Fran Rivera, postorero y mártir

Fran Rivera, que este año se corta la coleta en Ronda, se está despidiendo de los toros por la puerta grande. Concretamente, la de la pantalla de 50 pulgadas donde cada semana sale a hombros de una multitud, igual que la efigie de aquella Virgen que contaba Buñuel, que la sacaban en procesión para que terminara con la sequía y, como seguía sin llover ni gota, la tiraron al lecho seco del río y la hicieron mierda. Cuando se está acostumbrado al sonido de la gloria, el caso es que lo silben a uno. A Rivera, misacantano en los ruedos televisivos, de momento le caen broncas y pitos pero, si sigue por ese camino, no tardará mucho el día en que le corten las dos orejas. Las suyas.

Tampoco es el primer torero que canjea la sangre y la arena por un oficio menos épico y menos folklórico. Joaquín Miranda, que de joven fue banderillero en la cuadrilla de Juan Belmonte, tiró por los riscos de la política y llegó a ocupar el cargo de gobernador civil de Huelva después de la guerra. Tiempo después, Belmonte asistía a un festival benéfico que presidía Miranda cuando un amigo suyo señaló hacia arriba y le preguntó si era verdad que ese señor había sido banderillero suyo.

-Sí, señor- dijo Belmonte.

-¿Y cómo se puede llegar de banderillero a gobernador?

-Ya ve usted. Degenerando.

En efecto, a fuerza de caer pendiente arriba, Fran Rivera ha terminado por demostrar que Paquirrín es, contra todo pronóstico, el intelectual de la familia. Ya sabemos que el toro no sufre, pero para demostrarnos que el torero tampoco, Fran Rivera se arriesga en cada tertulia a que lo empitonen vivo. Hace apenas un mes, en uno de esos programas con los que Antena 3 patrocina la lobotomía (y que lleva el vejatorio título de Espejo público, para que no le quepa duda a quien lo vea), el diestro formuló en tono retórico la paradójica cuestión de si para ser antitaurino hay que dejar de ducharse. Diversos especialistas concluyeron que no tiene mucho que ver una cosa con la otra. El propio Rivera va siempre niquelado y peinado, como si se hubiera caído en la marmita del champú cuando era pequeño, y aun así, cada vez que habla, hay tormenta de caspa.

Esta semana vislumbramos nuevamente el peligro de ducharse siete veces al día, cuando Rivera, obnubilado por sus excesos higiénicos, dijo que le encantaría que volviera la mili, que es una lección de vida y un orgullo eso de ir de español por el mundo. En lo de la lección de vida lleva más razón que un santo, que en la mili yo aprendí a no dar ni palo al agua, sin contar barrigazos, novatadas y borracheras. Eso sí, ducharnos nos duchábamos un montón. Pero los teóricos neoliberales que abogan por el despido libre nunca le agradecerán bastante a Rivera que vuelva a proponer la esclavitud obligatoria y patriótica. De hecho, ya están preparando la opción de trabajar un año gratis, como los becarios de Jordi Cruz, cuando no la de trabajar gratis toda la vida. En el programa político que presentó el martes Susana Díaz -y que redactó el lunes por la tarde, entre tapa y tapa-, la Lorzana Andaluza ofrece una propuesta cultural basada principalmente en el chiringuito. No debiera descartar la posibilidad de proponer a Rivera para la cartera de Cultura, Morcilla, Toreo y Postoreo.