Entre la Esperanza y la Salchipapa

La niña de Rajoy ha crecido mucho. Su espontáneo nacimiento tuvo lugar en aquel debate contra Zapatero cuando, en el último minuto, Mariano se sacó de la manga a una niña anónima para la que quería “una familia, una vivienda y unos padres con trabajo”. Ahora la familia está manga por hombro, la vivienda la embargó el banco y el trabajo se fue a tomar por culo. La niña creció, se afilió al PSOE y empezó a darle al crack, más o menos por ese orden. Tan perjudicada estaba por las drogas que unos días se llamaba Valeria y otros Verónica, según el mitin tuviera lugar en Murcia o en Barcelona. Lo único fijo era su precaria situación laboral: contratos basura y sueldos de mierda, un objetivo por el que los dos grandes dinosaurios de la derecha y la derecha no han dejado de trabajar.

Con treinta años (sí, la mala vida envejece mucho), la niña de Rajoy se llama ahora Esperanza (nada que ver con Aguirre, aunque vete a saber) y se ha afiliado a Podemos para enviar una carta empalagosa y lacrimógena que despide un tufo a cursilería como para fumigar los portales. Con lo que se ahorraron en el catálogo de IKEA, podían haber reeditado las obras completas de Marx y de Engels, pero la tentación de hacer literatura era demasiado grande. No digamos ya la tentación de hacer mala literatura. Quienes les acusaban de conexión venezolana han encontrado al fin el argumento definitivo: son adictos a las telenovelas. Al menos el buzoneo masivo deja claro que no piensan quitar trabajo a los carteros.

Para colmo de fatalidades, la esperanzadora misiva ha coincidido con el aterrizaje en España de La Salchipapa, el espantoso video musical en el que Leticia Sabater intenta emular a Georgie Dann en el difícil monopolio de la canción del verano. Las referencias a Espinete y a “la generación más preparada de España” siembran dudas sobre si la musa alternativa de Ciudadanos se ha puesto un bikini morado primaveral.

Aparte de la sobredosis de cursilería, el problema es que Esperanza Jubera, la emigrante que firma la carta, existe, aunque no se corresponde exactamente con la misma Esperanza que añade el corazón al final. Desde el equipo de comunicación de Unidos Podemos aseguraron que “la historia está basada en la de tantos amigos y familiares que han tenido que salir del país para labrarse el futuro que les negaban en España las políticas de recortes en innovación, sanidad, educación y ciencia”. Irene Montero dijo que Esperanza representaba la esperanza de todos los que sueñan con un país mejor.

Siempre hay un problema cuando se recurre a la ficción para hacer política, pero el problema es doble en el momento en que acaban de protagonizar un documental. Más grave todavía es echar mano de los procedimientos de la Casta y modelar una emigrante epistolar de laboratorio fabricada a base de topicazos. Lo que resulta del todo inadmisible es dejar ahora a los votantes y a los adversarios con la duda de si Esperanza está hecha de carne y hueso o sólo de papel. A ver si después de todo Errejón, como nos temíamos, es sólo un actor.