Pepe Viyuela, el circo y los payasos

 

El término “payaso” está muy desprestigiado. Ramón Gómez de la Serna afirmó en una de sus greguerías que todos hemos sido payasos al enjabornanos la cara, aunque a algunos se les nota más duchados, recién afeitados y muy serios ante las cámaras. El diccionario de la Real Academia recoge tres acepciones que básicamente se dividen en dos: la persona que hace reír con sus gestos y dichos, y el artista ambulante que ejerce el oficio de la risa. También podemos clasificarlos en payasos profesionales y aficionados, voluntarios e involuntarios. Unos lo hacen gratis y otros cobran por ello, aunque, como sabemos en nuestras carnes, nada es gratis.

Desde que un buen número de políticos se ha metido a payasos, a los payasos no les ha quedado otro remedio que contratacar metiéndose en política. Uno de los últimos fichajes de Podemos, Pepe Viyuela, ha provocado un regocijo tremendo entre los detractores de la formación morada, ya que lo recuerdan más que nada por su papel de Filemón y se preguntan si Mortadelo también va a echar una mano. Es la clásica confusión entre el actor y el personaje, igual que la gente que ve a Santiago Segura por la calle y le grita: “¡Torrente! ¡Unas pajillas!”

Muchos de estos críticos despistados son los mismos que aplaudían a rabiar a un ministro del Interior que condecora a una Virgen de madera, habla con Dios en la intimidad y tiene a un ángel de la guarda para buscarle aparcamiento, entre otras muchas rotundas payasadas. A lo mejor Fernández Díaz en su casa, al quitarse el traje de ministro, resulta un señor muy serio, pero en el ministerio, desde luego, no lo parecía ni por el forro. En el organigrama bufonesco del gobierno, Fernández Díaz bordaba el papel del listo, el mismo que había dejado vacante Gaby desde que se peleara con Miliki. Siempre que daba una rueda de prensa estaba a punto de preguntar a los periodistas: “¡¡¿Cómo están ustedeeeees?!!” Sin embargo sabía que ese rol le correspondía a Cospedal, a quien en cuestión de ruedas de prensa sólo le faltó salir con sombrero tirolés, peluca de repollo, nariz postiza y zapatones.

Pepe Viyuela ha hecho un análisis rápido de la situación y ha descubierto que lo que falla radicalmente en Podemos es el sentido del humor, a pesar de que en los últimos tiempos las discusiones internas han alcanzado el nivel de un circo de tres pistas. Entre las bases había serias dudas entre montar otro Congreso en Vistalegre (nombre premonitorio donde los haya) o mandar a Iglesias y a Errejón a First Dates en una cita a ciegas. El problema es que ya se conocen, pero tendrían menos peligro si los moderase Carlos Sobera.

Aunque en Ferraz y en Génova ya están más que acostumbrados a esta clase de esperpentos, los partidarios y simpatizantes de la nueva política todavía no acaban de hacerse a la idea. Cuando Viyuela vio el numerito de Pablo Iglesias abrazado a un tronco, en plan Twin Peaks, pensó que así no iban a ninguna parte. En cambio Mariano no ha dejado de abrir nuevos caminos al monólogo cómico y cada intervención suya en el hemiciclo sale a dos paridas por lo menos. Es lógico que Viyuela pensé que, de seguir el presidente a esta marcha, los payasos se van todos al paro.