El dinero perdido y encontrado

Muchas cosas pueden decirse de los españoles, excepto que no seamos solidarios. Solidarios, sobre todo, con la banca, a la que hemos rescatado del desastre financiero -entre garantías, avales y aportaciones de capital netas- con la friolera de 56.865 millones de euros. Nos daban mucha pena Catalunya Banc, Novacaixagalicia, Caja Sur, el Banco de Valencia, el CEISS, y más que nada, Bankia, que se ha llevado ella solita casi la mitad del dineral y que andaba mendigando por las calles, sin un bocado que llevarse a la boca. A los españoles se nos encogía el corazón pensando en Rodrigo Rato tirando de tarjeta black en una peluquería a las dos de la mañana.

De esos cincuenta seis mil y pico millones de dinero público, el Banco de España da por oficialmente perdidos 42.590 millones. No tienen ni idea de dónde se han escondido. Algunas entidades han devuelto parte del dinero pero otras más bien no. Es lo que ocurre cuando prestas cifras astronómicas a cajas públicas, que la cosa acaba como esos chistes de Faemino y Cansado donde se encontraban de repente once mil millones de pesetas en el empaste de una muela. Nuevamente se ha dado la vuelta a la tortilla de aquel principio financiero que dice que si le debe un millón a la banca, usted tiene un problema, pero si le debe mil millones, el problema lo tiene la banca. Ahora que la banca le debe a usted 45.290 millones, el problema lo tiene usted.

Cuesta imaginar dónde habrán ido a parar esos cuarenta y cinco mil millones y pico de euros perdidos; da miedo pensar por dónde andarán esos millones, solos, huérfanos, en lugar de estar levantando colegios públicos, reparando hospitales, ayudando a pequeños empresarios hundidos y alimentando a familias desamparadas. Es muy triste todo esto. Menos mal que hay un principio esencial de la Física que asegura que nada se crea ni se destruya, sólo se transforma. Ese pastizal recaudado pacientemente, gota a gota, está ahora en las pensiones de los directivos de la banca, en las cuentas de Suiza, en los yates kilométricos de los nuevos millonarios.

En efecto, según la última estadística del impuesto sobre el patrimonio, publicada el pasado miércoles, el número de supermillonarios con un patrimonio superior a 30 millones de euros ha crecido desde finales de 2012 casi un 24%. Cuando Mariano dice que la economía marcha viento en popa, no se equivoca, aunque se refiere exclusivamente a las grandes fortunas españolas. Parafraseando a Kennedy, no preguntes a los supermillonarios lo que pueden hacer por su país: pregunta mejor lo que su país puede hacer por los supermillonarios. En cuanto a los superpobres, su número también se ha incrementado exponencialmente, mucho más que el de supermillonarios, así que la cosa está equilibrada. Mientras tanto, la deuda pública española obtuvo esta semana un nuevo record histórico de 1.138 billones de euros y se calcula que cada español, rico o pobre, debe ya unos 24.500 euros. Que en mitad de una crisis galopante los potentados sigan proliferando como conejos dice mucho de la capacidad de adaptación de esta subespecie humana y no digamos de la capacidad de aguante de la restante.