El Día de los Bestias

En El día de la Bestia, sin duda la película más redonda de Alex de la Iglesia hasta la fecha, aparece un grupo xenófobo que, bajo el lema Limpia Madrid, se dedica a pegar palizas a los vagabundos y luego a quemarlos vivos. No es un concepto muy distinto al que anima a la organización Defend Europe, una iniciativa que pretende sabotear las operaciones de rescate marítimo en el Mediterráneo y devolver a los refugiados a las costas africanas.

Es lo malo del arte, que a veces la realidad se pone a hacer el mimo. Anthony Burgess contaba en sus memorias la pelea en que se involucró en un pub cuando su perro, Haji, le tiró la cerveza a otro cliente con el rabo. “A ver si tiene más cuidado con ese condenado perro suyo” le espetó el tipo. “Pues tiene más pelo que tú, so calvo hijo de puta”. Ambos salieron a la calle a proseguir la discusión y, bajo la atenta mirada de Haji, Burgess recibió un puñetazo que le desmontó media mandíbula. Lo curioso es que acababa de escribir un capítulo donde el protagonista, a resultas de una paliza, perdía cuatro dientes y tenía que ponerse dentadura postiza. “Es peligroso escribir novelas” concluye Burgess, “le da ideas al mundo”.

También es verdad que las ideas de esta gentuza son más antiguas que la tos y que ya las habían pensado antes Hitler y Mussolini con los resultados por todos conocidos. Las proclamas racistas de Generation Identity no se distinguen ni un poquito de los presupuestos ideológicos que culminaron en los campos de exterminio nazis. Se empieza por defender la limpieza cultural y los principios cristianos de la civilización europea y se termina por volver a fundar Auschwitz y Treblinka. En una versión perversa de la dinámica de lanchas de Greenpeace, el C-Star, buque insignia del racismo financiado mediante donaciones anónimas, interferirá en las operaciones de salvamento en alta mar con la excusa de desenmascarar las mafias de tráfico de personas. El pasado mayo una lancha tripulada por varios activistas de Defend Europe bloqueó durante varias horas el avance del barco Aquarius, que se dirigía a una operación de rescate en el Mediterráneo, hasta que intervinieron los guardacostas italianos.

Detrás de esta triste inmundicia se halla un movimiento de ultraderecha cuya filiación ideológica es un torpedo en la línea de flotación no sólo de los valores que supuestamente ondean en la bandera de la Unión Europea sino en varios artículos fundamentales de la Declaración de los Derechos Humanos. Todas las personas, incluso un mameluco neonazi, son respetables, pero hay ideas que no merecen respeto ninguno y que deberían prohibirse por atentar directamente contra los principios de convivencia elementales. Por ejemplo, la discriminación selectiva y la persecución contra cualquier minoría racial, cultural o religiosa. No es demasiado difícil comprobar que estamos repitiendo uno por uno los peores errores del siglo XX.  O frenamos en seco ahora mismo el auge y la desfachatez de la extrema derecha en Europa o nos tocará revivir una vez más el Día de los Bestias.