Autoescuela Carromero

07 mar 2013
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Carromero está creando escuela, aunque en su caso más bien es autoescuela. Primero Benzemá, al que trincaron conduciendo a más de doscientos kilómetros por hora, y luego Marcelo, que en lugar de carné llevaba una tarjeta roja. A este paso el Real Madrid va a salir al Bernabeú con una L en la camiseta y Carromero en el banquillo al lado de Mou, dando indicaciones de cómo adelantar la zaga hasta medio campo y la delantera hasta la última grada. Pero como ve que se le está pasando el arroz mientras el PP pierde el tiempo haciéndole la competencia a Correos, Carromero ha concedido una entrevista al Washington Post con los detalles más jugosos del accidente que le costó la vida a dos disidentes cubanos.

El chaval se está convirtiendo en una celebridad a base de contar intimidades forenses, un poco al estilo de esas chicas descarriadas que se acuestan con un torero para luego relatarlo en los platós con pelos y señales. Los pelos y señales no tienen desperdicio. Según la nueva versión de Carromero, el coche que conducía con su habilidad habitual fue hostigado por distintos vehículos que se turnaron en la persecución hasta que uno de ellos lo embistió por detrás. Entonces Carromero perdió el control y se estrelló contra un árbol, malévolamente plantado ahí por el contraespionaje cubano, que estas movidas las prepara a conciencia.

Entre los pelos y señales, hay uno bien vistoso y es que el auto de los perseguidores llevaba una placa azul, un distintivo propio del gobierno cubano, según dice Carromero que le explicó Payá. Se conoce que a los agentes secretos cubanos se les olvidó quitar la placa, o a lo mejor sólo iban a asustarles y se pasaron de frenada, o se lo pensaron mejor, reconocieron a Carromero al volante y decidieron echarle una carrera, o tal vez fueron a pedirle un autógrafo con fatales resultados. La historia me recuerda a aquella anécdota que me contó un amigo recién aterrizado en Paraguay, cuando en medio de la calle vio un policía con bigotón, gafas negras y una gorra radiante donde ponía, así, en letras bien gordas, POLICÍA SECRETA DE PARAGUAY.

Gracias a la exclusiva del Washington Post, hemos tenido la oportunidad única de ver a García-Margallo haciendo la pelota a Fidel Castro. Lo extraño es que Carromero, al mirar por el retrovisor, no descubriera a Fidel sentado al volante del otro coche. El de Exteriores era casi el último ministro que faltaba por salir a la palestra en esta emocionante semana en la que Gallardón habla de amor y Fernández Díaz lanza una brillante hipótesis sobre la extinción de los dinosaurios. No le basta con haber descabezado a la disidencia cubana sino que, si se lo propone, en un par de días Carromero desmantela al PP con más diligencia aun que Bárcenas. 

 


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