V de investidura

David Torres

La concentración independista de ayer martes frente al Parlament de Catalunya copiaba la escena del asalto a una plaza de Londres por parte de una multitud pacífica en la película V de Vendetta. Ataviada con máscaras de Puigdemont, del mismo modo que los londinenses llevaban la careta del revolucionario V, finalmente la manifestación terminó por disolverse, porque la realidad imita al arte, pero no al pie de la letra. El problema es que Puigdemont podría haber aprovechado para entrar en Barcelona disfrazado de Puigdemont, cuando todo el mundo lo esperaba disfrazado de Wally, de Pocoyó, de Gurb metamorfoseado en Marta Sánchez, de Dalí disecado o de Tarradellas resurrrecto. La realidad imita al arte pero a veces se le va la mano.

En efecto, durante el fin de semana muchos periodistas se pusieron a imitar sutilmente a los analistas de la CIA y empezaron a imaginar procedimientos por los que el president pudiera colarse de rondón para colarle un gol al gobierno. La policía y la Guardia Civil no iban a dar abasto. Se especuló con que podía lanzarse en paracaídas sobre la Sagrada Familia, ocultarse en la bodega de un barco o tal vez doblarse en la rueda de repuesto de un camión. Puigdemont podía llegar haciendo surfing desde Marsella, por correo en un paquete certificado o cavando un túnel bajo los Pirineos. Podían lanzarlo en plan hombre-bala desde la frontera para que aterrizase exactamente sobre una carpa gigantesca pintada con la estelada. De hecho, los Mossos llegaron a registrar el maletero del taxi en que Xavier Domenech acudió a su cita al Parlament por si a Puigdemont venía en el interior, pero no encontraron ni un triste peluquín.

Estos ejercicios de faquirismo desenfrenado no pasaron por alto la posibilidad de que Puigdemont se descompusiera en partículas y se trasladase gracias a una impresora 3D, lo mismo que una comida o una ametralladora, ya que los independentistas no tendrían mayores problemas en recomponerlo siguiendo las instrucciones de montaje. Hubo quien sugirió que mejor era cortar la wifi en todo el territorio catalán para evitar que descargasen a Puigdemont a través de la red, que por algo el president del Parlament se apellida Torrent, aunque lo más probable es que lo bajasen por eMule. Al final la desconexión con el estado se ha revelado un arma de dos filos.

La literatura de anticipación, siempre profetizando los acontecimientos, llegó al extremo de solicitar la impugnación de la investidura antes de que la investidura hubiera tenido lugar. El Tribunal Constitucional debatió a fondo los trámites para suspender el acto de investidura en caso de que el candidato estuviera ausente, así como los trámites para suspender el acto de investidura en caso de que estuviera presente. Este exceso de celo no tuvo en cuenta que Puigdemont, como el gato de Schördinger, podía estar y no estar a la vez, al estilo de la república independiente cuántica, que duró ocho segundos, o de la ley en España, que se cumple según.