Puigdemont Skywalker

Entre otras excitantes coincidencias, Carles Puigdemont y Mark Hamill se parecen en que son actores de un solo papel, uno para el que probablemente no estaban preparados. Pero el papel se les presentó un día de repente con la fuerza irresistible del azar para lanzarlos al estrellato. Después ambos fueron absorbidos por la fama hacia sendos agujeros negros hasta que acabaron estrellados en universos paralelos. A Hamill, en el rol de Luke Skywalker, lo llevó a una galaxia muy lejana, y a Puigdemont, en el rol de líder intempestivo, a Bruselas, que está casi a la misma distancia. De ídolo juvenil, Hamill desembocó en el exigente mundo del doblaje de videojuegos, un oficio donde Puigdemont ya tiene sobrada experiencia como presidente suplente.

Tal vez fuese a causa de una perturbación en la Fuerza pero este domingo, al leer las declaraciones de Mark Hamill sobre su regreso a la gran pantalla en el culebrón galáctico de Star Wars, me parecía estar oyendo la voz de Puigdemont en subtítulos. Al fin y al cabo, Hamill ha doblado ya tantos personajes que lo mismo daba uno más: “Acepté volver porque, de otra forma, habría sido el hombre más odiado del universo friki. Habrían ido a la puerta de mi casa con antorchas y tridentes como Frankenstein en el molino. Y yo soy el mayor de los frikis“.

Ahora Puigdemont se pasea por la Forêt de Soignes, en los alrededores de Bruselas, evocando el exilio de Luke Skywalker por el planeta Dabogah en busca de paz interior, enseñanzas espirituales y clases de esgrima; en cuanto se tropiece con Pujol saliendo de detrás de un chopo, como Yoda en su masía, las semejanzas caerán directamente en el plagio. “La independencia difícil es, joven padawan“. En efecto, entre los señoritos de Junts per Catalunya, los desharrapados de la CUP y los desencorbatados de ERC, el bloque independentista empieza a tomar visos de una taberna galáctica donde se hubieran atrincherado unos cuantos marcianos verdes y azules de la Alianza Rebelde. De ésos que ven pasar a Albiol y lo llaman “bicho raro”, y con razón, porque a Albiol lo normal sería verlo con la armadura de Darth Vader, respirando con el duodeno y estrangulando lacras étnicas con la mente.

La independencia catalana, como la saga de Star Wars, cuenta hasta la fecha con un largo e intrincado rosario de episodios que van de la repúbica a la monarquía, así como un ingente guirigay de héroes y secundarios donde destaca Oriol Chewbacca, prisionero en una helada prisión del planeta Hoth junto a otro montón de camaradas. Esta semana han venido a sumarse a ellos doce raperos por hacerle la competencia al androide de protocolo Albert Rivera, que se ha decidido por el rap para intentar bailar una sardana. Ambos, independentistas y raperos, engrosarán las prestigiosas filas de presos no políticos en España, un cargo bastante difícil de explicar en términos jurídicos, puesto que, si fuese por saltarse la ley -digamos por cohecho-, un montón de cargos electos del PP deberían haber precedido a los independentistas catalanes, y si fuese únicamente por cantar mal hace años que Alaska, Mario Vaquerizo y Loquillo deberían estar entre rejas. La libertad de expresión en España se ha ampliado hasta el punto de que unos cuantos miles de catalanes han tenido que ir a ejercerla a Bélgica. “No lo intentes” aconsejaba Yoda al joven Luke. “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”. Se encuentre o no se encuentre con Yoda en Bruselas, Puigdemont ya debería haberse enterado de que aquí lo que gobierna es la Fuerza. Bruta, mayormente.