Mariano, el anticiclón de Pontevedra

En 2007, en Palma de Mallorca, Mariano refutó el cambio climático con la ayuda de un primo suyo, catedrático de Física de la Universidad de Sevilla, que confundía el clima con el tiempo atmosférico y se quedaba más ancho que largo. Diez años después el cambio climático todavía no ha logrado refutar a Mariano. A pesar del calentamiento global, del témpano del tamaño de La Rioja que se ha desprendido de la Antártida, de la desertización que avanza y del polo norte derritiéndose en cubitos, la cosa va quedando en empate. Debe de ser porque el clima también se ha confundido con el tiempo atmosférico y hay pronóstico de Mariano para varios años. Se denomina el anticiclón de Pontevedra y está fijo sobre la península ibérica hasta la próxima glaciación. Los climatológos no pueden entenderlo, los politólogos tampoco y el primo de Mariano sigue en La Rioja.

Para explicar el éxito evolutivo de Mariano se ha intentado todo, desde la ouija hasta la queimada, aunque tal vez lo más eficaz de todo sea examinarlo desde una perspectiva biológica. Mientras otras especies políticas eligieron la rapidez, la brillantez, la agresividad o la astucia, Mariano optó por todo lo contrario. Al igual que el perezoso en la selva amazónica, que estira un brazo para alcanzar un plátano y lo coge mañana, Mariano también ha hecho de la parsimonia una apuesta existencial y una forma de vida. Hace unos meses apareció en unos videos de campaña con esa peculiar forma suya de desplazarse que él mismo denomina “caminar deprisa”, aunque en realidad, más que desplazarse él, lo que se desplaza son los árboles, los pueblos, el paisaje y los otros candidatos. En los últimos videos veraniegos, entre las fiestas decimonónicas de puesta de largo y las caminatas a cámara lenta, da la impresión de que Mariano hubiera inventado por fin la máquina del tiempo definitiva: el PP, un desacelerador de partículas en el que el progreso va hacia atrás y el pasado hacia delante.

La estrategia del perezoso consiste en no hacer nada, siguiendo a rajatabla el consejo del presidente chileno Ramón Barros Luco, quien dividía los problemas entre los que se arreglan solos y los que no se arreglan de ninguna manera. Cuando debajo, entre el follaje, resplandecen las manchas de un jaguar, el perezoso se está muy quieto hasta que pasa el peligro o el peligro le pasa por encima a él. Mucho más radical en su lentitud, Mariano se está muy quieto hasta que pasa el peligro, pasa el verano, pasa el invierno, pasan los hilillos del Prestige, pasan los cadáveres de sus enemigos, pasan las elecciones, pasan las eras geológicas y pasa cualquier otra cosa, excepto la cuenta: a Mariano nada le pasa factura.

Lo que sí esta pasando factura es el cambio climático, que en las próximas décadas va a llevarse por delante un montón de especies amenazadas, las primeras de ellas: el oso polar, el lince ibérico, las ballenas, el urogallo y el rinoceronte blanco. Se especula con que el único animal capaz de sobrevivir será el tardígrado, también llamado oso de agua, un diminuto especimen que aguanta la sequía pertinaz, el frío extremo y las radiaciones del espacio cósmico sin inmutarse. Las fotos no acaban de sacarlo bien, parece que lleva un chubasquero y, debajo de él, barba y gafas.