Mariano, testigo de encargo

Ayer se juntaron en titulares tres noticias que versan sobre el fin del mundo tal y como lo conocíamos. Acostumbrados como estamos a que el mundo se acabe a cada enfrentamiento entre el Madrid y el Barca, nunca hacemos caso de estas señales hasta que ya es demasiado tarde para reaccionar y, claro, no reaccionamos. Cada una de las tres trompetas anunciaba respectivamente el abandono definitivo de las Humanidades en los planes de estudio, la respuesta del gobierno ante un apocalipsis zombi y la citación del presidente Mariano como testigo en el juicio por la trama Gürtel. Si uno las leía de pasada parecía que no tenían nada que ver una con otra, pero, si las analizaba un momento, en seguida caía en la cuenta de que eran exactamente la misma noticia.

Cada vez leemos peor, es un hecho, por eso no caemos en la cuenta de estas sutiles interrelaciones. Que la Literatura vaya a parar al mismo cesto donde se pudren la Historia, el Latín y la Filosofía no es -como una primera y burda aproximación podría suponer- parte de una maquiavélica estrategia para desertizar el sistema educativo y conseguir votantes más analfabetos y dóciles de los que ya disponen ahora. De hecho, convertir la Literatura, la Filosofía, el Latín y la Historia en optativas podría ser contraproducente; cualquier día alguno de estos gañanes que trepan al estribo del ministerio de Cultura va a tener la feliz idea de prohibir la lectura y entonces muchos chavales se van a enganchar en masa a Nietzsche y a Galdós, igual que se amorraban al whisky en los tiempos de la Ley Seca. De momento, mientras la cultura pesa como un lastre, el analfabetismo se premia mediante suculentos cargos políticos. Tal y como anda la mandanga educativa en este país, pronto para sacarse el graduado escolar bastará, como dice Chiquito, con una etiqueta de Anís del Mono.

Evidentemente, si usted sabe leer entre líneas ya habrá detectado a Mariano en el párrafo anterior sin esforzarse mucho. Tampoco le costará descubrirlo a través de la respuesta dada por el Ejecutivo a la pregunta irónica del senador de Compromís, Carles Mulet, sobre qué planes hay en caso de una epidemia zombi. A la primera acepción de “zombi” como “muerto viviente y antropófago”, el Ejecutivo ha preferido la de “atontado que se comporta como un autómata”, lo cual resulta mucho más verosímil. O, quizá, menos metafórico. En cualquier caso, el gobierno no cree que un montón de atontados, por muchos que sean, puedan llegar a protagonizar un apocalipsis. La victoria de Trump en las urnas, la lista de libros más vendidos y el reciente record de taquilla de Fast & Furious 8 son evidencias en contra. Protagonizar un apocalipsis puede que sea excesivo pero no hay el menor problema en que protagonicen un partido político.

Con lo que llegamos a la tercera trompeta, que es el momento en que el presidente ha sido citado a declarar por la Audiencia Nacional en el juicio de la trama Gürtel. Muchos se están frotando las manos ante la posibilidad de que Mariano se presente bajo el agravante de plasma, guiñando el ojo en diferido y en forma de simulación. Un testigo, al contrario que un imputado, está obligado a decir la verdad, algo que en su caso resulta casi un imposible metafísico. To be or not to be, que en gallego se traduce: Mire usté, depende. Ante la disyuntiva entre el papel de cómplice que hacía la vista gorda o el papel de cactus que no se enteraba de nada, Mariano va a tener que elegir entre hacer de Jack Nicholson en Algunos hombres buenos o hacer de infanta en Love’s Story.