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Recetas para una nueva Constitución

28 oct 2011
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La Primavera Árabe nos ha traído uno de los fenómenos más complejos y a la vez más apasionantes de los Estados: el nacimiento de la Democracia y el alumbramiento de una Constitución. Cuando yo era niño, se decía en el colegio que la Constitución era la “ley de leyes”; con el paso de los años, será que por eso del reuma en los mayores, las goteras del texto aparecen y hacen más mella en las articulaciones. Sencillamente, uno se da cuenta de que algunos artículos son, en realidad, declaraciones de intenciones más que esa supuesta ley de leyes.

Ya no digo los artículos 35, “todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo” -vaya día para elegir este artículo-; o el 47, “todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada”, sino otros, como el artículo 7, que indica que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos “deberán ser democráticos”… que se lo digan a las teorías conspirativas de Chacón o a las habituales disciplinas de voto de los partidos… o el artículo 17, “toda persona detenida debe ser informada de forma inmediata, y de modo que le sea comprensible, de sus derechos y de las razones de su detención”… que se lo digan a algunos indignados pacíficos del 15M, cuyos vídeos inundan la red… o el artículo 20, “el ejercicio de estos derechos [comunicar y recibir libremente información veraz] no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”… que se lo digan a mis colegas de Telemadrid… o el artículo 31,  “todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio”… que se lo digan… bueno, ustedes ya saben.

Sea como fuere, el proceso para elaborar una Constitución, de vital importancia a pesar de las goteras, es extraordinario. Hay muchas recetas para ello. Las hay como la española, que en lugar de convocar unas elecciones para formar una asamblea constituyente -es lo que ha hecho Túnez- eligió a dedo a los padres de la Constitución… aunque alguno esta semana casi renuncia a su patria postestad al plantear la exclusión catalana en favor de la adhesión portuguesa. Aquel modo de elegir a los padres de la Constitución hizo, por ejemplo, que quedaran fuerade la Ponencia eminencias del momento, como Enrique Tierno Galván, o partidos decisivos como el PNV.

También hay recetas como las de Marruecos, que desde que promulgara la Constitución en 1962 la ha revisado hasta en cinco ocasiones, optando en una sexta por reformar todo el texto de la Carta Magna. Es el texto que se ratificó en referéndum este mismo año, antes de las elecciones que tendrán lugar el próximo 25 de noviembre y que, curiosamente a un día del plebiscito, fue corregida sin que el pueblo pudiera leer el nuevo texto. Así se las gastan por esos lares, convenciendo a la Unión Europea, cuyo enviado especial para los países de la ribera sur del Mediterráneo, Bernardino León, ha asegurado esta misma mañana que “se trata de cambios profundos, no cosméticos”. Y tan profundos, cambiar un día antes del referéndum que el decreto de nombramiento del presidente del Tribunal Constitucional  sólo ha de estar firmado por el rey, excluyendo al primer ministro, como decía el texto original, admitámoslo, no es cosmético.

¿A dónde quiero llegar? Que la importancia de una Constitución en las Democracias modernas está fuera de dudas, a pesar de ciertos artículos simbólicos cuya aplicación práctica se ha cepillado literalmente el capitalismo -y lo que queda, con las políticas neoliberales en alza-. Sin embargo, las personas que hay en la elaboración de esas Cartas Magnas son aún más cruciales. Túnez ha escogido a los suyos y apunta buenas maneras, con un discurso extraordinariamente aglutinador. Libia trabaja para convocar elecciones en ocho meses para un Congreso Nacional que elabore la Constitución, pero el CNT ya ha anticipado que tendrá marcado carácter islámico, vulnerando derechos de la mujer.  Si se confirman los peores augurios, ¿esa Constitución será necesariamente positiva?

En realidad no, porque Constitución en Democracia no siempre tiene por qué ser positiva. Eso es una falacia debido a la cantidad de mecanismos intermedios que los Poderes utilizan. Y es que, como en la cocina, recetas para una Constitución hay muchas y, además, cada cocinero le pone su particular punto de sal… y a algunos, hasta se les quema.

Nobel de Paz: Ben Mhenni pierde aunque gana

07 oct 2011
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Se acaba de otorgar el Nobel de la Paz, compartido entre la presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, la también liberiana Leymah Gbowee y la activista de Yemen en favor de los derechos humanos Tawakkul Karman. Es un reconocimiento importantísimo por lo que supone para la igualdad de la mujer en todo el mundo y, sobre todo, en África, donde la situación aún es más extrema.

Pero no voy a escribir hoy sobre ellas, ya correrán ríos de tinta -muy merecidos, desde luego-, sino que lo haré de la gran perdedora que, en realidad, gana aunque pierda. Me refiere a la bloguera tunecina Lina Ben Mhenni, que apareció en las quinielas a última hora. Ben Mhenni es la autora del blog A Tunisian Girl, clave en la Primavera Árabe y, en concreto, en el derrocamiento de Ben Ali en Túnez. Esta joven profesora de lingüística en la Universidad de Túnez jugó un papel crucial en la organización de las manifestaciones contra Ben Ali, sobre todo en la del 14 de enero que supuso el derrocamiento definitivo del dictador. De hecho, le costó la detención, aunque fuera liberada horas después.

Ben Mhenni no era una novata; llevaba ya desde 2007 ejerciendo su activismo en la red. Se embarcó en una aventura que comenzó con la intención de echar del poder al dictador Ben Ali y que pronto se extendió por el norte de África. Y por el resto del mundo porque, en cierto modo, todos los movimientos de indignados, desde el 15M en España a las acampadas en Tel Aviv a los ahora en ebullición Occupy Wall Street o las revueltas estudiantes en Chile están en cierto modo inspirados en lo que se gestó aquellos días en Túnez.

Que Ben Mhenni hubiera ganado el Nobel de Paz habría sido duro de encajar para Occidente. De hecho, no era recomendable. Me explico: supondría dar crédito a nuestros jóvenes, a esos que están poniendo contra las cuerdas a los Gobiernos de los países desarrollados, pues la tunecina tiene 27 años. Supondría dar forma, un reconocimiento oficial a lo que algunos ya se han atrevido a decir en foros públicos, como es el caso del asesor de Innovación de Hillary Clinton, Alec Ross, cuando aseguró en Londres que “Internet es el Che Guevara del siglo XXI en la Primavera Árabe. Las dictaduras ahora son más vulnerables que nunca”.

Y dictaduras hay muchas, no sólo las políticas, también las que imponen los mercados, los banqueros, las grandes corporaciones. Incluso, hay dictaduras disfrazadas de democracia, porque si no llamamos así a los sistemas que toman decisiones sin contar con el pueblo del que emana la soberanía, ¿cómo lo llamamos? Y contra eso, de manera similar a como Ben Mehnni hizo en Túnez, están luchando nuestros jóvenes por todo el mundo. No les quepa duda que ha habido presiones para que no se hiciera un reconocimiento oficial a esta activista. De producirse, hubiera sido un soplo de aire fresco para los indignados de todo el mundo. Lo que ignoran los mandamases es que estos indignados tienen fondo de sobra por sí mismos y se retroalimentan con su energía y con la generan de las continuas chapuzas e imposiciones de nuestros gobernantes. Pero la sólo nominación, ya es todo un triunfo.

Con todo, un acierto las tres ganadoras del Nobel, pues su lucha es la de todos -o debería ser- y no sólo en África. Mi aplauso y enhorabuena.