El neuralizador de la infanta Cristina

La infanta Cristina no está satisfecha con que la sentencia del caso Nóos le haya salido a devolver: su abogado, Jesús María Silva, asegura que de seguir adelante con un recurso ante el Tribunal Supremo podrían abrirse vías legales para que su presencia en el juicio desaparezca de los medios e incluso del banco de memoria de Google. No cabe duda de que, a poco que se empeñe, terminaremos por olvidar lo que a ella le dé la gana. Como dicen muchos cortesanos vocacionales, bastante justicia hemos tenido ya con verla sentada en el banquillo, a ver si nos vamos a empachar.

En La muralla y los libros, Borges recordaba la historia de aquel emperador chino, Shih Huang Ti, que ordenó quemar todos los libros anteriores a su reinado al mismo tiempo que mandaba edificar la Gran Muralla para defender el imperio contra las invasiones de los bárbaros. Borrar el rastro del pasado es una prerrogativa de las grandes dinastías, propensas a la amnesia y al olvido. La infanta ha practicado ambas disciplinas con gran éxito, hasta el punto de que no recuerda lo más mínimo de su firma en los documentos de la sociedad ni de su intervención personal en los prolongados saqueos del Instituto Nóos. Más que a Shih Huang Ti, que trabajaba a escala imperial, el modesto empeño de suprimir el rastro de su paso por los juzgados recuerda más bien aquel discurso del general Eutanasio Rodríguez, el apacible tirano de la república de Banania: “Me duele que se piense que el nuestro es un gobierno autoritario. Que no se piense eso. Es una orden”.

Al abogado de la infanta Cristina le vendría muy bien un neuralizador, aquel dispositivo que empleaban los agentes de Men in Black para borrar la memoria de testigos incómodos y evitar así que mantuvieran inverosímiles recuerdos de visitas alienígenas. Como ha ocurrido con tantos otros inventos de la ciencia-ficción (desde internet hasta el GPS), parece que no estamos muy lejos de estrenar uno en la realidad, aunque de momento los científicos del departamento de Psiquiatría de la Universidad de California sólo han logrado proyectar un bolígrafo que emite pulsos de luz y afecta a los ratones. Tras apuntar la luz a diversas áreas del cerebro de un ratón, el animalito olvida las zonas electrificadas de la jaula por donde no puede pisar en busca del queso y vuelve a recibir pequeñas descargas eléctricas. Construir un aparato similar, diseñado para amaestrar el cerebro de los españoles, no va a ser tan sencillo, principalmente porque los españoles no están obsesionados con el queso sino con el fútbol. Tal vez aquí los científicos tengan que usar un televisor en lugar de un bolígrafo. Va a ser complicado que Jesús María Silva logre agolpar a millones de españoles y los hipnotice al estilo de Uri Geller con un eclipse de bolígrafo. Mucho más sencillo utilizar un Madrid-Barca.

Sin embargo, este fin de semana se ha abierto otra vía de agua en la inexpugnable muralla borbónica, al conocerse la noticia de que el ex secretario de las infantas, Carlos García Revenga, está muy decepcionado con el monarca emérito por su falta de apoyo después de que lo despidieran sin paro y sin derecho a una indemnización. García Revenga no sólo amenaza con llevar su caso hasta el Tribunal de Estrasburgo sino que ha sugerido que lo mismo le da por escribir un libro sobre su experiencia en la Casa Real. Incluso ha adelantado el título, que suena de lo más inquietante: “De lo que aún me acuerdo”. A ver si lo va a tener que escribir con típex.