Asad, educado en los mejores colegios de Occidente, conoce muy bien: “los países árabes que dan consejos sobre la Democracia son como los médicos que recomiendan dejar de fumar mientras tiene un cigarrillo en la boca”.

Con la prepotencia de saber que “sin Siria, la Liga Árabe no es árabe”, se ha atribuido a él mismo la idea de que acudieran observadores internacionales y ha dejado caer nuevas promesas de reforma. Pero su mensaje ha sido claro e inequívoco: se mantendrá firme tanto en sus ideas como en “los métodos empleados”. Los mismos métodos que han conducido a más de 5.000 muertos en los diez meses de represión que se han vivido en el régimen de Damasco. Y los mismos métodos con los que diversos organismos aseguran que se ha manipulado por completo la misión de los observadores.

Sin embargo, Al Asad es inmune a todo esto y hoy no le ha templado la voz al asegurar tajantemente que “hay más de 60 cadenas de televisión que se dedican a dañar la imagen de Siria”. Incluso, ha vuelto a repetir, como ya hiciera en diciembre, que la entrevista realizada hace unas semanas en la cadena estadounidense ABC fue manipulada; aquella en la que sostenía que sería propio de un “dirigente loco” haber ordenado la masacre de la que se le acusaba.

Mientras Al Asad clama contra el imperalismo árabe del que se cree víctima -y lo diferencia del occidental-, al otro lado del charco, Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez luchan “juntos para siempre“, según el presidente iraní, contra el imperialismo yanqui.  Ambos países han apoyado a Al Asad desde que arrancó el conflicto.  Pero hoy se ha producido un punto de inflexión, apenas imperceptible, pero que marca diferencias entre las aproximaciones de ambos bandos. Si Ahmadineyad y Chávez consideran que los países árabes a los que ha acusado hoy Al Asad están al servicio del imperialismo de Occidente, hoy el presidente sirio les ha otorgado entidad propia, ambición genuina, alumbrando dons imperialismos bien distintos. Y eso, de ser cierto, lo cambia todo.

Se sube el telón, Siria y Jack el Destripador

17 nov 2011
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Se sube el telón: Aparece Jack el Destripador degollando a una muchacha en un callejón mientras Hannibal Lecter, Charles Manson y Jarabo le miran comiendo palomitas. Se baja el telón.

Se sube el telón: Aparecen los tres últimos regañando a Jack el Destripador y retirándole el cuchillo que ellos mismos le habían afilado. Se baja el telón.

¿Cómo se llama la película?

Siria.

Mientras los egipcios siguen a vueltas con su revolución, con la oposición salafista y los Hermanos Musulmanes tratando de resucitar su particular Primavera Árabe -malograda a manos del Ejército-, en Siria continúa la matanza… y al otro lado, las incongruencias, que ahora, además, ya no son tan ‘del otro lado’. Me explico: Reino Unido, Alemania y Francia hacen fuerza para condenar la violencia del régimen de Damasco en la Asamblea General de la ONU . Hasta ahí todo ‘rutinario’ con la salvedad -también rutinaria- de que la Unión Europea (UE) cada vez es menos unión y la UE de los 27 parece haberse quedado reducida a la de tres países… a lo sumo cuatro y los que caen o están a punto de caer.

Pero hete aquí que, unos días después de que la Liga Árabe despertara de su incomprensible letargo, Jordania, Marruecos, Arabia Saudí y Qatar se suman a la condena. ¿Y debemos aplaudir el gesto? ¿Es que no se dan cuenta, precisamente esos países, que con su condena se condenan así mismos? O, dicho de otro modo, que su condena no vale nada, es papel mojado en lo que a las organizaciones de Derechos Humanos respecta. Adjudiquen el papel de Lecter, Manson y Jarabo indistintamente a los países que quieran pero, sobre todo, no dejen que artificios cosméticos y besos de Judas en organismos internacionales hagan bajar el telón de sus conciencias.

El único telón a bajar es el de todos esos regímenes, tanto de Occidente como de Oriente, que convierten la mentira piadosa de la diplomacia en una asquerosa falacia. Lo primero ya era malo, lo segundo, intolerable.

Siria: intervención sí, intervención no

17 oct 2011
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Cuando comencé a escribir este post anoche, la Liga Árabe estudiaba la expulsión de Siria. La reunión de urgencia comenzó ayer a última hora (española) en El Cairo. Al Asad ha estirado tanto la cuerda de la Liga que ésta ya no puede aguantar más… ¿o sí? Sí, sí que puede, porque hoy he amanecido con la noticia de que la suspensión no ha prosperado. Eso sí, han emitido un comunicado en el que indican que “no podemos quedarnos callados ante lo que está ocurriendo en Siria. Ante La violencia, los enfrentamientos y las muertes que nos entristecen profundamente. La Liga Árabe y todos los países árabes tenemos una gran responsabilidad para poner fin a esta crisis en Siria”. Pero no parece que con buenas palabras se vaya a conseguir mucho.

No todo el mundo opina igual a la hora de decidir cuál es la mejor solución para lo que parece innegable: la sistemática violación de los Derechos Humanos de los sirios. No olvidemos que gracias al veto de Rusia y China, el Consejo de Seguridad de la ONU no vetó al régimen sirio… y Brasil, India y Sudáfrica se abstuvieron. Una opción que en materia de decisiones políticas debería estar prohibida, a todos los niveles.

El Consejo Nacional Sirio, en el que se agrupa la mayor parte de los opositores de Al Asad, había lanzado un órdago -ni siquiera un envite-, porque no sólo reclamaba que se expulsara a Siria de la Liga Árabe sino, además, que se reconociera al Consejo como único representante del pueblo sirio. Si la segunda parecía bastante improbable, la primera tenía alguna posibilidad. Al final, ni una ni otra.

Con todo, los ciudadanos sirios no habrían percibido demasiado los beneficios de la suspensión, más bien al contrario. Las pérdidas en productividad que ha supuesto la revolución social a Siria ya superan los 19.500 millones de euros, según apunta el Fondo Monetario Internacional (FMI), y el aislamiento por parte de los países árabes no ayudará a mejorar la situación. Estas son las métricas en contra de las cuales millones de personas se han manifestado este fin de semana por todo el planeta, pero son las métricas que tenemos y las que aplicará Al Asad a su pueblo.

La ONU ya estima en más de 3.000 personas las víctimas del régimen de Damasco. Y suma y sigue. Y el mandatario no parece que se vaya amilanar por la expulsión de la Liga, que antes de la reunión ya amenazó con tomar otras medidas más drásticas si la suspensión no conseguía detener la violencia. ¿Qué medidas si ni siquiera ha aprobado la expulsión? No se ha precisado. Difícil papeleta. ¿Debe la Comunidad Internacional entrometerse en la política interior de un país -a través de cualquiera de sus alianzas mundiales, encabezadas por la ONU- o debe esperar  a que lo resuelvan ellos mismos? Muchos son los partidarios de una intervención, pero todos conocemos la ejecución y, sobre todo, el desenlace. Lo estamos viendo en Libia, con los Cameron, los Sarkozy y los Obama de turno quieren una Libia a su medida. Por eso la misma cantidad de voces que reclamaron la intervención contra Gadafi, hoy la lamentan.

En política internacional no siempre uno puede retractarse a tiempo. Y el pueblo sirio no puede aguantar más y posiblemente sueña con un mismo rasero para todos, a pesar de la mala ejecución y peor desenlace de las intervenciones. Quizás sean ellos, los sirios, los que rompan con esa penosa tradición de contrapartidas, de vidas comerciadas. Al menos, se les debe esa oportunidad.

El teatrillo de la ONU

05 oct 2011
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Una de las máximas de las teorías neorrealistas de las Relaciones  Internacionales -de la que se deriva, precisamente, el nombre de este blog- es que el mundo está determinado por la anarquía del sistema. Suena contradictorio, pero es así: no existe ningún orden global que marque los designios de las Relaciones Internacionales. Son los países, movidos por sus ansias de poder para asegurarse la supervivencia, los que marcan el devenir mundial. En cosencuencia y según las circunstancias, lo que hoy es blanco, mañana será negro, sin atender a criterios de justicia u honestidad, sino a meros intereses particulares. En cosencuencia, de nuevo, la utilidad real de las instituciones mundiales es más que cuestionable, porque en el fondo, no son más que otro teatrillo en el que las marionetas de cada país barren para casa en lugar de pensar en el interés común.

Y eso nos lleva a la ONU y, más recientemente, a cómo Rusia y China han vetado en el Consejo de Seguridad que la ONU intervenga en Siria. La Unión Europea (UE) y EEUU han puesto el grito en el cielo, pero no es muy diferente de lo que ellos han podido hacer en otras ocasiones. Sorprende escuchar al embajador francés en la ONU, Gerard Araud, calificar al veto de “rechazo al extraordinario movimiento en favor de la libertad y la democracia que es la Primavera Árabe”, cuando su país ha sido el único que ha puesto freno con su veto para que la MINURSO, la misión de paz de la ONU en el Sáhara Occidental, vele por el respeto de los Derechos Humanos en la región. Precisamente estos días en los que Javier Bardem, uno de las grandes defensores de la causa saharaui, da la cara por este pueblo ante la Comisión de Descolonización de las Naciones Unidas. Vaya por delante el agradecimiento, a sabiendas de que no servirá de nada desde el punto de vista político, aunque no por ello hay que desfallecer en denunciar las injusticias porque cuando el triunfa la resignación ante los poderes mercenarios, ya no queda esperanza.

Pero la ONU no sirve, no tiene poder y hace años que adolece de la necesidad de una reforma interna colosal, comenzando por sus corruptelas. Si uno lee al colega Frattini en “ONU, la historia de la corrupción”, se escandaliza hasta límites insospechados, descubriendo cómo peces gordos como Boutros-Ghali llegó a nombrar a 24 vicesecretarios generales -algunos de ellos ni siquiera pisaron una sola vez la sede de Nueva York-, a pesar de que sólo tiene derecho a nombrar a nueve. Por citar un ejemplo. Pero es que no hace falta irse tan lejos para comprobar que cualquier que tenga un mínimo de decencia se ve obligado a dimitir cuando le toca trabajo de campo. A la mente me viene Bastagli, el que fuera representante especial de la ONU para el Sáhara Occidental (2005-2006), que dimitió ante la inoperancia de la MINURSO en la oleada de violencia en El Aaiún por parte de Marruecos en diciembre de 2005. Esa es la diferencia entre un Bastagli honesto y un Edmond Mulet, jefe de la MINUSTAH (Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití), que regresó en mayo de este año a su cómodo sillón de la subsecretaría de Operaciones de Mantenimiento de Paz, en plena crisis por los brotes de cólera, asegurando que estaba “muy contento y satisfecho del trabajo realizado” y calificando a Haití como “uno de los países más seguros de la región”.

No se dejen dar lecciones por quienes no predican con el ejemplo. Esto es aplicable para su comunidad de vecinos, para el Gobierno de su país y para el supuesto orden mundial. Son los poderosos quienes mandan, siempre barriendo para casa y sacrificando cuanto sea necesario para ello. O arrimando el ascua a su sardina. Pero, ¿qué pasa si el ascua se apaga, como de hecho se está apagando? Quizás, y no sin muchos sacrificios, sea lo único que saquemos en limpio de esta puñetera crisis.

Los palmeros de EEUU

19 ago 2011
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Siria y los crímenes contra la humanidad que viene cometiendo Al Asad han servido para demostrar una vez más, lamentablemente, que aquí nadie mueve un dedo si no lo hace antes EEUU. Hasta que el presidente Obama no decidió al fin exigir la dimisión al mandatario sirio, los grandes de Europa -Reino Unido, Francia y Alemania- no han hecho lo propio. Ni qué decir tiene que si éstos van a la cola, la política exterior del resto de los miembros de la Unión Europea (UE) ni siquiera hace los coros, se limitan a sacar y guardar las partituras que se les indica. Tirando de jerga flamenca, unos palmeros, vaya.

El influjo estadounidense llega también a Arabia y ya se escuchan voces de Qatar, Kuwait y Arabia Saudí reclamando una sesión extraordinaria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para la semana que viene. Existen informes oficiales de la ONU que podrían llevar a medio centenar del Gobierno de Al Asad a la Corte Penal Internacional. Pero para eso, antes ha de ser derrocado.

La decisión de Obama llega tarde y mal, después de que miles de sirios -más de 2.000- hayan dado su vida por salir de un régimen asfixiante que les condena a no tener futuro. La cifra de heridos supera los 25.000 y ya se habla de miles de desaparecidos. Buena parte de la prensa estadounidense y europea se vanaglorian de la decisión de ese ente, la Comunidad Internacional, hablando incluso de inyección de moral para el pueblo sirio.

En realidad, el pueblo sirio sólo puede creer en él mismo, no se puede permitir el lujo de esperar que lo salven desde fuera. Ya no. Hace tiempo que se sintió abandonado a su suerte, que sufre esas consecuencias. Y ni EEUU, ni la UE, ni siquiera la ONU disponen de los mecanismos necesarios para expular a Al Asad del país, a menos que clonen la guerra de Libia corriendo el riesgo de obtener los mismos resultados. No lo harán porque, además,  en el caso sirio no tienen una figura, un líder definido al que apoyar… tan sólo un pueblo entero y, los pueblos, aunque es de ellos de quienes emana el poder soberano, no cuentan a la hora de tomar decisiones de Estado. ¿Con quién negociar después ‘ese asuntillo menor’ del petróleo?

Lo que se perdió en Hama

01 ago 2011
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Quién le iba a decir a Bashar al Asad, que soñaba con ejercer su carrera en Londres, que sería el autor de una de las mayores matanzas de su país. El accidente de tráfico de su hermano mayor Basel, el heredero legítimo según el manual del buen dictador, haría trizas el sueño del oculista. Atrás han quedado los tiempos en los que el treinteañero Bashar conducía por las noches de Damasco en su Audi, sin guardaespaldas. Por aquel entonces, quién le iba a decir que emularía a su padre, ‘el león de Damasco’, con una nueva matanza en Hama.

Sí, quién le iba a decir a él, tras el referéndum de 2007, que se convertiría en un asesino, que cometería crímenes contra la humanidad. En aquel referéndum, Al Asad obtuvo el apoyo del 97,62% de su pueblo, dicho de otro modo: con un índice de participación del 95,86%, de los cerca de doce millones de sirios llamados a votar, ni siquiera 20.000 votaron en contra del dictador. La oposición, imaginen, declaró pucherazo y los países que se ocultan bajo ese concepto cada vez más abstracto de ‘Comunidad Internacional’ miraron para otro lado.

Quién le iba a decir a Al Asad, tres años después y aún bajo la sombra del pucherazo, en plena gira latinoamericana y con escala en España a su regreso, que masacraría a su población, aunque en su última jura del cargo había prometido “proteger los intereses del pueblo y la seguridad nacional”.

Y quién le iba a decir a la Unión Europea (UE), que hoy tan firmemente condena la matanza de Hama con Alemania a la cabeza reinvindicándose en el Consejo de Seguridad de la ONU, que su socio comercial en Oriente Medio iba tener las manos tan manchadas de sangre. Quién le iba a decir a la UE a mediados del año pasado, que la sangre llegaría a salpicarle cuando el que había sido su presidente hacía tan sólo una semana, el español Rodríguez Zapatero, aseguraba en la conferencia de prensa del 5 de julio de 2010 que “he trasladado al presidente sirio que para España un acuerdo de asociación Unión Europea-Siria es un hecho políticamente conveniente y relevante”.

Quién le iba a decir a Rodríguez Zapatero que quizás, su idea de que “Siria y España, sin duda alguna, tienen un campo importante por desarrollar, sobre todo, en lo que afecta a la presencia empresarial con Siria”, quizás no era del todo acertada. A pesar de que Al Assad dejara claro que “España no formaba parte de los intentos de aislar a Siria cuando varios países europeos trataron de aislarla o debilitarla”.

Quién podía augurar el asesinato de más de un centenar de civiles en Hama. Se lo diré yo. Reporteros Sin Fronteras, que viene denunciado desde hace años el encarcelamiento y muerte de decenas de periodistas a manos del régimen de Damasco… o Human Rights Watch, que estima en más de 17.000 los disidentes desaparecidos en Siria en los últimos 35 años y más de 4.000 presos políticos… o Amnistía Internacional, que tan sólo un día antes de la conferencia de prensa entre Rodríguez Zapatero y Al Assad el año pasado, denunciaba la pena de tres años de prisión al veterano abogado y activista de derechos humanos sirio Haytham al-Maleh, de 78 años de edad, por haber expresado pacíficamente sus opiniones sobre la situación política y de los derechos humanos en Siria. Son sólo algunos de los que tenían las respuestas. Bastaba con prestarles oídos.

Cuando en 2007, Al Asad recorrió el lujoso barrio de Salhieh y juró su revalidación del cargo por otros siete años, los parlamentarios gritaron “sacrificamos nuestra sangre y nuestro alma por ti, Bachar”. Entonces, no sabían que, efectivamente, ellos y otros tantos más allá de sus fronteras, sacrificarían algo más que sus almas.

El oftalmólogo asesino

16 jun 2011
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Ironías de la vida: un oftalmólogo con miopía. Es lo que le sucede a Bashar al Asad -licenciado en Oftalmología por la Universidad de Damasco-, incapaz de ver más allá de su sanguinaria actuación en Siria. Lo acaba de denunciar un informe de la ONU, asegurando que la cifra de asesinados por el régimen de Damasco desde marzo supera los 1.100, con más de 10.000 detenidos. Ejecuciones sumarias, disparos con francotiradores desde helicópteros, proyectiles con tanques, incendios de casas con personas en su interior, torturas… todo el recetario de violaciones de Derechos Humanos.

Siria juega un papel clave en el proceso de pacificación de Oriente Medio. Su inestabilidad es extrarodinariamente contagiosa en la región; no puede obviarse, por ejemplo, que Siria acoge a cerca de 450.000 refugiados palestinos. Sabedor de ello, Al Asad parece estar inmerso en una ilusión óptica, creyendo que saldrá impune de esta sangría sólo por su enclave estratégico, por haberse ganado en 2008 unas cuantas palmaditas en la espalda tras la cumbre sirio-libanesa que supuso su aperturismo diplomático. Ilusión, por otro lado, acrecentada con el oxígeno que le da Irán, el egoismo de Israel por controlar sólo lo que sucede en los Altos del Golán y la pasividad de la Comunidad Internacional. Una miopía que le ha llevado a arrasar cultivos para matar de hambre a su población, hipotecando el futuro inmediato del país.

El 17 de marzo la ONU votó la zona de exclusión aérea para Libia. Casi un mes antes, el 27 de febrero, la ONU aprobaba las primeras sanciones contra Gadafi (bloqueo de sus cuentas, embargo de armas). Entonces, organizaciones como Human Rights Watch cifraban los muertos en menos de 200. Ahora, con una situación significativamente peor en Siria, nadie mueve ficha, pues las sanciones de EEUU y UE han sido tan tibias que no han servido de nada. De hecho, EEUU esperó a que hubiera al menos 850 muertos para abrir la vía de las sanciones o la propia UE que no sancionó a Al Asad hasta el 25 de mayo.

Con todo, hay quienes continúan asegurando que los propios sirios rechazan la ayuda internacional, haciendo gala de un proverbio nacional que reza “el centeno de tu propio país es mejor que el trigo del extranjero”.  Y es que habría que distinguir claramente entre intervención militar y presión internacional pero ésta ni siquiera está haciendo acto de presencia como cabría esperar: una ONU inoperante se muestra aún más vacilante de lo habitual y el Consejo de Seguridad encuentra oposiciones a la sanción en países como Rusia o China, sumándose a las reticencias de los miembros temporales, como Brasil, Sudáfrica e India. En contraposición Francia, que dentro de su particular relación amor-odio que mantiene con Damasco es partidaria de la sanción que, a fin de cuentas, es el paso previo a una potencial intervención.

Y mientras, los sirios caen como moscas bajo los tanques de Al Asad o se ven obligados a desbordar los campamentos de refugiados en la frontera turca. ¿Cuántas fosas comunes descubriremos cuando todo termine? El oftalmólogo sirio habló en su día de conspiración internacional contra él. Viendo la sucesión de acontecimientos, ¿qué argumentos tendrá ahora para seguir aferrándose a su miopía?