Señor yihadista, no olvide el pasaporte

Otra cosa no, pero los terroristas suicidas suelen ser muy meticulosos. Nunca olvidan dejar bien a la vista un pasaporte, un DNI, un carné de conducir o cualquier otro documento acreditativo en el lugar de la masacre para facilitar la tarea de la policía que luego va a buscarlos. Esta pequeña cortesía ahorra muchos trámites a las fuerzas de seguridad y permite que la orden de busca y captura salga engalanada con vistosas fotografías y todo tipo de datos personales. En cuestión de una o dos horas después del atentado ya se sabe el nombre del autor, lugar de origen, marcas de nacimiento, familiares, amigos, novias, trayectoria personal, orientación sexual y gustos musicales. Los detectives del CSI la investigación no suelen tener tanta suerte porque entonces cada episodio duraría cinco minutos.

En Nueva York el pasaporte de uno de los pilotos suicidas apareció milagrosamente intacto entre los escombros de una de las torres del World Trade Center. Aparte de la caja negra, las únicas cosas que pudieron rescatarse entre los restos pulverizados de la catástrofe del United 93 fueron varios pasaportes intactos y un pañuelo rojo típicamente islámico. En Madrid los terroristas dejaron una de las mochilas preparada para no estallar con una tarjeta SIM repleta de datos y además un automóvil Skoda Fabia forrado de arriba abajo de huellas dactilares. Tras la masacre en la redacción del semanario Charlie Hebdo, uno de los dos asesinos se olvidó un DNI en el coche en el que salieron huyendo y que luego abandonaron. Para que no perdieran tiempo en identificarlo, Anis Amri se dejó varios documentos personales en la cabina del camión con el que perpetró la matanza en el mercadillo navideño en Berlín.

Hay varias razones que explicarían algunas de estas increíbles casualidades, pero antes tendríamos que preguntarnos por qué ciertas zonas de los edificios no se forran con papel de pasaporte en lugar de con amianto. Es posible que los terroristas islámicos sean muy despistados. También podría ser que el pasaporte se tratara de una nota de autoría, como la firma en el cuadro, aunque entonces no se explica por qué la mayoría de ellos sale huyendo y matando gente en lugar de hacer una pintada reivindicativa con espray y quedarse a esperar a la poli masticando un bocadillo de bombas. Lo más probable es que todos sean fans de Torrente, quien en la primera entrega de la saga, se dejó el DNI en la escena del crimen.

Tampoco hay que darle muchas vueltas. No se puede buscar mucha coherencia en los actos de unos islamistas radicales que, casi siempre, o bien se han convertido al islam quince días antes o bien son borrachuzos arrepentidos. En algunos casos hay hasta homosexuales recalcitrantes. Omar Siddique Mateen, el terrorista que juró lealtad al ISIS y que luego mató a medio centenar de personas en un club gay de Orlando, no sólo era un visitante asiduo del mismo club sino que también chateaba en portales de internet para citas entre homosexuales. Los caminos del Señor son inescrutables y los de Alá ni te cuento.