La agonía del periodismo

Decía Cortázar que cuando una señora le preguntó cuáles eran los dos grandes momentos históricos que le había tocado vivir, dijo sin pensar: “Yo, señora, asistí al nacimiento de la radio y a la muerte del boxeo”. Lo dijo a propósito del gran combate entre el aspirante Luis Ángel Firpo y el campeón Jack Dempsey, en cuyo primer asalto el argentino defenestró al estadounidense a través de las cuerdas contra las primeras filas de espectadores. Un montón de espontáneos ayudó a devolver a Dempsey al ring, pero en ese momento el árbitro tenía que haber concedido la victoria a Firpo, puesto que el reglamento establece que un boxeador arrojado fuera del cuadrilátero debe regresar por sus propios medios entre las doce cuerdas. Sin embargo, en el segundo asalto Dempsey se recobró y demolió a Firpo con un gancho de derecha a la mandíbula.

A nosotros en cambio nos ha tocado asistir a la muerte de la radio, que agoniza entre eructos y regüeldos, entre savonarolas que mienten cada vez que abren la boca, predicadores que amenazan con los peligros de la hoz y el martillo y coros de mariachis que pregonan el machismo más paleolítico. El pasado viernes, el mismo día en que Carlos Herrera y sus colaboradores se lanzaban al cuello de Beatriz Talegón, se descubrió la trama que implica a varias estrellas de la selección de fútbol con el abuso de menores. Empezaron a llegar los mensajes de ánimo a De Gea, desde sus compañeros de selección y desde el bar de la esquina, del mismo modo que los ultras del Betis coreaban cánticos de apoyo al jugador Rubén Castro tras la petición de dos años de prisión por un delito de malos tratos contra su ex pareja: “Rubén Castro alé, Rubén Castro alé, no fue tu culpa, era una puta, lo hiciste bien”.

Del entorno del fútbol puede esperarse cualquier cosa, incluso que surja una denuncia de racismo contra los hinchas de la selección rusa por su comportamiento en el partido contra Inglaterra, algo que no ha sucedido, por ejemplo, con las manifestaciones contra los inmigrantes promovidas por los neonazis de Hogar Social en Madrid. La UEFA adelantando por la izquierda a la Fiscalía, quién iba a sospecharlo. Después de las evasiones fiscales, las compras de partidos, los casos de chantaje sexual y las orgías con prostitutas, el sexo con menores ya no escandaliza a nadie. A los astros del fútbol les está permitido cualquier cosa, lo mismo que a los líderes del PP, quienes cada vez que salta un nuevo caso de estafa, financiación ilegal o un brote inesperado en cualquiera de las múltiples tramas de corrupción, aumentan sus expectativas de voto.

Frente a la cobertura a todo tren de los eventos futboleros, sorprende la ausencia de noticias, crónicas y reportajes sobre la movilización sindical en Francia, una oleada de huelgas que ha dejado el país vecino sembrado de barricadas en las calles, autopistas cortadas, puertos bloqueados y coches de policía ardiendo. Por suerte o por desgracia, estamos viviendo en primera persona la muerte del periodismo y la actualización del panem et circenses en fútbol con estupro. Qué le vamos a hacer.