Se han hecho oír, oiga

Al módico precio de un autobús, un par de lemas gilipollescos y unos cuantos botes de pintura de color naranja, la plataforma ultracatólica Hazteoír ha conseguido la campaña publicitaria más exitosa y rentable de los últimos tiempos. Y sin gastar ni dos litros de combustible. Una semana entera ha estado la peña hablando del mensaje homófobo pintado en letras gordas en los laterales del autobús, compartiendo su indignación en las redes sociales, estrujándose el seso (y el sexo) para sacarle punta a la homofobia y decorar de arriba abajo el mundo virtual con excitantes fotomontajes repletos de ironía e imaginación. Algunos todavía siguen.

Es posible que los cerebros de Hazteoír anden encharcados entre el Paleolítico y el Neolítico; sin embargo poseen un conocimiento instintivo del funcionamiento de los medios digitales y de la psicología de masas, a las que han manipulado como si fuesen niños de pecho. Han conseguido incluso que un juez haya ordenado la detención del autobús en tanto no retire los mensajes de odio transfóbico. Al igual que la prohibición judicial de aquel ejemplar maldito de El Jueves, el efecto Streisand se ha disparado exponencialmente: a cambio de cien peatones que podían verlo circular con la Gran Via, ahora han podido disfrutar del mensaje varios millones de personas. Han conseguido incluso que yo esté escribiendo de esta estupidez y sin citar siquiera el derecho a la libre expresión de estupideces.

La historia les ha salido calcada a aquella secuencia de La vida de Brian en que un centurión romano descubre al pobre Brian haciendo una pintada en pro de la independencia del pueblo judío en una pared. ROMANES EUNT DOMES es el equivalente sintáctico del lema homófobo que asegura que los niños tienen pene y las niñas vulva, una barbaridad ideológica que ha alarmado a los centuriones de lo políticamente correcto. Entonces, en lugar de confiscarle la pintura y el bote (o de bostezar sonoramente al paso del autobús), el centurión romano le da a Brian una lección de gramática tirándole de las orejas y haciéndole escribir cien veces, por toda la muralla de Jerusalén, ROMANI, ITE DOMUM. “Romanos, ios a casa”, pero bien escrito, con el vocativo bien declinado y el imperativo en su sitio.

No se descarta que los centuriones sigan otra semana más mesándose los cabellos, alimentando la hoguera con neumáticos del autobús caído, haciendo publicidad involuntaria y gratuita de los patriarcas de Hazteoír. Que sí, que tienen mucha razón, que es una canallada, que sería delito dejar circular este autobús, pero fíjense un poco si no habrá circulado ya, gracias a la gasolina de la rabia, más de cien mil kilómetros virtuales por las amplias carreteras de facebook y twitter. Mientras tanto, las ocho mujeres que comenzaron una huelga de hambre hace dos semanas en protesta por los asesinatos machistas han conseguido una invisibilidad casi perfecta. Únicamente han sido noticia por las multas que el Ayuntamiento de Madrid les han impuesto por instalar una carpa en la Puerta del Sol para protegerse del frío y la lluvia. Si pretendían que les hicieran caso, deberían haber alquilado un autobús, pintarlo de naranja, meterse dentro y prenderle fuego.

En Mis páginas mejores, una extraordinaria selección de artículos de Julio Camba que acaba de salir al mercado, Camba cita una de esas frases con las que Schopenhauer iba haciendo amigos: “En otras parte del mundo tienen monos; en Europa tenemos franceses”. Camba asegura que los alemanes son osos, los ingleses vacas y los españoles toros de lidia. Entre otras cosas, porque se nos engaña con un trapo rojo y embestimos sin pensar, a la primera de cambio.