Artur Mas en modo Lola Flores

Hay una pregunta muy catalana que viene a expresar la desconfianza ante un derroche excesivo cuyo sentido no está muy claro: “Y esto ¿quién lo paga?” Digo catalana porque fue un catalán de pura cepa, Josep Pla, quien la dijo en voz alta, en 1954, al descubrir el despilfarro lumínico de Nueva York en plena noche. La pregunta hizo fortuna y mucha gente la ha repetido en diversos contextos: el propio Pla en diversas francachelas literarias, muchos españoles al contemplar la vidorra que se pega el rey emérito entre yates y princesas, y otros muchos españoles tras facturar la millonada con que se remendó el desastre financiero de las cajas de ahorros. El Tribunal de Cuentas (que se ocupa únicamente de algunas cuentas pendientes, porque tampoco se puede estar en todo) ha cifrado en 5,2 millones de euros la multa que Artur Mas deberá pagar por los gastos ocasionados durante la consulta del 9-N. Pla, que tronó contra el independentismo catalán con una advertencia muy textil (“El catalanismo no se puede desvincular de España; Cataluña fabrica muchos calzoncillos pero no tiene tantos culos”), hubiera estado muy de acuerdo.

En su momento, mientras se acercaba la fecha fatídica en noviembre del 2014, Mas fue rebajando el tono reivindicativo de la consulta hasta dejarla convertida en una especie de verbena: “Yo el 9-N quiero hacer algo significativo y que la gente pueda participar votando”. Ahora, después del varapalo judicial, ese carácter folklórico se ha acentuado al reclamar Artur Mas la contribución popular en el pago de la multa, al estilo de Lola Flores en 1989, cuando pidió a la ciudadanía que le ayudara a pagar su deuda millonaria con Hacienda. “Si una peseta diera cada español” dijo Lola en televisión, con lágrimas en los ojos, “pero no a mí, a donde tienen que darla, quizá saldría de la deuda y después yo me iría al estadio, con todos los que han dado esa peseta o esas cien pesetas para tomarme una copa con ellos y llorar de alegría”. Por supuesto, Artur Mas no ha pedido que apoquinen todos los españoles, ni siquiera todos los catalanes, sino únicamente aquellos 2,3 millones que participaron el 9-N.

De momento, las entidades independentistas han recaudado cerca de dos millones de euros para hacer frente a la fianza, una lección de generosidad que deja a la altura del betún a los fanáticos de la copla española y fuera de lugar a los catalanes en las competiciones virtuales de tacañería contra escoceses y judíos. “No tiene sentido que nueve lo perdamos todo” ha dicho Mas al tiempo que pedía a los voluntarios de la colecta otro pequeño esfuerzo. Así, rascando un poco más en los bolsillos, lo mismo hasta podían rellenar de paso el agujero sin fondo del tres por ciento. Lo verdaderamente extraño es que Mas haya recurrido a la inventora del crowdfunding, una figura hispánica por los cuatro costados, para hacer su llamamiento a la solidaridad. Lo siguiente será lanzar un mensaje a todos los españoles también en modo Lola Flores: “Si me queréis, irsen“.