Opinion · Punto de Fisión

Croquetas comparadas

La policía está investigando el menú navideño que padecieron los policías desplazados a Barcelona y la hostia que le propinó un policía a una señora en una calle de Valencia. Cuando la policía se pone a investigar a la policía se denomina asuntos internos, excepto en Barcelona, donde podrían ser externos, y en Valencia, donde suelen ser esotéricos. No debe asustarnos la casualidad de que ambas investigaciones se estén produciendo al mismo tiempo, ya que la policía tiene recursos, personal y experiencia suficiente para diferenciar ambos temas sin que uno influya en el otro. Tienen un departamento especializado en raperos, otro en titiriteros, otro en catalanes que van a votar y otro en políticos catalanes que se saltan la ley, con lo que queda cubierto un amplio espectro de delincuentes. Es verdad que todavía andan un poco flojos en cuanto a empresarios mangantes, políticos españoles corruptos, cuñados del rey y Rodrigo Rato, pero eso tampoco es cosa suya sino de la justicia, que es para echarle de comer aparte.

La gastronomía comparada es el nuevo descubrimiento del periodismo patrio que, en estas horas bajas de Venezuela y Echenique, ha tenido que echar mano de Masterchef para aspirar a un Pulitzer. Gracias a esta labor reporteril hemos sabido que en Nochebuena la Manada disfrutó de espárragos, langostinos y pollo picantón; Igor el Ruso de sopa marinera y carrillera al horno; y Junqueras de consomé, entrecot y profitelores. Mientras tanto, los agentes alojados en el buque Rhapsody tenían que conformarse con un triste plato de espagheti aliñado con un mejillón viudo, cuatro croquetas y un trozo de bacalao en libertad condicional. Aparte de las fotos, que daban grima, estuvieron a punto de hacer un homenaje a Chiquito de la Calzada en aquel chiste en que unos niños se quejaban a su padre: “Papar, papar, tenemos hambre, dános algo de comer, tenemos la dentadura perfecta, no pasa nada por aquí”.

No puede decir lo mismo la señora que sufrió una agresión bestial de un policía en una calle de Valencia por atreverse a levantar la voz y el vocabulario. El bofetón no sólo la tiró al suelo sino que estuvo más o menos sincronizado con ese fragmento del discurso del rey Felipe VI en donde intentaba concienciar sobre la violencia de género. Dicho y hecho. La hostia vino certificada, envuelta en la bandera de España, más que nada para darle carácter oficial, como todos y cada uno de los porrazos que se llevaron los catalanes por ir a votar cuando no toca y los madrileños por ir a protestar frente al Congreso. Pero la policía -ya lo advertimos- ha puesto en marcha una investigación para que este delito no quede impune y en breve conoceremos al autor del video que se atrevió a grabar a un agente del orden poniendo orden a mano alzada.

Así mismo, esperamos con no poca expectación los reportajes sobre la cena de Nochevieja en los principales centros neurálgicos del país. Por eso mismo, en tan señaladas fechas yo suelo exiliarme al extranjero; el año pasado me pilló en Roma, en una trattoria al estilo Fellini donde me sorprendieron a traición con una bestialidad local llamada “il cenone“. El local estaba atiborrado de gente hasta tal punto que parecía que la comida flotaba. Creíamos que eran tres platos a elegir pero qué va, eran doce o catorce, y cuando quisimos dimitir el camarero se puso serio y nos dijo que había que comérselo todo. Empezamos a las diez de la noche y al tocar las campanadas no nos quedó más remedio que regar las uvas con salsa de tomate. Salimos de allí antes de que el cochinillo nos rematara, porque de otra manera hubiéramos brindado por el Año Nuevo en febrero. Del menú navideño de la Casa Real, de momento, no se ha publicado nada, aunque en los presupuestos generales del Estado hay apartados 760.000 euros para que a esa familia no les falte de nada. No sé yo si les va a llegar para “il cenone“.