Gestar futbolistas desinteresadamente

A nadie, salvo a los de siempre, se le escapa que está feo eso de comprar niños como si fuesen gatitos, excepto si el que los compra es Cristiano Ronaldo, a quien se le perdona lo que sea. Cuando se descubrió que tenía un pufo de casi quince millones con Hacienda, un grupo de madridistas acérrimos promovió una petición al gobierno de España para que le perdonaran la deuda. No descartan que, en caso de que la iniciativa fracase, inicien una colecta para liquidar la deuda ellos mismos con lo que les sobre de las cañas.

Estos días hemos sabido que parte de ese dinero duramente ahorrado iba destinado a alquilar el vientre de una señora para que le trajera unos mellizos. Según informa la prensa portuguesa, el delantero ha pagado doscientos mil euros, cien mil por niño, una auténtica bagatela si se considera lo que podrían valer mañana en el mercado del fútbol. En cierto modo, puede considerarse que Cristiano está haciendo una inversión, igual que cuando Florentino ficha un paquete y espera que crezca.

Vender y comprar carne humana ha vuelto a ponerse de moda este verano y no sólo en esos puertos de Libia donde los nuevos emprendedores subastan refugiados -hombres, mujeres y niños- como en los tiempos de Kunta Kinte. Lo que ocurre es que, a diferencia de esos países tercermundistas, en nuestras avanzadas democracias no se compran los niños ya hechos: primero hay que encargarlos, como las paellas. De momento no hay mucha regulación al respecto y no se sabe qué puede ocurrir si los clientes deciden que no están satisfechos con el resultado o si el producto presenta alguna tara de fábrica, pero seguro que los audaces legisladores de Ciudadanos ya están preparando una legislación al respecto.

De momento, Juan Carlos Girauta se ha sacado de la chistera neoliberal uno de esos términos con los que se monta una empresa de recogida de algodón en Alabama sin necesidad de manual de instrucciones. Girauta no habla de “vientres de alquiler”, que suena un poquito a negrero, sino de “gestar desinteresadamente”, y compara el aborto con la gestación subrogada sin que le tiemble un pelo de la barba. A Elvira Lindo se le ocurrió criticarlo en un artículo y Girauta le respondió que consultara a su marido, el académico. La verdad es que Lindo patinaba bastante porque si hay alguien que conoce el tema de los vientres de alquiler de primera mano es Girauta, que ha sido gestado en el PSOE, subrogado en el PP y luego lo han criado en Ciudadanos. Felisuco, otro huérfano adoptado por la formación naranja, profundizó en la polémica con uno de esos chistes suyos que demuestran por qué se dedica ahora a la política.

La clave está en el adverbio, desinteresadamente, que es también la explicación del súbito crecimiento de la economía y del último descenso en las cifras del paro. La clave, en efecto, está en parir desinteresadamente, soportando las molestias del embarazo durante nueve meses y regalando al final el fruto del parto, o escribiendo artículos gratuitos para The Huffington Post, esa novedosa plataforma digital donde tantos esquiroles colaboran gratis y que ha hecho de la esclavitud voluntaria una fructífera forma de negocio. Apenas combinemos la ingeniería genética con esta original concepción laboral de gestar hijos para millonarios podremos encargar una remesa de delanteros o una hornada de columnistas a tiempo completo. Desinteresadamente.