Trump sustituye a Trump y Rajoy a Rajoy

En Hamburgo, en la cumbre del G-20, se ha montado un gran escándalo al descubrirse que Ivanka Trump había sustituido a su padre en una de las últimas reuniones. Se trata de un gran trabajo de investigación periodística, ya que Ivanka y Donald son prácticamente idénticos: todavía no se sabe muy bien cómo pudieron diferenciar a una de otro. “Estoy orgulloso de mi hija Ivanka” dijo el presidente en la conferencia de prensa tras el truco de magia que clausuró el cónclave de altos mandatarios. “Si no fuera mi hija, su vida sería más fácil”.

Este inesperado juego de ilusionismo, donde padre e hija pueden intercambiar a placer sus papeles, demuestra que, en última instancia, la democracia estadounidense es ya prácticamente indistinguible del imperio romano. El hijo de Bush llegó a la presidencia ocho años después de que la abandonara su padre; la esposa de Clinton estuvo a punto de conseguirlo en dos ocasiones. Así mismo, el hecho de que Ivanka Trump pueda reemplazar a Donald Trump sin mayores contratiempos prueba que el oficio de presidente es uno de los más sencillos que existen, mucho más fácil que panadero, barrendero o capador de gorrinos. Difícilmente el vástago de un cirujano podría sustituir con éxito a su padre en mitad de la mesa de operaciones, y lo mismo podríamos decir en caso de que se tratara de dirigir una orquesta o conducir un camión de cuatro ejes. Un país, en cambio, lo puede conducir hasta Donald Trump con los ojos cerrados.

En uno de sus momentos de lucidez, Zapatero le confesó a su mujer, Sonsoles, lo fácil que era la tarea de gobernar. Al poco de ejercer el cargo, se había dado cuenta de que prácticamente cualquiera podía hacerlo, por ejemplo él mismo, y al poco de abandonarlo fuimos los españoles quienes lo corroboramos al elegir por unanimidad a Mariano. El cual ha pasado por el G-20 de puntillas, como en él es habitual, y hasta tomó la palabra el pasado viernes, situado en un lugar de honor entre el presidente turco y el sudafricano. En su turno disertó sobre terrorismo, sobre el apoyo a las víctimas y sobre los logros espectaculares de la economía española, que lleva creciendo tres años consecutivos. Lo hizo sin equivocarse al descifrar su propia letra y por un momento muchos de los presentes pensaron que estaba hablando una máquina de tabaco.

Después cayeron en la cuenta de su error -el tabaco está prohibido en las reuniones del G-20- y comprendieron que si hay un mandatario internacional verdaderamente insustituible, ése es Mariano. Lo advirtió él mismo en un acto con mujeres emprendedoras, al expresar su dictamen sobre nuevas tecnologías: “Tenemos que fabricar máquinas que nos permitan fabricar máquinas porque lo que no van a hacer nunca las máquinas es fabricar máquinas a su vez”. Siempre nos quedará la duda de si Mariano es en realidad un robot de última generación que se atranca un poco con la gramática y entra en bucle cuando se le calientan los relés. Su presidente, gracias.