Los reyes también piden

A la Casa Real le están haciendo un lavado de imagen que ha empezado por la portada del Hola, órgano oficial de la Zarzuela, en la que sale una foto del rey Juan Carlos con treinta o cuarenta años menos. Le llegan a quitar una arruga más y lo mismo hay que empezar otra vez la Transición apretando el botón de reinicio del sistema. A lo mejor es un efecto secundario de la marcha atrás de Mariano, ese experimento histórico en el que, como sigamos rebobinando, acabamos todos en la Reconquista. Hubo un momento en que tuvieron que parar de darle al photoshop porque no es que el rey pareciera ya más joven que el príncipe Felipe: es que le estaba haciendo la competencia a Froilán.

Como da la casualidad de que el rey cumple años el 5 de enero, suele aprovechar para mandar la carta a los reyes prácticamente en el último momento. España es el único país del mundo donde los reyes magos no sólo son una realidad palpable y ontológica sino que encima también creen en sí mismos. Practicamos una fe de carboneros, no hay que olvidar que aquí ha habido incluso republicanos ateos que llegaron a pedirle al Papa polaco que diera la bendición urbi et orbi en catalán.

Hablando de fe y de creencias, según las últimas encuestas la población española empieza a dudar ya de la institución monárquica. Hay que tener mucho cuidado con estas cosas porque se empieza con la duda metódica, como Descartes, y se acaba con la revolución francesa, como Robespierre. España es prácticamente el último país europeo donde no sólo hay reyes magos, sino también reyes franceses. Antes también había reyes magos en la Polonia comunista, donde corría un viejo chiste que decía que eran originarios de la URSS porque eran sabios, venían de oriente, traían siempre regalos y además les guiaba una estrella. Allí se extinguieron porque dejaron de creer en ellos y eso que tenían al mismo Papa de antes para mantener la fe y a un presidente electricista que les ponía el árbol por navidad. Aquí por primera vez en la historia de la democracia más de la mitad de los españoles cree únicamente en Papa Noel.

Como por este erial no ha pasado ni la revolución francesa ni la rusa ni la mexicana ni la industrial, pues todo es un poco anacrónico, nos hacemos un lío de cojones y ocurren cosas como que sale un rey hablando por la tele en nochebuena y mi sobrino Jaime, entre gamba y gamba, pregunta si es Gaspar o Melchor. Al final se mosqueó, pensando si Papa Noel podía afeitarse la barba. Le dijimos que no se preocupara y que siguiera con las gambas, que ya tendría treinta o cuarenta años más para ir captando el mensaje. De momento, en su carta a los reyes magos, la Casa Real ha pedido que le quiten de encima unas décadas y un juez.