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Chipre, el amor y las goteras de la UE

29 jul 2011
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El fantasma del rescate de Chipre planea sobre la Unión Europea (UE). La isla de Afrodita, diosa del amor, no parece ser capaz de hacer frente a una economía maltrecha que, paradójicamente, sufre del rescate a su vecina Grecia. Chipre padece una gran dependencia de los bonos griegos y la participación del sector privado en el segundo paquete de ayuda al país heleno no ayuda, en absoluto. Por si eso no fuera poco, Moddy’s también tiene en su punto de mira a los dos principales bancos chipriotas, el Banco de Chipre y el Banco Heleno, con la sombra del ‘bono basura’ a la vista; y la inestabilidad del gobierno se ha multiplicado después de que su presidente, Dimitris Christofias, pidiera la dimisión de todos sus ministros para depurar responsabilidades por la explosión de la mayor planta eléctrica del país, que además de dejar tras de si 13 muertos sumió al país en una crisis energética.

Pero tranquilos, la Comisión Europea llama a la tranquilidad y se muestra convencida de que Chipre será capaz de reducir su déficit por debajo del 4% este mismo año. ¿Qué tiene a su favor? Un economía que, como la española, depende extraordinariamente del Turismo. Ese es su gran activo. En menos de tres años desde su ingreso en la Eurozona, la isla dividida sufre las consecuencias. Si polémico fue su ingreso en la UE en 2004 asumiendo entonces la Línea de Atila que dividía la isla en dos, no lo es menos ahora su actual estado, con una República Turca del Norte de Chipre, proclamada en 1983 aunque no reconocida internacionalmente, y unas negociaciones para la reunificación totalmente estancadas. Ni siquiera la victoria electoral del presidente Dervis Eroglu del estado fallido chipre-turco, con aires conciliadores, ha mejorado la situación. Y es que en juego está la legitimización de una invasión, la separación de familias enteras, miles de desaparecidos y la reclamación de hogares para millares de desplazados. Y eso no lo arregla de la noche a la mañana una federación inventada de la nada.

¿Qué más puede suceder para completar este cocktail molotov? Que el año que viene, la presidencia de la UE recaiga -como de hecho lo hará- sobre Chipre, algo que no están dispuestos a reconocer ni el presidente turco Abdullah Gül ni el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan, los eternos aspirantes a la UE. La Unión Europea no se puede permitir el lujo de un nuevo rescate. Su coste político sería infinitamente mayor que el económico, evidenciando una fractura aún más evidente que la expuesta hasta ahora, en la que los consensos de mínimos han salvado situaciones críticas pero que no dejan de delatar que la Unión Europea no está blindada contra las crisis. ¿Quién lo está? No hay más que mirar al todopoederoso EEUU para darse cuenta de ello.

La diferencia  es que mientras que lo que se discute estos días en la Cámara de Representantes de los EEUU es el bienestar de su nación -con todos los matices que se quieran introducir de lobbies varios, el extremismo del Tea Party o sus anhelos imperialistas-, en Europa se baten el cobre los intereses particulares de los países, dándose una pátina de europeismo que se agrieta con las humedades de la crisis. Y salen las goteras. Y muchas.

De la lira turca al euro

13 jun 2011
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Recep Tayyip Erdogan ha ganado las elecciones generales turcas por tercera vez consecutiva, a pesar de que el apoyo recibido por la comunidad kurda se ha reducido significativamente. Será su último mandato como primer ministro, según los estatutos del Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP), aunque durante todo el proceso electoral han flotado en el ambiente las advertencias por parte del Partido Democrático del Pueblo (CHP), socialdemócrata laico, sugiriendo que Erdogan pretende perpetuarse en el poder.

En todo caso, su mandato vendrá marcado por dos grandes objetivos: por un lado, la reforma constitucional, algo que le costará más de lo esperado pues se ha quedado a cuatro escaños de los necesarios para poder convocar un referéndum sobre una nueva Carta Magna -tendrá que buscar apoyos-; y por otro, la adhesión a la Unión Europea (UE), cuyo proceso arrancó hace ya seis años.

Turquía ansía ser una potencia internacional en una región absolutamente estratégica. Su política occidentalizada da pruebas de ello: es el único país mayoritariamente musulmán que pertenece a la OTAN, se sumó desde su origen a la Alianza de las Civilizaciones y su papel en la Primavera Árabe ha sido de claro apoyo, a pesar de que, como en los casos de EEUU y la UE, anteriormente fuera un gran aliado de regímenes como el de Gadafi o Bachar el Asad.

Que Turquía está preparada para entrar en Europa es un hecho. El país se ha convertido en la sexta economía más fuerte de Europa y ocupa el puesto 17 en el ránking mundial. El año pasado su economía creció a un ritmo de casi el 9% -el segundo índice más alto del G-20 después de China-, si bien es cierto que impulsado fuertemente por el sector inmobiliario. La pregunta es, ¿está Europa preparada para Turquía?

Erdogan es un islamista moderado en un país en el que 94% de la población es musulmana (con un 80% suní). Hablamos de más de 70 millones de turcos con una media de edad increíblemente baja -29 años-. En  su camino hacia la adhesión a la UE cuenta con apoyos como Grecia, por motivos obvios: la entrada de Turquía en la UE podría suponer un soplo de aire fresco para su maltrecha economía. Sin embargo, entre los opositores se encuentran pesos pesados como Francia o Alemania. Tras haber visto cómo Sarkozy realizaba deportaciones de gitanos rumanos bajo la tibia condena de la Comisión Europea, parece poco probable que el pequeño Napoleón se quiera exponer a una llegada masiva de inmigrantes turcos.

Sin embargo y en un momento en el que la UE está creciendo dos y tres veces menos que otras economías mundiales, ¿volverá a ser poderoso caballero Don Dinero? Por lo pronto, vaya por delante un comunicado conjunto de Durao Barroso y Van Rompuy sugiriendo la necesidad de “fortalecer las instituciones democráticas, así como para continuar con la modernización del país, en línea con los valores y estándares europeos” e invitando a Erdogan a darse una vuelta por Bruselas. El mismo día que el fiscal general de Ankara ha ordenado la detención de decenas de personas vinculadas a Anonymous, acusadas de ‘hacktivismo’ en protesta por la falta de libertad de expresión en Turquía.